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Psicosis post parto: real, rara y peligrosa


April Dembosky | KQED y KHN | 2/6/2019, 8:54 p.m.
Psicosis post parto: real, rara y peligrosa
Lisa Abramson sostiene a su hija recién nacida, Lucy, en 2014. Abramson comenzó a sentirse confundida y a tener alucinaciones, ambos síntomas de la psicosis post parto. | Cortesía de Claire Mulkey

Incluso después de todo lo que pasó, los helicópteros que rodearon su casa, los francotiradores en el techo y el traslado a la cárcel, Lisa Abramson todavía quiso tener un segundo hijo.

Tal vez porque cuando nació su hija, en 2014 —antes que comenzaran los problemas— todo parecía increíble. Fue tal cual Abramson lo imaginó: miraría los ojos redondos y alertas de su bebé y sentiría correr la adrenalina por su cuerpo.

Incluso no entendía porque otras mamás se quejaban de cansancio. “Yo puedo con esto", contó que pensaba.

Abramson quería ser la mamá perfecta. Ella y su esposo vivían en San Francisco, y había trabajado como una exitosa empresaria y ejecutiva de marketing para una compañía de tecnología de Silicon Valley. Estaba organizada y lista para formar una familia. Y esa primera semana después que naciera su bebé, todo iba a ser tal cual lo planeado. El mundo no iba a ser más que amor.

Pero fue entonces cuando la beba comenzó a perder peso y el pediatra le dijo a Abramson que debía alimentarla cada dos horas. En ese punto comenzó a sentir que no podía mantener ese ritmo.

"Me eché la culpa y pensé: 'fracasé como madre. No puedo alimentar a mi hija'. Necesitaba alimentarla, eso era lo más importante. Y mi bienestar no importaba", recordó.

Comenzó a dormir poco. Incluso cuando podía librarse de lo que parecía ser el purgatorio de la lactancia, no podía relajarse. A medida que se sentía más agotada, comenzó a tener períodos de confusión.

Abramson pensó que tomar una clase de spinning la ayudaría, le encantaba esa rutina. Pero después de 10 minutos, salió corriendo del gimnasio.

"Los ruidos y el volumen intenso de la clase me alarmaron", recordó Abramson. "Sentía como si las paredes me estuvieran hablando".

Cuando regresó a su casa, vio helicópteros de la policía que giraban en círculos sobre su apartamento. "Había francotiradores en el techo", recordó haber pensado, "y cámaras espías en nuestra habitación, y todos me miraban. Y mi celular me estaba enviando mensajes extraños".

Abramson esperó a que la policía irrumpiera y se la llevara. Pero a la mañana siguiente, se despertó en su propia cama.

Recuerda haber pensado que la policía debía haber arrestado a la niñera y que estaba mal, que la niñera no debería ser castigada por su crimen.

Abramson le dijo a su esposo que no era justo. Y que iba a saltar del puente Golden Gate. Fue entonces cuando su esposo le dijo que él mismo la iba a llevar a la estación de policía.

David Abramson recuerda ese día como uno de los peores de su vida.

La mamá no fue a la cárcel, sino a un pabellón psiquiátrico.

Después de todo, no había ocurrido ningún crimen, ni hubo francotiradores o cámaras. La niñera no había sido arrestada, y el destino de Lisa Abramson ese día no era una celda, sino la sala de psiquiatría general del Centro Médico California Pacific de Sutter Health, en San Francisco.