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Organización del Roland Garros muestra grietas con el trato a jugadores

El hecho desató el caos entre grandes exponentes del deporte blanco
AFECTADO. Dominic Thiem se quejó por la situación

AFECTADO. Dominic Thiem se quejó por la situación

Mientras un torneo de alta talla se desarrolla, tras el telón hay toda una maquinaria en acción. En el caso del tenis, específicamente en el Roland Garros, segundo Grand Slam del calendario y cita que finaliza en domingo 9 de junio, parte del talento está enfocado en hacer del desenvolvimiento de las raquetas una experiencia cómoda.

Con un amplio universo de tenistas midiéndose en el Major más importante sobre polvo de ladrillo, es difícil no coincidir en los pasillos. Este tipo de situaciones no generan problemas; todo lo contrario, salvo excepciones, la mayoría de los atletas de esta generación muestra una relación de respeto con sus colegas, lo que hace de cada día una jornada agradable.

Sin embargo, en París una situación generada por los propios organizadores desató el caos entre grandes exponentes del deporte blanco.

Las preferencias

El sábado 1 de junio, el austríaco Dominic Thiem, cuarto sembrado en la rama masculina, ofrecía una rueda de prensa para dar detalles de lo que había sido su victoria en cuatro setos sobre el uruguayo Pablo Cuevas, encuentro que le permitió acceder a la instancia de octavos de final. Todo marchaba bien hasta que uno de los organizadores le informó al europeo que debía abandonar la sala en la que se encontraba. La razón: Serena William debía hablar.

La reacción de Thiem fue de sorpresa. Al mudarse de sitio habló frente a los medios y explicó que, aunque el hecho no le importaba, consideraba el caso “un chiste”. Pero nadie reía. El austríaco hablaba desde la frustración.

“¿Qué tengo que ver?”, se preguntó. “¿Tengo que dejar la sala porque viene ella?”, siguió discutiendo con una de las personas del protocolo del evento.

Segundos después de eso, abandonó el lugar.

Mientras desde un lado el desconocimiento reinaba, en el otro se abría el debate sobre por qué la organización del Roland Garros cometió tal error. En principio, se habló de que la estadounidense había solicitado usar el lugar en el que se encontraba Thiem, una sala mucho más grande, donde podían entrar los periodistas que esperaban hacerle preguntas luego de perder el mismo día.

Pero en el transcurso de la jornada se conoció que como la norteamericana tenía prisa por salir del acto, en parte por la molestia de saberse eliminada, apuntó al espacio más cercano que tenía para hablar, ese donde se encontraba el número cuatro del torneo.

Cara y cruz con Williams

Esa preferencia y falta de mano dura contra la exnúmero uno del circuito femenino tuvo alto impacto, desatando todo tipo de discusiones sobre cómo se trata en Francia a los tenistas, especialmente a aquellos que cuentan con un nombre importante dentro de la disciplina.

Un día después, Thiem señaló a Eurosport que estaba “seguro al 100% que (a Roger) Federer o (a Rafael) Nadal no harían eso nunca”.

“Ayer no fui del todo preciso y dije que no merecía ser tratado como un junior. Porque incluso si un junior es el que está ahí merece ser tratado con respeto”, siguió exponiendo a la fuente mientras arrojaba leña al fuego.

Pero ese mismo tema no debe hacer olvidar un episodio ocurrido hace un año y que también protagonizó Williams.

En aquella ocasión y regresando al juego después de dar a luz, la estadounidense lució sobre el polvo de ladrillo un traje de una pieza que, según indicó previo al torneo, ayudaba a su circulación, esto en pro de tener un mejor desarrollo tras su embarazo. Una pieza que parecía un traje de gimnasio, solo debía encontrar defensores y detractores en el mundo de la moda; sin embargo, en los altos puestos de la prestigiosa cita se generó una fuerte oposición a la prenda.

La situación llegó a tal punto que se amenazó a Serena Williams con no permitirle participar en la edición de este año si decidía aparecer sobre la cancha con el traje, algo que fue tildado como sexista por los seguidores de la impresionante jugadora.

Desde la organización no hubo disculpas, ampliando una grieta que, al menos con su inscripción este año, dejó claro que las partes pasaron la página.

Odiada en 2018 y amada en 2019, la historia de la ganadora de 23 títulos de Grand Slam es particularmente curiosa en París, un lugar en el que atentaron contra su maternidad, pero en poco tiempo aplaudieron sus caprichos eclipsando a un joven talento del tenis masculino.