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Editorial: Rehenes de la terquedad


Ana Julia Jatar | 1/18/2019, 9:13 a.m.
Editorial: Rehenes de la terquedad
MARCHA. El líder de los demócratas en el Senado, Chuck Schumer (C), participa en una marcha que pide la reapertura del gobierno federal durante la 26 jornada del cierre parcial de Gobierno en el Capitolio de Washington DC el 16 de enero de 2019. | EFE/Shawn Thew

No sabemos cuántos de nuestros lectores se encuentran en este momento sin cobrar sus sueldos como consecuencia del cierre parcial del Gobierno que ya alcanza hoy las 4 semanas. Ni tampoco sabemos cuántos se encuentran sin sus “food stamps” o sin otros servicios públicos. A todos ellos y al resto de las victimas de este gobierno disfuncional les queremos dedicar este editorial y nuestra solidaridad. Para el momento de escribir estas líneas, los empleados federales habrían dejado de ganar en promedio mas de $5 mil per cápita, según cálculos del New York Times. Esto representa alrededor de $200 millones por día en salarios que dejan de entrar a la economía. Al cumplirse 28 días del “Shut Down”, esto implica que alrededor de 5 mil 600 millones de dólares que deberían haberse traducido en consumo y ahorro, no lo hicieron, con consecuencias negativas para ellos y muchas otras personas.

La Administración Trump, en su corta vida ya ha batido varios récords en materia de cierres de gobierno. Desde el pasado sábado 12 de enero, este tercer cierre parcial en un año se ha convertido en el más largo de la historia de Estados Unidos. Ha superado el récord de 21 días de diciembre de 1995 a enero de 1996 de la Administración Clinton cuando el Congreso dominado por el partido Republicano quiso cambiar las metas de déficit fiscal. Hay que destacar que la extensión de los días del actual cierre tiene un impacto sin precedentes en el bienestar de los empleados públicos afectados. Según encuestas realizadas, la gran mayoría solo cuenta con ahorros para cubrir un mes de sus gastos. A pesar de esto, el Presidente se mantiene en su posición de vetar el presupuesto a menos que haya financiamiento para el muro que desea construir. Los Demócratas han propuesto aprobar el resto del presupuesto, abrir el gobierno y discutir la política de seguridad fronteriza. Pero esta propuesta ha encontrado oídos sordos en el presidente.

La crisis actual comenzó luego de que Trump se negara a firmar el presupuesto a menos que incluyera una partida de $5 mil 700 millones para el financiamiento de un muro en la frontera con México. Valga recalcar, que en ese momento los republicanos ejercían el control de ambas cámaras del congreso. Sin embargo, Trump decidió cerrar el gobierno y culpar a los Demócratas de ello, a pesar de haber dicho lo contrario frente a las cámaras. Los Demócratas por su parte se han opuesto desde el principio a esta idea pues consideran que va en contra de los valores esenciales del país y porque consideran que no soluciona el problema de seguridad fronteriza.

Para entender la causa profunda de este impasse y la forma como Trump quiere jugar sus cartas, es importante comparar lo que está haciendo con respecto a lo que pudo haber hecho y no hizo. En un escenario alternativo, Trump hubiese pedido a los demócratas que aprueben el financiamiento del muro y estos le hubiesen pedido algo a cambio, como por ejemplo, regularizar la situación de los “Dreamers”. Pero Trump quiere ganar sin dar nada a cambio. Por ello, prefiere el escenario actual: el muro a cambio de dejarle de hacer daño a los empleados públicos y a los usuarios de servicios públicos. Por ello ha dicho que no le importa que el “shutdown” dure meses o hasta años. En otras palabras, está tratando de convertir su gran capacidad de soportar el dolor ajeno en una ventaja estratégica en este juego. Piensa que a los demócratas se les va a romper el corazón antes que a él. Pero en ese proceso, quizás sean los senadores y representantes republicanos los que abandonen a su Presidente cuando sientan empatía por los empleados públicos.

Más allá de lo que pase con el muro, es importante que este impasse no termine con una victoria basada en usar de rehenes a empleados públicos y usuarios de servicios del Estado. Si Trump se sale con la suya, volverá a usar esta estrategia nuevamente. Es posible que él tenga menos empatía con el dolor ajeno, pero sería una catástrofe para el país que este defecto se convierta en un arma política.