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Alex Cora, la referencia latina del béisbol fuera del campo


Los latinos poco a poco se han abierto paso con su peculiar estilo de ver las cosas

Jonathan Soto | 11/1/2018, 9:03 p.m.
Alex Cora, la referencia latina del béisbol fuera del campo
BEISBOL. Cora, segundo latino en coronarse en la Serie Mundial | EFE

Al empezar la temporada 2018 de las Grandes Ligas, Alex Cora aparecía como el duodécimo manager latino en la historia de la pelota norteamericana, una con más de 100 años en juego y que desnudaba un tema debatido en múltiples ocasiones: las puertas no estaban del todo abiertas para dirigentes de origen que no fuera norteamericano.

No es un tema de odio, vale aclarar. Es habitual que cada país pondere a los suyos, sobre todo en Estados Unidos, donde este deporte es lo suficientemente arraigado para graduar año tras año a nuevos hombres cuya intención es la de dirigir.

Pero los latinos poco a poco se han abierto paso con su peculiar estilo de ver las cosas, aplicadas en su momento como jugadores, para ahora plasmarlas como estrategas.

Este cargo no es fácil de asumir. Expertos y fanáticos coinciden en un caso: sea cual fuere el deporte, convertirse en entrenador es aceptar pasar a ser el punto medio y más débil de una cadena en la que, cuando el fracaso toca la puerta, es más sencillo dar de baja a este que a todos los jugadores a pesar de que son los que deben demostrar que entendieron con detalle cómo debe ejecutarse la planificación, como tampoco rodará la cabeza de algún gerente ni propietario.

Cuando las cosas no salen bien es sencillo apuntar sobre el dirigente, pues es un padre que se ve obligado a quedarse con la derrota de su lado, aunque en el triunfo no todos los titulares lleven su nombre. Es una tarea que no cualquiera puede manejar y que Cora, debutante en 2018 con los Medias Rojas de Boston, bien logró realizar al punto de hacerse con el título de campeón en las mayores.

El antecedente

Luego de dejar en el camino en la última instancia de la zafra a los Dodgers de Los Ángeles, el puertorriqueño se convirtió en apenas en segundo manager latino en coronarse en el clásico de octubre.

Antes, sucedió en 2004 con el venezolano Oswaldo Guillén, año en que su Medias Blancas de Chicago apelaron a la entrega de diversos elementos, jugando con velocidad y una chispa caribeña que elevó a otro nivel la forma en que el juego es visto. Poco ortodoxo para muchos, este listón no solo era alto, también particular, pese a que cada campeón es distinto al resto; sin embargo, en este caso quedaba claro que la manera de sentir el béisbol dista mucho entre personajes de distintas zonas del continente americano.

Si alguien dice que el béisbol es el mismo en cualquier lugar que se celebre, está muy equivocado. No es igual la estrategia y disciplina del pelotero de origen asiático, siempre listo para actuar según lo dicten los códigos de cada conjunto, como lo es el espectáculo y poder que desde Estados Unidos se demuestra en a principal liga del planeta. A su vez, este dista mucho de la picardía con la que el latino sorprende en sus ligar invernales.

Pero si de algo puede presumir el sistema de Grandes Ligas es que ha logrado concentrar parte de la influencia de los extranjeros para hacer de la suya una pelota más completa. Sucede con los jugadores y la manera en que estos sirven de inspiración sobre otros al punto de, a pesar de haber nacido a miles de kilómetros de la ciudad donde juegan, llevan el uniforme con tal éxito que se vuelven hijos adoptivos del lugar.