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El sacrificio de una madre peruana

La peruana Angélica Ríos quedó ciega tras un ataque terrorista y hoy es masajista profesional
Angélica Ríos quedó ciega luego de un ataque terrorista en Perú, su país de origen.

Angélica Ríos quedó ciega luego de un ataque terrorista en Perú, su país de origen.

En un moderno local de masajes en Alexandria, Virginia, Angélica Ríos arma paso a paso su camilla de masajes, tiende las sábanas y sujeta a su cintura un frasco de ungüento especial. Prende el sistema de sonido con música de relajación y espera que su cliente se ubique en la camilla. No habría nada de extraordinario en este hecho si es que Angélica pudiera ver.

Ella es invidente, un atentado terrorista hace dos décadas en su natal Perú le quitó la vista y mató a su bebé de apenas un año, cambiando su vida radicalmente.

“Los terroristas habían dejado un coche bomba…Volamos y mi rostro se abrió como una rosa… los vidrios se incrustaron en mis ojos”, recordó durante una entrevista con El Tiempo Latino, en Alexandria. Ella iba en un autobús público cuando la bomba explotó. “Mi bebé murió al instante en mis brazos”, añadió.

Tras comenzar una vida a ciegas, lejos de su país sin saber el idioma y pasar una serie de obstáculos como inmigrante invidente, Angélica Ríos es un ejemplo de superación y asegura que de la mano de Dios todo se puede.

“Creo que si no fuera por Dios y todas las personas que él ha puesto en mi camino, hoy no podría ser lo que soy ni hacer lo que hago”, dijo. “Tengo 360 puntos en mi rostro y varios trasplantes de retina”, añadió.

Un nuevo comienzo

Con ayuda del Gobierno peruano y la esperanza de volver a ver llegó a Estados Unidos en 1992. Sin embargo, el daño había sido irreparable. “Tuve que empezar de nuevo y aprender a vivir como ciega. Era como si recién naciera”, dijo. Su vida ha sido un constante aprendizaje para valerse por sí misma. Y lo ha logrado.

Es tan independiente, que cocina, realiza los quehaceres de casa, va al gimnasio y hasta hace compras.

“Pude obtener asilo político y encontrar las ayudas necesarias para avanzar”, expresó.

Aprendió el brayle (sistema de lectura y escritura táctil para personas ciegas), también el inglés y hasta computación. “Lo más duro fue el inglés. Aprenderlo a ciegas fue un gran reto”, señaló.

Masajista profesional

Hoy, Angélica Ríos trabaja como masajista profesional en la cadena de spas Massage Envy. Sus colegas y jefes la admiran.

“Ella es una fuente de inspiración para nosotros y una buena profesional”, expresó Yary Rodríguez, supervisora en el local Massage Envy en Alexandria.

Hace unas semanas, del 24 al 25 de abril, asistió a una conferencia nacional en Dallas, Texas, realizada por la cadena de masajes, en donde Angélica instó a los asistentes a superar cualquier barrera para lograr sus sueños y convertirse en masajistas profesionales o realizar cualquier trabajo con pasión.

La pasión de Angélica es evidente en su trabajo, tanto que las personas a las que ella les da masajes dicen que la peruana tiene “manos mágicas”.

Un reto logrado

En 2017, a sus 50 años se graduó como masajista, un reto que por momentos pensó era imposible de alcanzar.

“La ceguera me quiso obstaculizar pero no me he dejado.

He logrado una carrera que yo misma ni me la creo”, dijo al señalar que se levantaba todos los días a las 4 de la mañana para asistir a la academia y estudiar hasta la noche. “Me dediqué por completo. No tuve reuniones, ni Acción de Gracias ni navidad porque tenía que estudiar”, manifestó.

En la Escuela de Masajes Ambi, donde pasó largas horas de estudio y práctica, Angélica era el ejemplo vivo de tenacidad y superación.

La instructora de esa escuela, Katherine Dudero, se emocionó al hablar de su estudiante al decir que ella cambió la perspectiva de lo que se define como límites.

“Angélica es una de las personas más valientes que he conocido… Desde el primer día de clases ella fue una inspiración para cada uno de los estudiantes y staff, demostrando que en la vida no hay límites”, dijo Dudero. “Por siete meses ella trabajó, trabajó, y trabajó…. y en días que nadie estaba acá ella se la pasaba estudiando. Angélica rompió con todos los límites”, añadió emocionada.

Más retos

Luego de graduarse de la escuela de masajes, el siguiente reto para Angélica era lograr la licencia del estado que le permitiría ejercer de forma profesional.

“Fue muy difícil. La primera vez no pude aprobar la prueba para la licencia pero en agosto de 2017 lo logré. Fue una gran felicidad y un sueño casi imposible, pero alcanzado”, dijo.

Hace unos meses Angélica pasó a formar parte de la fuerza laboral de los Estados Unidos añadiéndose al millón y medio de invidentes adultos que trabajan en este país.

“Para mí trabajar es devolver a este país todo lo que me ha dado. El ser independiente y contribuir a esta nación es lo mejor”, dijo con una sonrisa la masajista peruana.

El valor de la familia

Sus tres hijos han sido el motor de vida para Angélica: Jimmy, Vannia y especialmente el último de ellos, Benjamín, quien nació después de que ella quedara ciega.

“Después de haber perdido a mi bebé, yo sentía que este hijo, Benjamín, era la luz que me iba a regresar a la vida. Fue difícil cuidarlo sin poder ver… darle de comer, vestirlo o bañarlo eran retos tremendos”, expresó.

Hoy Benjamín tiene 21 años y estudia en la universidad. La segunda de sus hijos vive con ellos y trabaja como maestra de un preescolar.

“Yo pienso que mi mamá realmente es una mujer ejemplar, llena de vida. Es mi héroe. Ella es esa mujer valiente que ahora yo quiero seguir como ejemplo. Mi mamá me ha demostrado que con esfuerzo y dejando todo en las manos de Dios nosotros como seres humanos podemos seguir luchando para alcanzar las metas”, expresó Vannia.

Para Angélica Ríos el cielo es el límite y no hay barrera que le impida alcanzar sus sueños. Su próxima meta es ser instructora de masajes, concluyó mientras se alistaba para volver a su trabajo diario.

CIFRAS

Según información proporcionada por la La Federación Nacional de Ciegos:

  • 7 millones 300 mil adultos no videntes viven en Estados Unidos.
  • 1 millón 174 mil invidentes son hispanos.
  • 297 mil adultos con ceguera viven en Maryland, Washington, DC y Virginia.
  • 1, 5 millones a nivel nacional están en la fuerza laboral