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¿Cómo evitar que sus fotos íntimas terminen en las manos equivocadas?

El escándalo en Ibagué por el joven que grabó sin consentimiento a 15 mujeres teniendo relaciones sexuales demuestra que nadie está a salvo de ser una víctima de este tipo de abusos en internet
TECNOLOGÍA. Foto de referencia de una mujer mientras usa su teléfono celular y una laptop

TECNOLOGÍA. Foto de referencia de una mujer mientras usa su teléfono celular y una laptop

Desde enero, un grupo de mujeres de Ibagué empezó a recibir a través de amigos cercanos y cadenas de Whatsapp videos en los que aparecían teniendo relaciones íntimas con una de sus ex parejas.

Al comienzo, muchas pensaron que se trataba de un caso aislado, pero luego, gracias a una pequeña élite de la ciudad donde circularon varios de los videos, las jóvenes identificaron que se trataba de un mismo hombre: Félix García Chabur, hijo de un reconocido empresario de la ciudad. El joven grabó a por lo menos 15 mujeres teniendo sexo con él sin autorización y posteriormente colgó todos los videos a una página de porno en internet.

Aunque muchos piensan que la mejor forma de prevenir estos inconvenientes es simplemente no enviar contenidos íntimos, la realidad no es tan sencilla, dice Adriana Rincón, abogada de la Red Nacional de Mujeres y quien atiende regularmente estos casos. La razón es que hoy este tipo de contenidos se comparten entre las parejas y para ellas es una forma habitual de vivir su sexualidad. Por lo tanto, deberían ser normales. “El problema es cuando algunos lo utilizan con mala intención: sin consentimiento o como una forma de venganza”, explica.

Por eso las precauciones lógicas comienzan por cosas mínimas, como analizar el grado de confianza que existe con una persona. Lo segundo es informarse bien sobre las formas que hay para evitar que ese contenido se difunda, pues hoy ya existen aplicaciones que permiten controlar el envío del material y su replicación. “Por ejemplo, permiten que lo reciba, pero no que tome capturas. O también es posible enviarlo pero se borra automáticamente”, dice Rincón.

Otra estrategia sencilla es que al momento de tomar la imagen, las personas procuren que no quede un registro de algo que los pueda comprometer. Es decir, el rostro o señales particulares como cicatrices, tatuajes, fotos familiares de fondo, etcétera. “En resumen, proteger la identidad”, dice la experta.

Pero si ya las cosas se salen de las manos, Rincón asegura que no hay que quedarse de brazos cruzados, sino denunciar. Es la única manera en que este tipo de delitos sean visibilizados y en un futuro haya más formas de control. Aunque en algunos países aún hay poca legislación para atender este tipo de casos, por el momento es posible interponer una denuncia con las pruebas.

“Lo más conveniente es reunir toda la evidencia. Mostrar si hubo chantaje o mensajes tratando de extorsionar”, explica.

Si la persona difundió el contenido a terceros, hay que reclamar, y en caso de que esté en páginas porno, contactar al sitio y dejar claro que no se ha autorizado ese uso.

“Por general estas páginas tienen formas de contacto rápido en donde responden a los reclamos”, explica. De forma excepcional se podría recurrir a una acción de tutela para que se elimine el contenido de plataformas como google o Facebook. La forma más rápida también es denunciar el contenido como inapropiado a través de estas mismas páginas.

La experta también advierte que en estos casos es muy importante el acompañamiento psicológico, ya que lastimosamente una vez el contenido empieza a rotar en la nube, es casi imposible asegurar que desaparezca del todo.

“Las personas deben prepararse para eso. El problema es que a veces las consecuencias son muy graves. En algunos casos podría llegar a configurar el delito de tortura, pues se inflige un dolor tan desproporcionado en la psique, que es casi como una forma de tortura”, dice Rincón.

En muchos casos, incluso, algunas mujeres han llegado a suicidarse. Por eso es fundamental brindar una red de apoyo fuerte a la víctima y sobre todo no hacerla sentir culpable. “Nadie tiene derecho a juzgar a otro por el ejercicio de su sexualidad”, agrega. Pero además de la responsabilidad del agresor, Rincón advierte que la persona que replica y difunde el contenido también es culpable.

“La gente se excusa diciendo ¡No fui yo!, pero seguir compartiendo el contenido es seguir perpetuando el dolor y los daños. Es seguir burlándose y consolidando el tabú de la sexualidad”.

Aunque también los hombres pueden ser víctimas, para Rincón este tipo de casos, en su mayoría, corresponden a un tipo de violencia de género. “Así como la sociedad y la comunicación ha evolucionado, las formas de violencia contra la mujer también han mutado hacia los espacios virtuales”.

Para ella, el tema de la pornovenganza y la publicación sin consentimiento de videos íntimos como sucedió en el caso de las jóvenes de Ibagué es una extensión más de cómo los hombres siguen creyendo tener el poder sobre el cuerpo y las decisiones de las mujeres.

“Es una forma de decirles: regresen a su espacio privado, porque no van a estar tranquilas tampoco aquí, donde creen que pueden alzar la voz. Hoy en día también se ve en otros campos: las comisarías de familia están prohibiendo a los agresores contactar a sus víctimas por páginas virtuales o WhatsApp”, explica. Esto se ha ido dando gracias a que las denuncias por acoso y pornovenganza han tomado cada vez más relevancia.