Ivanka Trump y su esposo, Jared Kushner, son emblemáticos del nepotismo que plagó la administración de Donald Trump. Foto: The Washington Post.

Especial para The Washington Post - Walter M. Shaub Jr.

El presidente Joe Biden ha tenido duras palabras contra la administración Trump por su enfoque hacia las éticas de gobierno, llamándola “la administración más corrupta en la historia moderna”.  Él prometió dar un mejor ejemplo, incluyendo su compromiso de que sus hijos nunca tendrían “oficinas en la Casa Blanca” y profesando su obligación de fomentar la diversidad en las contrataciones. Por eso resulta preocupante que tantos familiares de colaboradores cercanos de Biden estén obteniendo trabajos en la administración.

The Washington Post recientemente identificó a 11 familiares empleados en varios cargos de la administración.  El número exacto de contrataciones de este tipo es probable que sea incluso mayor, pero no se puede saber dado que el gobierno no publica una lista de las contrataciones a cargos políticos.  Así como ocurrió con la administración Trump, el asunto toca incluso a la Oficina para el Personal Presidencial, cuyo director tiene a dos familiares en la administración Biden.

El Post no encontró evidencia de que los colaboradores de Biden jugaran un papel en asegurarles los trabajos a sus familiares.  Y es cierto que Biden no ha contratado a sus propios familiares, a diferencia de Trump, quien designó a su hija y a su yerno para altos cargos en la Casa Blanca.  Pero es problemático para la nación que se normalice un comportamiento ético basado en que algo “mejor que Trump es lo suficientemente bueno”.  Necesitamos medidas activas para superar la perniciosa influencia de las conexiones familiares, el amiguismo y el racismo sistémico.  De otra manera, un sesgo implícito le va a dar a Estados Unidos más empleados de gobierno provenientes de sectores privilegiados, aislados de las necesidades del pueblo común.

El nepotismo en la administración Trump no se limitó a Ivanka Trump y Jared Kushner.  The Daily Beast encontró que la administración empleaba a múltiples miembros de al menos 20 familias.  La tendencia incluía a oficiales de la Oficina de Personal Presidencial de Trump, cuya función precisa es sentar las bases para los nombramientos a cargos políticos.

La administración Trump no fue la primera en tener estos problemas, pero el compromiso de Biden de no contratar a sus familiares y su énfasis en la diversidad encendieron las esperanzas de que sería la última.  Pero lo que haya sido que Biden quiso decir cuando prometió un mejor proceder, parece que su administración ahora lo interpreta de una manera bastante limitada, es decir, sólo aplicable a su familia.

El caso más indignante de los reportados involucra a Steve Ricchetti, uno de los más cercanos consejeros de Biden.  Ricchetti acompañó a Biden en su primer juego de golf como presidente, y los dos se reunieron nuevamente el Día del Padre.  Ricchetti es el padre de tres recientes contratados a la administración, y un cuarto hijo ha trabajado para un miembro del Congreso por dos años.  El hermano de Steve, Jeff Ricchetti, comenzó a cabildear en la Casa Blanca poco después de que Steve comenzara a trabajar ahí, desempeñando sus actividades a través de una firma de gestión que Steve cofundó.  (Steve dejó de trabajar como lobista registrado en 2009 y dejó la firma para trabajar para Biden en 2012).

El hijo de Steve Ricchetti, J.J., consiguió una posición política en la oficina de asuntos legislativos del Departamento del Tesoro.  Las biografías de otros oficiales políticos de su nivel en el Departamento del Tesoro muestran un altísimo rango de logros, desde asesorar a miembros del Congreso hasta trabajar como organizadores políticos.  Pero de acuerdo con la biografía oficial de J.J., su experiencia consiste principalmente en haberse graduado de la universidad.  El año pasado.

Éstos no son empleos normales de bajo nivel.  Un nombramiento a un cargo político en una agencia de gabinete, especialmente en una oficina que se relaciona con el Congreso, es un anhelado premio que suma brillo a cualquier currículo.  Miles de trabajadores de campaña y egresados universitarios ansían trabajos que puedan llevar a estos cargos.  En vez de ampliar la diversidad, la contratación de J.J. le dio a la clase política otro blanco rico, hijo del privilegio – sumado, claro está, a todos los otros muchachos Ricchetti que ya tienen cargos políticos en esta ciudad.

La pregunta no es si J.J. o alguno de los otros familiares de personas en el equipo de Biden están calificados para sus cargos.  La pregunta es si su nombramiento hizo a un lado a otros candidatos calificados gracias a sus conexiones familiares.  Sólo la Casa Blanca sabe a quién desplazó J.J.  El hecho es que el Departamento del Tesoro va a carecer de las ideas y experiencias que alguien con una trayectoria distinta (y probablemente más calificada) hubiera traído al cargo.  En los próximos años, a la nación le podrían hacer falta las contribuciones de ese individuo mientras otro heredero de los Ricchetti sigue su trayectoria predestinada por los pasillos del poder.

El lunes, un reportero le preguntó a la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, qué medidas estaba implementando la administración para evitar que los hijos de los altos oficiales tuvieran preferencia en las contrataciones.  Psaki respondió de forma general que la administración tiene altos estándares éticos.  Luego añadió un somero comentario sobre la diversidad, lo que incrementó la preocupación de que estas contrataciones van en contra de las promesas de Biden. Ésa no es la respuesta que Estados Unidos se merecía.

A Psaki se le puede excusar que pareciera estar a la defensiva, ya que su propia hermana consiguió un trabajo en la administración.  Pero ella debería regresar y ofrecer una respuesta más completa.  Es enteramente posible que algunos de estos contratados sean el mejor candidato para el cargo.  Pero la Casa Blanca debe convencernos de ello en vez de esperar que lo tomemos como un acto de fe.  La administración también debería adoptar una política de mayor escrutinio cada vez que esté considerando nombrar alguno de los familiares de los colaboradores de Biden a un cargo político.  Eso no significa tratar injustamente a las personas, excluyéndolas simplemente por su linaje.  La Casa Blanca debe convencernos de que el mejor candidato obtuvo el nombramiento basado en un proceso justo.

Mi carrera en ética gubernamental me ha enseñado que los estándares de una administración no se elevan a medida que pasa el tiempo; al contrario, se degradan. Los retos de gobernar hacen a un lado los estándares, y cada mal precedente justifica uno peor.  Por eso es tan importante empezar con altas expectativas. Y la necesidad de que una administración no se exponga a ser reprochada nunca ha sido tan importante.

Si las prácticas de contratación de la Casa Blanca de Biden envían un mensaje de que “mejor que Trump es lo que importa”, eso puede influir sobre otros aspectos de la gestión.  Aunque Biden les ha dicho a los líderes del mundo que los Estados Unidos ha vuelto a ser lo que era antes de Trump, lo cierto es que los Estados Unidos carecen de la credibilidad para hablarle al mundo de democracia y anti-corrupción.  Trump expuso y explotó las debilidades sistémicas – pero no las creó.

Mejorar estas fallas es una tarea difícil. Tolerar siquiera la apariencia de nepotismo no es la mejor forma de mostrar que somos capaces de confrontar aun nuestros problemas menores.

---

Walter M. Schaub Jr. es ex-director de la Oficina para Ética Gubernamental de EEUU. Actualmente sirve como miembro principal de ética para el Proyecto de Supervisión de Gobierno (Project on Government Oversight).

Lea el artículo completo aquí.