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Lupus, la enfermedad que es como un “lobo dormido” y crece en silencio


La afección puede dañar piel, riñones, pulmones, sistema circulatorio, corazón y cerebro

Enrique Carranza/elsalvador.com | 9/30/2018, 11:15 a.m.
Lupus, la enfermedad que es como un “lobo dormido” y crece en silencio
EL SALVADOR. Glenda Chávez y Claudia de Imery llevaban una vida aparentemente normal, hasta que el lupus las sorprendió y atacó su sistema inmunitario | Foto elsalvador.com

Un sangrado permanente y constantes fiebres aparecieron de un día a otro cuando Claudia María Imery tenía 12 años: fue solo el inicio de la enfermedad que se reproducía por dentro y que atacó posteriormente cerebro, riñones y corazón.

“Uno no se imagen hasta qué grado puede llegar el lupus. Claudia sobrevivió a la enfermedad ocho años, murió a los 20”, dijo con añoro su madre, Claudia Guadalupe de Imery, al comentar que mientras su hija estuvo con vida, el lupus se convirtió en la lucha diaria de la joven y su familia.

El lupus es la enfermedad conocida como “el lobo dormido” porque es un trastorno propio del sistema inmunitario que se reproduce de manera silenciosa y, al desarrollarse, ataca a las células y tejidos sanos por error. Se origina principalmente en las mujeres.

La afección puede dañar muchas partes del cuerpo, entre ellas las articulaciones, piel, riñones, pulmones, sistema circulatorio, corazón y cerebro.

Lupus

Infografía: El Diario de Hoy

Lupus

“Solo había escuchado el nombre de la enfermedad, pero no supe hasta que me tocó a mí”, expresó Glenda Chávez, presidenta de la Fundación de Lupus en El Salvador y paciente diagnosticada con la enfermedad.

A diferencia de Claudia, un temblor que comenzó por la parte izquierda de su cuerpo bastó para que la vida de Glenda se convirtiera en una rueda de la fortuna, pasando por momentos difíciles y otros más desahogados, pero segura de un futuro incierto.

“Llevaba una vida aparentemente normal, fui al médico por un síntoma que no estaba relacionado con la enfermedad, ese año mi diagnóstico era incierto”, dijo con pesadumbre la presidenta de la fundación.

En 2007, Glenda llevaba una vida habitual, ejercía su carrera como periodista, desempeñaba su labor como madre de dos hijos y le gustaba mantener la rutina del ejercicio. Como cualquier otra madre y asalariada, iba afrontando los retos del día a día.

Ese año, el lupus decidió despertar y dio el primer aviso de que algo se desarrolla en su interior, algo mucho más grande de lo que imaginó. Los síntomas fueron imprecisos, empezaron con un leve temblor y luego su condición de salud se complicó a tal grado de no poder caminar.

Los médicos comenzaron a indagar sobre el historial familiar de Glenda, que en muchas ocasiones fue confundido con riesgo de cáncer en el útero o senos.

La presencia del Lupus en su cuerpo nunca se descartó por los doctores; sin embargo, por desconocer de qué se trataba, la paciente no recibió tratamiento por alrededor de tres años.

“Lamentablemente el sistema de Salud a veces no te atiende como debería de ser, entonces una vez se controlaron los síntomas por sí mismos (sin medicamentos), el especialista me dio de alta. Ahora entiendo que no debía ser así porque, aunque el lupus esté en remisión, el paciente necesita recibir tratamiento. Remisión no significa control absoluto de los síntomas”, lamentó con la voz en un hilo.

Luego de los tres años en que Glenda logró estabilizar su condición de salud, la enfermedad decide despertar nuevamente.