0

El racismo toca la puerta de las Grandes Ligas

El odio aún es dueño de una parte de la personalidad de ciertas personas
ESCENARIO. Los estadios de Grandes Ligas acogen a miles de fanáticos a diario

ESCENARIO. Los estadios de Grandes Ligas acogen a miles de fanáticos a diario

Las tragedias que empañan a la sociedad alcanzan rincones insospechados. En la solidaridad está el principal soporte social; sin embargo, hay episodios en los que las malas intenciones no cesan pese a que la gran mayoría, afectados incluidos, piden dar punto final a los percances que en la actualidad marcan a un determinado territorio.

El 3 de agosto, Estados Unidos fue noticia en el peor plan posible. Un hombre armado ingresó en una sucursal del gigante comercial Walmart ubicado en El Paso, Texas, y acabó con la vida de 22 personas. Su intención parecía clara, algo que confirmó días después: matar a la mayor cantidad de ciudadanos mexicanos posibles.

La zona cuenta con gran cantidad de habitantes de origen azteca por tratarse de una región cercana al país vecino. Incluso, el ataque dejó a ocho víctimas de ese territorio. Nada se justifica en el caso, absolutamente nada, por lo que el rechazo a tales acciones llegó pronto. Protagonistas directos e indirectos, residentes del área, latinos y demás, cargaron contra el asesino y sus intenciones. No hay espacio para la exclusión.

Sin embargo, el odio aún es dueño de una parte de la personalidad de ciertas personas, y el deporte no es espacio ajeno.

El mal momento

El racismo es un delito, al igual que la xenofobia, más aun cuando se traduce en actos de público rechazo contra inocentes. Eso sucedió tras la tragedia en El Paso cuando un hombre no escondió su descontento contra una familia de origen latino en el Global Life Park, de Arlington, casa de los Rangers de Texas, el pasado 4 de agosto.

Aquel domingo, Jessica Romero y su familia asistió para apoyar al conjunto de casa; no obstante, el resultado dio igual, lo que más dolió ese día fue el desprecio de un ciudadano local.

En medio del disfrute de la familia, el grupo decidió tomarse una foto, imagen que dio la vuelta al mundo en redes sociales y páginas especializadas en deportes al ver un gesto obsceno por parte del hombre, quien mostró el dedo medio al aparecer una fila arriba de la mencionada familia.

Pero esa no fue la única acción. Romero señaló a través de su cuenta de Facebook, publicación que posteriormente borró, lo ocurrido aquella tarde.

"En cada juego Munch (su esposo) toma una foto cuando llegamos a nuestros lugares. Mientras iba a tomar la foto escucho cómo el hombre dice 'déjenme ver cómo puedo echarles a perder la foto', sin darme cuenta de que nos estaba hablando a nosotros hasta que vi la foto", compartió.

Además del episodio de la fotografía, aseguró que en el segundo inning el hombre expresó su desagrado largo rato porque no solo estos estaban cerca de él; al parecer, otra familia hispana se sentó par de filas por encima de la suya, algo que generó un significativo malestar en la tribuna.

En medio de sus quejas sin mayor base, señaló que el presidente Donald Trump debía tener prisa en su intento por construir un muro en la frontera con México. La familia no aguantó tanto desagrado y decidió abandonar el escenario en el quinto capítulo.

La disculpa

El hecho hizo el ruido suficiente para legar a los oídos de los dirigentes de los Rangers, quienes no dudaron en pronunciarse a favor de la familia latina tras el mal momento vivido en aquel choque, donde el espectáculo del béisbol quedó opacado por la idea vacía de un hombre que no encontró la sensatez para quejarse de una sociedad fiel al país que los recibió.

Cuando se conoció el hecho, la organización contactó a los Romero, a quienes aseguró que cuando lo desearan podrían ir en calidad de invitados especiales a un juego de la franquicia.

A través de Twitter indicaron que harán “del próximo viaje de la familia al Global Life Park una experiencia memorable y agradable”.

Asimismo, informaron que dicho fanático, cuya identidad no fue revelada, sería vetado de por vida del estadio. “No existe espacio para esas conductas”, indicó el equipo.

Los antecedentes vacíos

Los fantasmas del racismo habían sido espantados hace rato desde hace mucho tiempo atrás en el mundo béisbol. La integración solo convirtió a la disciplina en una enorme fiesta que no dio espacio a malos pensamientos entre los propietarios, gerentes, dirigentes y fanáticos del deporte. Todo era algarabía.

El caso más emblemático data de 1947, cuando las Grandes Ligas vio a Jackie Robinson hacer historia. En el mencionado calendario, el jugador de los Dodgers de Brooklyn se convirtió en el primer hombre afroamericano en ver acción como profesional en las mayores, un hito que convirtió en leyenda al popular elemento que hoy reposa en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Su andar por aquella campaña quedó marcado por actos despreciables del ser humano. Los insultos eran poco comparados con otros elementos que lo hicieron objeto de todo tipo de improperios. En ocasiones, Robinson recibió incluso cartas en las que era amenazado de muerte por el simple hecho de hacer lo que amaba: jugar al béisbol.

Pero el juego también lo hacía víctima. El pelotero no contaba con el visto bueno de rivales, muchos de ellos haciendo las labores de la manera más desleal posible. Según registros en los libros de historia relacionados con las grandes Ligas, se conoció que no fueron pocos los receptores que escupían sus zapatos mientras este se encontraba en el cajón de bateo. Por su parte, hubo una gran cantidad de lanzadores que atentaron contra su físico lanzando la bola directamente a su humanidad.

El andar de Robinson fue traumático en su primer año. Fanáticos arrojaban gatos negros al campo, lo que obligaba a detener las acciones, mientras que desde el terreno se contaron historias de conjuntos que se negaron a jugar porque enfrente había un afroamericano talentoso, pero quien no debía, según ellos, compartir espacio porque era “diferente” a los demás. El odio de aquellos tiempos solo hizo fuerte a su protagonista.

Las labores correctas lo convirtieron en toda una pieza ejemplar, al punto de hacerse con el premio a Novato del Año.

En años recientes, súper estrellas como Adam Jones, y los retirados Pedro Martínez y David Ortiz, denunciaron gritos fuera de lugar que nada tenían que ver con el juego. Los hechos cargados de tanto racismo fueron cosa pequeña ante la admiración que jugadores de esta talla despiertan, por lo que quedaron como simples hechos aislados en el terreno de juego.

Aun así, las organizaciones se han desligado de esta serie de hechos y se han puesto del lado correcto de la historia, defendiendo de inicio a fin a sus atletas, lo que ponen en alto el espectáculo sin importar el origen, color o idioma que profesan.