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OPINIÓN: Elección del secretario general de la OEA: Entre la sobrevivencia y la destrucción de la organización

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, durante la firma de un acuerdo para auditar el proceso del voto automatizado en las suspendidas elecciones municipales, en Santo Domingo (República Dominicana). FOTO - EFE/Orlando Barría

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, durante la firma de un acuerdo para auditar el proceso del voto automatizado en las suspendidas elecciones municipales, en Santo Domingo (República Dominicana). FOTO - EFE/Orlando Barría EFE/Orlando Barría

Una nueva elección se avecina para reelegir o elegir a un nuevo secretario general para la Organización de Estados Americanos (OEA). La competencia está entre la reelección del actual secretario general Luis Almagro y dos postulantes que podrían poner en riesgo la misma existencia de la organización. Esos dos candidatos son la ex ministra de Defensa y persona de alta confianza del exdictador de Ecuador Rafael Correa, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa; y el embajador de Perú ante Estados Unidos, Hugo De Zela.

La señora Espinosa no ha sido postulada por Ecuador, su país, sino por dos países del ALBA, como lo son Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas. Es de particular interés el apoyo de una persona tan cercana a Nicolas Maduro y Hugo Chávez, que sea además postulada por el autócrata de San Vicente, Ralph Gonsalves, el cual ha venido apoyando a la narco-dictadura de Venezuela y beneficiándose de esa relación. Espinosa tiene a su favor la capacidad de convencer con un discurso falso, pero efectivo, que la llevó a enamorar a diversas organizaciones de la sociedad civil. Estas organizaciones parece que olvidan que durante el gobierno de Rafael Correa fue cuando se dio una persecución inclemente contra el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y de que Espinosa fue parte de un gobierno que violó sistemáticamente los derechos humanos y la libertad de expresión. Por otro lado, el juego peligroso de Argentina y México, apoyando a esta candidata, pone en peligro la misma existencia de la OEA. El triunfo de Espinosa volvería a la OEA a un apéndice de factores ideológicos que pretenden la destrucción del organismo regional y daría la perfecta excusa a los Estados Unidos de suspender la ayuda económica a esa organización.

El otro candidato que quiere el cargo de secretario general, Hugo De Zela, tiene en su haber una capacidad de adaptación política a todos los diferentes gobiernos que han pasado por Perú en los últimos 42 años; es un burócrata que se adapta efectivamente a los cambios y manipula las instituciones para su interés personal. Fue el jefe de Gabinete del más gris y nocivo secretario general de la OEA, José Miguel Insulza. En esta ocasión, además de la postulación de su país, cuenta con el juego estratégico de Canadá apoyando su candidatura. El juego de De Zela es muy claro, dejar que se enfrenten Almagro y Espinosa y al no haber consenso, él venderse como el candidato que logra apoyos en diferentes sectores y el que debería ser el candidato de consenso. Un juego que pareciera tener la venia de Canadá. El posible fracaso de Espinosa llevaría a Argentina, México y el Caribe a apoyar la candidatura de De Zela. No es una estrategia innovadora pero sí efectiva, fue usada por José Miguel Insulza al convencer al candidato de México, Luis Ernesto Derbez de jugar al “consenso” y ganar por estafa su primera elección. El triunfo del candidato De Zela llevaría de nuevo a la OEA a una etapa gris, llena de componendas políticas y poca atención a la lucha contra las dictaduras y autoritarios de la región; en otras palabras, la vuelta del tiempo similar al de Insulza.

Entiendo que puede ser frustrante para muchas organizaciones de la sociedad civil no haber tenido el accionar radical del secretario general Almagro en sus países. Muchas han esperado su misma energía en casos como los de Bolivia, El Salvador (recientemente), Honduras (salida de la MACCIH), Guatemala (Cicig) y con otros países. Muchas organizaciones esperan la misma energía que él pone a Venezuela para con sus realidades nacionales. En ello hay varios errores garrafales, el primero es la dimensión del problema de Venezuela: la dictadura brutal de Venezuela ha violado sistemáticamente los derechos humanos y cometido crímenes de lesa humanidad, y por otro lado ha forzado la migración de más de 5 millones de venezolanos en los últimos dos años. El impacto de Venezuela hacia la región convierte ese asunto en un tema regional. Lo segundo es que, como secretario general, ha venido abriendo la puerta a todas las tendencias y visiones. A diferencia de Insulza, Almagro ha respetado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Dejar a la OEA y al Sistema Interamericano en manos de una de las co-responsables de los ataques contra el Sistema y alguien que va a detener el rol de la OEA para la liberación de Venezuela, eso sí sería un grave error.

Muchas personas y organizaciones están decepcionadas de Almagro porque quieren a el “salvador” que va a golpear a todos los autoritarios y liberarnos de todos los males, una especie de Maveric que es capaz de ir contra siglos de ignorancia política, exclusión, populismo, violencia y grupos de interés. No recuerdan que unos cinco años atrás no pensaban que la OEA era mínimamente relevante. Almagro le ha dado relevancia a la OEA y subido las expectativas, lamentablemente en una región a la que le cuesta el cambio.

Dentro del proceso de designación del secretario general es muy peligrosa la doble moral del Gobierno de Canadá, quienes por un lado hablan de la necesidad de liberar a Venezuela de la tiranía, pero al mismo tiempo apoyan abiertamente a la dictadura de Cuba. No solo apoyan a nivel diplomático, sino con millones de canadienses haciendo turismo en la isla y apoyos diversos a programas en Cuba. Pero además parecieran pasarle factura a Almagro por su defensa de la libertad para Cuba y han venido haciendo campana para que no se le reelija.

Después de varios años conociendo a Luis Almagro, su corazón esta en el lugar adecuando y no tiene miedo de dar la batalla. Puede ser que ha cometido errores, pero realmente la organización disfuncional que le toca manejar es verdaderamente un caos permanente y la crisis en la que la dejó Insulza la puso como un paciente en coma terminal. La lucha de Almagro por la libertad de Cuba y Venezuela ha pisado muchos intereses, incluido el de su ex partido en Uruguay. Pese a tener diferencias claras de visiones para ese momento, creo que yo fui uno de los pocos dentro de la sociedad civil que activamente apoyó su campaña por la silla máxima de la OEA cinco años atrás; lo apoye conociéndole muy poco, pero le apoyé porque sabía que iría de la mano del corazón y no de dogmas ideológicos o partidistas. Y no me equivoqué, tampoco me arrepiento.

Pensar que Almagro tiene la barita mágica de la solución de los problemas endémicos de la región, es estar bien lejos de los derroteros reales. Es difícil manejar un cascarón pesado de una organización regional formada por países que se han venido volviendo cada día más autoritarios, donde ya las derechas e izquierdas pareciera jugar un juego paritario. Pese a todos sus posibles desaciertos, Luis Almagro ha tenido muchos aciertos y le ha dado vida a una organización que estaba ya moribunda y en peligro de desparecer.

Recuerdo que le recomendé al secretario general Almagro el primer día luego de que lo eligieran, que hiciera una auditoría en la OEA para evaluar la gestión Insulza-De Zela, pero lamentablemente no se hizo esa auditoría. Esa mañana después de ser elegido, la primera reunión que sostuvo fue con diversas organizaciones de la sociedad civil de Venezuela para ver cómo ayudaba. Igualmente ha abierto su puerta a diversas organizaciones, liderazgos y grupos, sin importar sus ideas o tendencias.

Pese al garabato ideológico de muchos pseudo-progresistas de la región en su apoyo a la dictadura sanguinaria de Cuba, Luis Almagro ha tomado una actitud clara contra esa dictadura y ha sido tajante sobre la destrucción del régimen cubano en la región. Es por ello que la mano que mece la cuna detrás de Canadá y otros que se oponen a Almagro también pareciera venir de la Habana.

La OEA no se juega un cargo el 20 de marzo de 2020, la OEA se juega seguir mejorando y luchar por los derechos de todos y para todos, y la posibilidad de contar con un aliado en la lucha contra las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Eso o volver al oscurantismo de los tiempos de Insulza de la mano de De Zela o, lo que podría ser peor, que es desaparecer en manos de Espinoza con el clan de Cuba, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y los cómplices del Caribe.

Nota: Este artículo es la opinión personal del autor y no refleja la opinión de las organizaciones o instituciones donde trabaja o colabora.