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Brasil no le falló a la historia en la Copa América

En el scratch no hay favoritos, solo 11 tipos que buscan darle nuevas estrellas el escudo nacional
CAMPEONES. Brasil se coronó en el Maracaná

CAMPEONES. Brasil se coronó en el Maracaná

Brasil retomó las mejores sensaciones. El 7 de julio, el mítico estadio Maracaná vio a los suyos imponerse 3-1 a Perú y consagrarse en la Copa América 2019, sumando así su noveno título continental y dejando claro el manifiesto de que el fútbol amazónico está más vivo que nunca ahora de la mano de Tite.

Everton y Gabriel Jesús marcaron en la primera parte, etapa de juego en la que el combinado inca logró sacudirse los nervios de la final igualando momentáneamente las acciones por intermedio de Paolo Guerrero, quien agitó las redes desde el punto penal.

En el complemento, poco antes del pitazo final, Richarlison, también de pena máxima, sentenció el compromiso.

Un cuadro compacto

Brasil despertaba dudas sensatas con la lesión de Neymar. Este grupo no es el de otrora, aquel que malacostumbró a los fanáticos de la disciplina con varias estrellas en u mismo camerino. La canarinha llegó a lucir invencible; no obstante, estos tiempos son otros y el Jogo Bonito quedó atrás para dar paso a una dinámica efectiva y vertical.

No importa si n tiene el balón, Brasil sabe cómo robarlo y contragolpear.

Más que cargar con mucho pelo el bolso de un solo elemento, la distribución de responsabilidades es menester en la filosofía de Tite, a quien se le dio el voto de confianza tras la caída en cuartos de final del Mundial Rusia 2018, y no defraudó.

Todos atacan y todos defienden. En el scratch no hay favoritos, solo 11 tipos que tienen un objetivo común, que su país sume nuevas estrellas a su escudo.

La suerte del local

Jugar la Copa América en casa trae consigo las responsabilidades conocidas de hacer las cosas bien desde el ámbito deportivo, pero también como anfitrión, mostrando la casa limpia y con todas las comodidades para el desenvolvimiento del evento.

Pero esos deberes bien saben traducirse en la región como un plus, con los organizadores como los grandes favoritos para coronarse.

En Brasil no hubo excepciones, manteniendo a tope aquello de que cuando el país amazónico es sede, alza el trofeo. En su quinta oportunidad como local, la canarinha no falló y puso la balanza del lado de los que sirven como países que albergan la cita de selecciones más antigua en la historia de la disciplina.

Aunque se han celebrado 46 ediciones del campeonato, 43 han contado con sede fija, con 22 títulos quedando en casa.

Uruguay, líder histórico del torneo, ha obtenido siete de sus 15 trofeos en su patio, seguido por Argentina, con seis de sus 13 en sus límites.

Chile, Bolivia, Perú y Colombia, han hecho lo propio, aunque cada una de estas coronándose solo una ocasión frente a su público.

Pensar en el futuro

El fin de la copa da paso a la siguiente etapa en la región: las eliminatorias rumbo al Mundial Catar 2022.

De entrada es sencillo asumir que Brasil parte como uno de los fijos a obtener el boleto a la cita, una que verá nuevamente a 32 selecciones en la fase de grupos y no a las 48 que fueron propuestas en su momento en el seno de la FIFA.

Pero de ahí en adelante la competencia se hace justo y el embudo podría ver atorarse a varios países que antes lucían cómodos para avanzar al prestigioso torneo.

La situación de Argentina y Chile, con más preguntas que respuestas, avizora un panorama oscuro para dos gigantes suramericanos.

Uruguay, pese a su derrota prematura en Brasil, es otro de aquellos grupos que tiene altas opciones de clasificar dado su sistema exitoso. Perú, por su parte, apunta a esto, algo que podría consolidarse en caso de que el seleccionador del combinado inca, Ricardo Gareca, siga al frente.

Entre dudas y sensaciones positivas en la copa, Venezuela y Paraguay buscarán dar ese paso extra que les permita instalarse en territorio catarí.

Mientras, el caso de Colombia, con una excelente fase de grupos pero posterior caída en cuartos de final, se hace sentir como el tema de mayor análisis, pues en su potencia también está su debilidad, cuestiones de confianza en el colectivo que deberá tratar su manejador, Carlos Quiroz.

La caída del ídolo

El partido por el tercer puesto es ese que nadie quiere jugar, uno lleno de sinsabores tras la amargura aún fresca que deja la derrota en semifinales, pero que en esta Copa América tenía motivos para imprimirle sabor al compromiso.

Argentina y Chile se enfrentaron para revivir viejas disputas, siendo estos protagonistas los que se enfrentaron en las dos últimas finales del torneo.

Para la albiceleste era la necesidad de demostrar que podía hacer grandes cosas pese a no estar en el choque por el título. Los de Lionel Scaloni fueron de menos a más en el campeonato, viéndose apartados por Brasil aun cuando su evolución en la cancha invita a pensar que poco a poco hay más brillo que oscuridad en sus filas.

Mientras, el cuadro austral tenía la obligación de dejar una mejor versión a pesar de no obtener el tricampeonato; sin embargo, sus deberes eran mayores teniendo en cuenta que sus padecimientos los arrastraba desde la eliminatoria rumbo a Rusia 2018, cuando se quedó sorpresivamente en el camino.

Con más condimentos de lo normal, el roce se hizo sentir desde el primer minuto, dando actividad prematura al principal, el árbitro paraguayo Mario Díaz. A la media hora de juego la albiceleste dominaba 2-0 y par de chilenos estaban amonestados; sin embargo, la tormenta apenas comenzaba.

Al minuto 37, los capitanes de cada selección, Gary Medel y Lionel Messi, sostuvieron un encontronazo que empujó con un pequeño empujón del argentino. La reacción de los involucrados fue mantener el pulso y la calentura, lo que llevó al árbitro a expulsar a ambas piezas. Propios y extraños, perplejos, criticaron el hecho, aunque la repetición mostraba claras señales de que la violencia estaba ganando terreno entre ambos.

Una vez finalizado el juego, que ganó Argentina 2-1, Messi arremetió contra el arbitraje, algo que ya había hecho en la semifinal ante Brasil. A su juicio, la Conmebol estaba detrás de todo y confió la actuación del principal, así como el resto de los que vieron acción en la cita, a un plan para ver al cuadro de casa alzar el trofeo.

“No tenemos que ser parte de esta corrupción (…) La Copa está armada para que la gane Brasil”, dijo tras el encuentro.

La respuesta del organismo no se hizo esperar: “Es inaceptable que a raíz de incidentes propios de la competencia, donde participaron 12 selecciones, todas en igualdad de condiciones, se hayan lanzado acusaciones infundadas que faltan a la verdad y ponen en tela de juicio la integridad de la Copa América”, señaló la Conmebol en un comunicado.

Pese a la contundencia de las declaraciones del delantero del Barcelona, el ente no anunció sanciones en su contra.