0

Editorial | Michelle Bachelet y su estocada final a Nicolás Maduro

En materia de represión se destaca que en 2018 fueron asesinadas 5 mil 287 personas por las llamadas FAES
ONU. Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos. Foto Efe

ONU. Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos. Foto Efe

Cuando Nicolás Maduro aceptó la visita de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, jamás se imaginó lo que le esperaba: la publicación de un devastador informe que pondría al descubierto las acciones criminales de su gobierno y la terrible crisis humanitaria que sufre Venezuela producto de la corrupción y de políticas trágicamente erradas. El informe aclara que el desastre económico y social que ha provocado la emigración de casi 5 millones de venezolanos, no es consecuencia de las sanciones impuestas desde afuera como pretenden hacer creer, sino más bien auto infligidas por el llamado “Socialismo del Siglo XXI” iniciado por Hugo Chávez hace más de 20 años. Ni Bachelet se esperaba la tragedia humana que se encontró en Venezuela, ni Maduro previó la respuesta de su supuesta compañera de izquierda.

Entre la visita de Bachelet y la publicación de su informe transcurrieron menos de dos semanas durante las cuales, las sórdidas fuerzas de seguridad del Estado venezolano continuaron torturando y asesinando como si nada hubiese cambiado. Se equivocaban. Para sorpresa de la plana mayor del gobierno venezolano y de la izquierda recalcitrante mundial, la perversidad del régimen y sus aberrantes violaciones a los derechos humanos serian pronto conocidas por todo el mundo desde el altavoz de las Naciones Unidas.

Hay que resaltar que no es solo la contundencia del mensaje lo importante aquí sino la credibilidad del mensajero. El informe proviene de uno de los personajes más conocidos de la izquierda latinoamericana. La ex presidenta de Chile Michelle Bachelet, víctima de la dictadura de Augusto Pinochet, amiga de Fidel y Raúl Castro mantuvo un incomprensible silencio ante las crecientes evidencias de represión brutal en Venezuela y del aumento vertiginoso de presos políticos. Yo visité Chile en diciembre de 2016 en busca de apoyo para mi hermano Braulio Jatar, venezolano/chileno quien había sido secuestrado por el SEBIN luego de informar sobre protestas contra Nicolás Maduro el 2 de septiembre de 2016. Cuando estuve en allá hace casi 3 años, la entonces presidenta Bachelet no me concedió la audiencia que le solicité, sin embargo, luego de su visita a Venezuela este pasado Junio y de haber constatado las burdas violaciones a los derechos humanos por parte del actual régimen, actuó enérgicamente no solo para lograr la excarcelación de mi hermano, sino de varios presos políticos. Le estamos agradecidos y pedimos que no cese en sus esfuerzos.

La cruda realidad descrita por la Alta Comisionada es la de un país donde conviven la corrupción, el hambre, la escasez y la tortura. Enfatiza el “desvío de recursos por corrupción” y como ha resultado en graves faltas de acceso a la comida, electricidad, agua y gas natural. El informe revela testimonios de personas que solo comían una vez al día y de mujeres que se vieron forzadas a “intercambiar comida por sexo”. Solo entre noviembre 2018 y febrero 2019, mil 557 personas murieron debido a la falta de insumos en hospitales y solo en marzo de este año, 40 pacientes murieron como resultado de fallas eléctricas. Un infierno.

En materia de represión se destaca que en 2018 fueron asesinadas 5 mil 287 personas por las llamadas FAES, una unidad de respuesta rápida creada en 2017 para combatir el crimen organizado y responsable de numerosas ejecuciones extrajudiciales. Se documentan un número creciente de detenciones arbitrarias y en la mayoría de estos casos, “se sometió a las mujeres y los hombres detenidos a una o más formas de tortura o trato o pena cruel, inhumana o degradante, como la aplicación de corriente eléctrica, asfixia con bolsas de plástico, simulacros de ahogamiento, palizas, violencias sexuales, privación de agua y comida, posturas forzadas y exposición a temperaturas extremas…”

En resumen Venezuela ha pasado del socialismo del siglo XXI a la barbarie en pleno siglo XXI.

Se acabó el mito y los responsables de tanto dolor y muerte serán juzgados algún día en la Corte Penal Internacional. Que así sea.