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OPINIÓN | La inhabilitación de Juan Guaidó: ¡nada legal surge de un gobierno espurio!


Por Geovanny Vicente Romero | 4/12/2019, 11:44 a.m.
OPINIÓN | La inhabilitación de Juan Guaidó: ¡nada legal surge de un gobierno espurio!
POLÍTICA. Juan Guaidó durante una concentración en Caracas el 10 de abril de 2019 | EFE/Miguel Gutiérrez

Nada legal surge de lo que nació ilegal. Este enfoque de los actos de la Ley, en este caso, de los actos públicos y oficiales, se puede aplicar a la perfección a las actuaciones y decisiones emanadas del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Desde un acercamiento práctico y realista, el actual gobierno de Maduro nació ilegítimo desde antes que se conocieran los resultados de las elecciones de mayo de 2018, pues dicho proceso careció de condiciones mínimas y de garantías electorales para asegurar un proceso transparente que respete la voluntad de la ciudadanía y que pueda ser fortalecido con la presencia de misiones de observación electoral de carácter internacional para garantizar la transparencia, más allá de toda duda razonable. La abstención electoral fue rampante e inequívoca. No se contó con la participación de la principal coalición opositora mientras que el régimen aún mantiene en prisión a líderes claves que le representan un serio desafío a la continuación del régimen si llegasen a participar en un proceso electoral limpio y justo.

Habiendo desglosado las razones por las cuales el régimen de Maduro legalmente murió antes de nacer, vemos que los estudiosos del derecho nos enseñan que de una ilegalidad no puede surgir una legalidad, es decir, que de forma más coloquial se aplica aquella frase que Willie Colón dice en una de sus canciones: “Palo que nace dobla’o, jamás su tronco endereza”, ahora esto lo extrapolamos a los actos públicos. Igualmente, decía el Barón de Montesquieu cuando señaló que “una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa”.

A su manera, Martin Luther King Jr. nos explica cómo la justicia se ve amenazada por la injusticia cuando indica que “la injusticia, en cualquier parte, es una amenaza a la justicia en todas partes”. Este es el caso de Venezuela. En esta semana, hemos visto como Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional (la legítima) y presidente de la República, proclamado con el respaldo del Poder Legislativo, de gran parte de la población venezolana y de gran parte de la comunidad internacional, ha sido inhabilitado para ejercer cargos públicos por un periodo de 15 años y se le sigue un proceso por desacato.

Guaidó viene a formar parte de una larga lista de líderes opositores de Venezuela que han sido sancionados con la inhabilitación o con la prisión. Cuando el gobierno se siente acorralado, recurre a la misma estrategia. Recordemos que el líder opositor Leopoldo López se encuentra en arresto domiciliario cumpliendo casi 14 años de sentencia. María Corina Machado ha integrado esta lista de inhabilitados. El excandidato a la presidencia, Henrique Capriles, tiene 15 años de inhabilitación en sus hombros. El diputado Freddy Guevara, a quien se le quitó su inmunidad parlamentaria. El exalcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma es un fugitivo internacional de la mal llamada justicia venezolana. ¡La lista continúa!

Con Guaidó el régimen ha usado mucho tacto, pues este líder joven se comporta y actúa como presidente, un verdadero acto de valentía en un país que vive una dictadura. Nadie es más valiente que Juan Guaidó. Se proclamó presidente en enero, recibió un secuestro estatal y fue liberado una hora después cuando se dieron cuenta del capital político que ponían en juego. Se le prohibió salir del país y salió hacia el concierto de ayuda humanitaria, se reunió con presidentes como parte de una gira y regresó a Venezuela y nadie lo ha tocado. Digámoslo como es: el régimen pareciera que tiene miedo, Maduro está asustado. Por menos de lo que ha hecho Guaidó, otros se encuentran en prisión. Incluso para Chávez, en el contexto democrático de 1992, era impensable proclamarse presidente y andar libre por las calles de Caracas como hoy lo hace Guaidó. Naturalmente, Chávez fue a prisión. El régimen de Maduro sabe que desde 1999 –salvo la breve pausa de 2002 y cuando perdieron el poder legislativo en 2015–, el chavismo nunca se había sentido tan desafiado, nunca había pensado que una parte muy grande del país piensa diferente y nunca habían llegado a la realidad de que todo apunta a que los días del régimen están contados. En estos días, Elvis Amoroso, quien fue nombrado por la Asamblea Nacional (la exconstituyente) como contralor de la República, anunció la inhabilitación de Guaidó. La nulidad de su acto inicia con la nulidad misma de su Asamblea Nacional que de forma arbitraria dejó sin efecto a la legítima que continúa trabajando. Amoroso es miembro de un gobierno usurpador sin legitimidad ante su pueblo y ante el mundo. En cambio, Guaidó preside el único Poder del Estado que sobrevive al cáncer de la usurpación, por lo cual se proclamó presidente basándose en los artículos 233 y 333 de la constitución venezolana, tratando de revertir la suerte del pueblo venezolano ante un gobierno desahuciado.