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Estados Unidos fue la capital del tenis en medio de polémicas sexistas


El tenis ha tropezado en muchas ocasiones, algo de lo que la más reciente edición del torneo logró salvarse

Jonathan Soto | 9/13/2018, 7:32 p.m.
Estados Unidos fue la capital del tenis en medio de polémicas sexistas
ESCENARIO. La arena Arthur Ashe, sede de los principales encuentros del torneo | @USOpen

El US Open es un torneo referente. Más allá de su categoría de Grand Slam, el último Major de la temporada es un ejemplo en la mayoría de sus acciones, donde, por ejemplo, ser campeón se celebra de igual forma para hombres y mujeres en cuanto a su repartición de premios.

Para la de este año, 53 millones de dólares fueron repartidos por igual en sus dos ramas, algo que convierte a la competición estadounidense en una para que organizadores de citas más pequeñas tomen nota y no defrauden en una época en la que igualdad de condiciones debe ser respetada de inicio a fin.

No obstante, el tenis ha tropezado en muchas ocasiones, algo de lo que la más reciente edición del torneo logró salvarse.

La franela de la discordia

El pasado 28 de agosto, en un choque de primera ronda, la francesa Alizé Cornet cometió algo que pudo haber sido una situación netamente anecdótica y graciosas para muchos; en el tercer set de su duelo contra la sueca Johanna Larsson, la gala notó que su franela estaba al revés, lo que la llevó a solucionar el caso.

Cuando se fue al final de la pista, aprovechando la sombra de una inclemente tarde neoyorquina y que llevó a los organizadores a adoptar medidas, se sacó la franela para arreglarla, mostrando debajo un retenedor deportivo habitual para las atletas en estos días; sin embargo, al juez de silla le pareció una acción carente de bases.

Luego de que Cornet lo arreglara, el mandamás del encuentro decidió sancionarla, algo que denunció la jugadora.

“No está bien, no puedes quitarte la camiseta así sin más”, reprochó el juez.

Esas pocas palabras fueron suficientes para traer a la mesa un acalorado debate sobre el sexismo en la disciplina, donde no han sido sorpresivas decisiones que parecían sacadas de viejos manuales en las que el mundo se regía bajo otras normas de carácter social y en las que las mujeres eran fuertemente afectadas.

Pese a la disculpa de la organización, las dos semanas quedaron manchadas por un acto simple, pero que se torció al punto de generar caos en un ambiente privilegiado para el desarrollo del juego. Así, atrás quedó el sentido homenaje de la inauguración a la primera campeona del evento, Virginia Wade, quien se tituló en 1968 sobre la legendaria Billie Jean King, una de las primeras referentes entre las damas y cuyo peso es tal en el deporte blanco norteamericano que el Centro Nacional de Tenis, donde se juega cada año el US Open, lleva su nombre.

El antecedente reciente

Pero lo del último grande del año no fue más que otro episodio para lamentar. Ya a mediados del calendario, la estadounidense Serena Williams revolucionó al presentarse al Roland Garros, segundo Major, con un traje integral que estuvo motivado al cuidado de su cuerpo luego de un riesgoso embarazo y que, según contó meses después de haber dado a luz, puso en riesgo su vida y el de su hija.

Pero poco importó a Bernard Giudicelli, presidente de la Federación Francesa de Tenis, quien fue centro de críticas al exigir a partir del próximo año la prohibición del uso de indumentarias de este tipo, pues, a su juicio, irrespeta la disciplina.

La estadounidense se defendió y comentó que su ropa tenía un “función curativa”, algo que en París poco sirvió para los jerarcas del evento; no obstante, este ejemplo, sumado al de Cornet, marcaron sin duda un antes y un después en un deporte en que la tradición se respeta a rajatabla, pero cuyas acciones ligadas a viejas políticas no hacen más que demostrar que el pasado, aún como escuela para mejorar en el futuro, le falló a sus mujeres.

Hoy el tenis aprende lecciones que debía sumar hace algunas décadas, pero el tropiezo no debe asegurar una caída. Luego de tanta polémica, esto no debería ser más que el llamado de atención para ajustes que inviten a olvidar las comparaciones odiosas sobre los géneros y sus diferencias.