En septiembre de 2021 más de 10 mil migrantes llegaron a la frontera sur buscando ayuda. La Patrulla Fronteriza se preparó para deportar hasta mil por día. Diseño: Gabriela Navarro
En septiembre de 2021 más de 10 mil migrantes llegaron a la frontera sur buscando ayuda. La Patrulla Fronteriza se preparó para deportar hasta mil por día. Diseño: Gabriela Navarro

Con el posible fin del Título 42, la medida sanitaria que autoriza las deportaciones exprés en la frontera entre México y Estados Unidos desde marzo de 2020, organizaciones de derechos humanos están preocupadas por el trato que recibirán miles de inmigrantes que buscan protección. Si no hay una estimación real, advierte el director del programa de Supervisión de Defensa de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Adam Isacson, la crueldad y el caos se impondría como pasó en 2021.

Isaacson, quien ha monitoreado la cooperación de Estados Unidos con las fuerzas de seguridad de América Latina desde este centro, advierte que las matemáticas no cuadran y que el número de buscadores de asilo que llegarán a la frontera sur después del 23 de mayo – fecha planteada por el Departamento de Seguridad Nacional para terminar con la medida– parecen superiores a lo que el gobierno proyecta manejar (18 mil por día).

No es un asunto menor. La crisis migratoria es uno de los temas más calientes en la arena política. Con unas elecciones de mitad de período en noviembre y una profunda polarización dentro del Senado, el partido demócrata y la administración Biden concentran todas las miradas. Un reciente sondeo de Harvard CAPS-Harris Poll señala que un 80% de los encuestados considera que la situación que se vive en la frontera es “una crisis que debe ser abordada inmediatamente”.

–¿Cómo valora el documento para afrontar el fin del Título 42 publicado por el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas?

Mi impresión principal es que es un buen paso. Reconocen que la migración ha aumentado en gran parte del hemisferio, no solo aquí, y que el sistema migratorio de Estados Unidos no se ha ajustado al nuevo perfil de migrante (familia, niño, buscador de asilo) que ahora está llegando.

 Estoy preocupado que la capacidad esperada (18.000 personas alojadas mientras las procesan) puede ser insuficiente para evitar que veamos fotos de migrantes esperando bajo puentes. Si llegan 12 mil diarios, y toma 2 a 3 días para procesarlos (tal vez más si no hay personal suficiente), las matemáticas dicen que serían desbordados y pueden haber imágenes caóticas. Espero estar equivocado.

Tampoco veo el punto en hacer más anuncios diciendo: “No te vayas, es peligroso.” Es peligroso porque hemos hecho que sea peligroso, hay alternativas más seguras que no son políticamente factibles. Ya es peligroso vivir en un lugar como San Pedro Sula en Honduras, el mensaje no es tan disuasivo. Sería mejor advertir a los que piensan migrar sobre qué difícil es calificar por el asilo bajo la ley estadounidense, en vez de hablar del desierto.

El director del programa de Supervisión de Defensa de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), Adam Isacson, recuerda que "con una campaña legislativa en noviembre (midterms), sería muy importante para los demócratas tener un proceso ordenado".

–¿Qué significa aumentar la capacidad de procesamiento en el sistema de migración?

Pues, lo que debe pasar, según la ley, es que en cada cruce oficial cualquiera puede poder acercarse y decirle al oficial: “Yo quiero el asilo, temo volver a mi país”. Y allí mismo deben poder acogerte y llevarte a un centro de procesamiento. En ese centro de procesamiento tienen 72 horas para averiguar su estado de salud, su historial criminal y empezar el trámite de asilo, luego estar con un juez de asilo en algún lugar del país. Ese proceso cuesta. 

Por supuesto, necesitamos más jueces y oficiales de asilo. Existe una enorme sobrecarga: tenemos menos de 600 jueces para una lista de casos de 2 millones y tanto. Hay que destrabar e incrementar ese número de jueces. Y sí, estamos hablando de unos miles de millones de dólares, pero eso era lo que Trump estaba gastando en la construcción de muros. Yo veo esta inversión como algo natural con nuestras leyes y menos caótico. Lo difícil será cuando llegue muchísima gente y no haya cómo procesarla. Esas imágenes caóticas dan mucha razón a republicanos y antiinmigrantes. Con una campaña legislativa en noviembre (midterms), sería muy importante para los demócratas tener un proceso ordenado.

–Ustedes han dicho que debería manejarse este proceso menos cruel. ¿Cuáles son los alcances de esa crueldad que menciona?

El problema con nuestro sistema es que se desordenó en un momento en el que la vasta mayoría de los migrantes eran hombres solteros o criminales. Solo los últimos 8 años hemos tenido migrantes en grandes números buscadores de asilo y se mantiene el prejuicio de que es mala la gente que viene. Muchos, especialmente los que caen bajo la influencia de Fox News, creen que los buscadores de asilo, en su vasta mayoría, son mentirosos o que están buscando una puerta trasera para entrar a Estados Unidos. Esto se traduce en abusos cuando son detenidos. Aunque es perfectamente legal pedir asilo, el procedimiento parece un muchas veces un castigo y no debe ser así.

–¿Hay experiencias en otros países que hayan atendido un flujo de migrantes similar con respeto a los derechos humanos?

Europa también carece de buenos modelos en la crisis de Siria y el resultado es que han usado a Turquía como una barrera. Pero creo que un buen ejemplo es Alemania, que acogió a millones de sirios. Otro ejemplo, aunque controvertido, es Colombia que ha dado estatus legal a tantos venezolanos. En ambos casos, la migración siria era bastante educada, y en el caso de los venezolanos también. Por supuesto, no están viviendo en unos paraísos, pero sí se están integrando poco a poco. Creo que ambos ejemplos son mejores de lo que está ocurriendo en este momento en Texas.

–¿Cómo evalúa las conversaciones del gobierno de EEUU con Centroamérica, Panamá y México para contrarrestar la migración?

Lo que han hecho esos acuerdos hasta ahora ha sido reducir el flujo de migrantes buscadores de asilo, con la sola excepción de que sí ha habido programas con Acnur (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados) para fortalecer el sistema de asilo de México. El resto ha sido poner guardias nacionales, poner caravanas, presionar a México para poner visa especialmente de venezolanos, cooperar con el programa Remain in Mexico, pero son todas medidas para bloquear y bloquear. Espero que no sea más de lo mismo lo que han conversado en Panamá, espero que sea más humano, pero temo que sea otro esfuerzo de bloqueo.

–¿Hay alguna violación de derecho a las personas que están siendo montadas en autobuses?

No hemos visto ninguna violación de derecho. De hecho, lo que está pasando es bastante irónico: lo que normalmente pasa cuando la Patrulla Fronteriza libera a un buscador de asilo es que lo libera en la estación de buses.  Lo que acaba de pasar con Texas es que el gobernador está montándolos en bus gratis y los que pagan impuestos en Texas son los que pagan.  

-–¿Qué significa reconstruir el sistema de asilos?

Cuando dicen reconstruir el sistema de asilo lo veo un poco deshonesto, porque están queriendo decir que Donald Trump lo destruyó todo y de hecho en 2016 no hubo un sistema de asilos que funcionara. No se había ajustado a ese gran cambio que ocurrió en 2013-2014 cuando los migrantes en la frontera dejaron de ser adultos, y comenzaron a ser más y más familias buscando asilo. Apenas estaban ajustando a ese cambio en 2016 cuando salió Barack Obama. El gobierno de Trump no mejoró ese sistema y sí, desmontó algunas partes, impuso algunos bloqueos, pero no es que hubo una época dorada del derecho de buscar asilo. Estamos realmente construyendo cosas que nunca se había construido.

–¿Y esa incapacidad para adaptarse tiene que ver ahora con la situación en Europa, Centroamérica y los gobiernos autoritarios de América Latina?

El asilo comenzó en el año 1980 y se ofreció realmente a víctimas de la guerra fría, y a cubanos, pero ese fue otro acuerdo. Entonces no se pensaba en los años 90 que alguien de Latinoamérica calificaba para el asilo, ni siquiera durante las guerras civiles en Centroamérica. En los años 90 comenzó a haber jurisprudencia que hacía mucho más difícil detener a familias. En 2008 hubo una ley hubo una ley dijo que un niño que llega sin acompañamiento no puede ser deportado. Pero en 2014 es cuando vimos algo inédito: llegaron familias, y cualquier migrante, pisando a suelo estadounidense queriendo ser capturados por la Patrulla Fronteriza. Ha habido esfuerzo por reducir ese flujo, pero el numero sigue creciendo porque más y más personas están siendo amenazadas por pandillas, sufriendo crímenes, represión estatal, COVID, calentamiento global. Hay tantas razones por lo que la gente está saliendo. No todos califican para asilos, pero hay personas que pueden estar, al mismo tiempo, huyendo de pandillas, de sequía o de violencia doméstica.

- ¿Cuáles decisiones políticas ayudarían a desmantelar el crimen organizado?

Si fuese posible acudir a las puertas de entrada (de cada país) para pedir asilo, si tuviéramos más de 100 mil puestos de visas de trabajo temporal, si hubiese un programa de recepción de refugiados en sus propios países, eso sería fatal para el crimen organizado. Perderían miles de millones de dólares anuales.

–El desafío que viene en algunas semanas es enorme.

Sí, pero es administrativo, más que todo. Si las imágenes que vemos son solamente cola de gente haciendo trámites, en Fox News estarían muy angustiados. Los demócratas más cautelosos no tienen temor de una ola de persona de piel más oscura, tienen más miedo es del desorden. Con la inflación, la inseguridad, el COVID, los votantes están más preocupados por el desorden en este momento. Y esas imágenes de caravanas pueden ser manipuladas por los republicanos. Pero si están ordenados con mucha capacidad, no habrá esas imágenes.