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En DC también se goza y se sufre con el Mundial


Los bares quieren un pedacito del pastel de las ganancias que genera el “jogo bonito”.

Olga Imbaquingo | 6/26/2018, 11:16 p.m.
En DC también se goza y se sufre con el Mundial
Emociones. En el bar Airedale, la fanaticada gozó y sufrió cuando se enfrentaron España y Portugal. | Olga Imbaquingo

Un balón está subyugando al mundo y, hasta que no se invente otro deporte de masas, no hay nada mejor para reemplazar a su majestad: el fútbol. Hasta el 15 de julio desde México, pasando por Rusia -donde se está celebrando el Mundial-, hasta Argentina se paraliza la respiración, se ríe, se llora y desde alguna esquina revienta como un trueno frenético el grito de “¡goooooool!”.

Casi no hay país en el mundo que no se rinda a sus pies, porque como el escritor uruguayo Eduardo Galeano decía: “el fútbol es la única religión que no tiene ateos”. Estados Unidos era uno de esos que miraba con desdén el ir y venir del balón y a estrellas como Pelé, Maradona o Beckenbauer, pero eso es tiempo pretérito.

El proceso de “adoctrinamiento” ha sido lento, pero constante. Para ver los resultados no hay que ir tan lejos, en Georgetown, Chinatown o Columbia Heights, en Washington, DC, las banderas de las selecciones mundialistas ondean al viento desde las ventanas de los bares. Es la señal para los hinchas de que adentro hay pantallas de televisión trasmitiendo los partidos, que hay cerveza, cocteles, alitas de pollo o papas fritas.

Hasta esos bares llegaron los enamorados del balón esperando milagros de pantorrillas de Cristiano Ronaldo (Portugal) y Diego Costa (España), durante la fase de grupos.

Ante la ausencia de Estados Unidos en este Mundial, muchos hinchas van por alguno de los equipos europeos o por México, Argentina y Brasil. “Así al menos el campeonato se queda en este lado”, dijo John Helwig, quien acompañado de un vaso de cerveza buscó su puesto en el bar El Airedale, en Columbia Heights. Este bar, en Google, aparece entre los siete mejores para ver el Mundial en DC.

Para su dueño, Ben Jordan, el Mundial es como una “navidad” para los negocios (bares, bebidas, camisetas, publicidad… la lista es interminable) y para la hinchada, que cada cuatro años entra en estado de paroxismo emocional. “Todos queremos un pedacito del pastel de lo que genera el fútbol. En mi caso he contratado más personal, todos trabajamos horas extras, abrimos tres horas antes y nos aprovisionamos de bebidas y alimentos. Aquí, el Mundial es más popular que las Olimpiadas”, dijo Jordan. Las cifras empiezan a hablar por sí solas: en el 2011, la Soccer United Marketing, el brazo comercial de la Federación Americana de Fútbol, se cotizaba en 600 millones de dólares, para el 2017 ya superaba los $2.000 millones.

En The Airedale, el primer viernes de este Mundial, a las 11 de la mañana, cinco clientes apenas prestaban atención al partido entre Marruecos e Irán. Tres horas más tarde el ambiente era otro: unas 180 personas, se repartían en los dos pisos del bar y entre sorbos de cerveza se entregaron al fervor de los goles. Jordan, un fanático del Chelsea de Inglaterra, solo lamenta que Estados Unidos esté fuera, de estarlo habría sido la “rendición” total.

Abriéndose espacio

El fútbol, a fuerza de “jogo bonito”, está abriéndose un espacio entre el béisbol, fútbol americano y el básquetbol. Para un deporte que apenas necesita de un balón le quedan pocas fronteras por conquistar. El “sometimiento” viene desde abajo con incontables clubes infantiles y juveniles. La ciudad incluso tiene a DC United, el equipo local del balompié y su última “capitulación” es un nuevo estadio, exclusivamente para su alteza, el fútbol, con una capacidad para 20.000 personas.