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Sueños, nostalgia y arte


Giselle Botero convierte su interés por la última reina de Francia en el estilo de su fiesta.

Maritza Gueler/Especial para El Tiempo Latino | 10/25/2013, 9:46 a.m.
Sueños, nostalgia y arte
LA REINA. Giselle Botero, fotografiada por Luis Carlos Duarte, vestida para su quinceañera con el estilo de María Antonieta. Diseño de su mamá: Mayerly Rodríguez. | Luis Carlos Duarte

La fiesta social que marca a las familias

Es uno de los eventos sociales y familiares más importantes de muchos países en las Américas. Cuando una niña cumple 15, en la tradición católica se realiza una misa de “Tedeum” (agradecimiento) y un banquete con la mayor fastuosidad posible que culmina en un baile, bien cargado de simbolismos sociales y emocionales. Hoy elementos de esa tradición se han modificado, pero se mantiene la fiesta de iniciación social, y algo de las historias fantasiosas del siglo XIX, donde doncellas luego de una serie de peripecias , encuentran a su príncipe azul para “por siempre ser felices”. Como es habitual, El Tiempo Latino ofrece unas páginas especiales para mostrar a los proveedores de recursos para las quinceañeras y narrar algunas de las historias que viven las jóvenes y su entorno. Pero no se pierdan el espacio dedicado a una boda. Por aquello del viaje que va “de niña a mujer”.

—Alberto Avendaño

Cuando era niña soñaba con príncipes. Imaginaba su fiesta de 15 años en Aruba o en Colombia, rodeada por su familia y sus amigas del alma. Sin embargo, el destino cambió el rumbo y Giselle Botero encontró sus 15 en Estados Unidos convertida en una María Antonieta del siglo XXI.

Su devoción por la última reina de Francia, mujer de Luis XVI, vino a través de sus clases de teatro en la Glasgow Middle School de Alexandria, Virginia.

“María Antonieta fue muy especial para mí porque me fascinó su estilo para la ropa”, comentó Giselle a El Tiempo Latino el domingo 20. “Más allá de que el pueblo francés la odiaba por sus derroches, ella puso un diseño particular en sus vestidos. Y siempre quise ser como ella en ese aspecto”.

Primero, le habló a su mamá, la diseñadora Mayerly Rodríguez, sobre su fascinación por María Antonieta y le hizo ver varias películas para que observara los trajes. Y así, un año antes de que Giselle cumpliera sus 15, empezaron a hacer los bocetos del vestido.

El diseño tomó ocho meses y el 13 de marzo de 2012, día en que Giselle cumplía sus 15, todavía no estaba listo. Llevó cerca de cuatro meses la confección y tuvieron que postergar la sesión de fotos.

Rodríguez buscó las telas que se asemejaran a las de la época, utilizó “torchón”, una especie de encaje bordado para el torso, encajes para la falda, más de 600 piedras Swarovski en cascos de plata, entre 25 y 30 botones para la espalda y un corsé rígido.

“Juntábamos el dinero de a poco para ir comprando las piedras porque eran carísimas”, recordó Rodríguez. “Mi madre trajo de Aruba la mitad de las que se usaron en el vestido que, ya listo pesó 10 libras y costó entre materiales y trabajo, $3000. Y ahora, lo más gracioso, es que nadie quiere comprometerse a limpiarlo”. Giselle no tuvo fiesta. No estaban ni sus amigas de Aruba, ni sus tías. Y prefirió un viaje a Florida. Visitaron Disney y Universal Studios.

Cuando volvieron del viaje, el fotógrafo Luis Carlos Duarte, las estaba esperando para una de las sesiones más largas de la historia: ocho horas de trabajo en los puntos clave de DC. Al verla, los turistas se acercaban a preguntar, y querían tomarse fotos con ella. De ese 22 de marzo, con los cerezos en flor y el sol radiante, Giselle guarda un entrañable recuerdo.

“Fue una emoción increíble”, comentó. “De pequeña soñé con el día de mis 15, y cuando me probaba el vestido, todos los días tenía la ansiedad de que estuviera listo. Vi a mi mami en cada paso de la confección y el diseño, y sabía que cuando estuviera listo iba a ser algo muy hermoso”.

A la sesión de fotos fueron su abuela y su madre. En aquel momento Giselle recuerda que sintió nostalgia por la familia y las amigas que no pudieron asistir.