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Trull: un periodista de corazón


Se define como un interlocutor de dos comunidades

Alberto Avendaño-ETL | 12/17/2014, 5:04 p.m.
Trull: un periodista de corazón
El periodista Armando Trull en su casa de Takoma DC el 11 de diciembre de 2014. | Alfredo Duarte Pereira para ETL

Charla con Armando Trull

Babalú es un perrito que adoptó cuando era periodista en el canal 9 de Washington —CBS TV. Formaba parte de unos 200 animales que habían sido maltratados y, al ser rescatados, fueron ofrecidos en adopción. “Yo lo adopté y me lo llevé a hacer periodismo por todo el área metropolitana cuando era un cachorrito y los colegas se preocupaban por él... y así se convirtió en parte de mi vida”, explicó Armando Trull, sentado junto al árbol de Navidad en su casa del Distrito, acariciando a Babalú con divertida ternura.

Hay una constante en la vida y el trabajo de este periodista impenitente, de largo recorrido y diáfano compromiso: el uso de dos lenguas —español e inglés— y el desear ser “un interlocutor entre dos comunidades”.

Trull empezó su carrera en Miami, en CBS radio y en Telemundo. En 1992 llegó a Washington, DC, como director de noticias de UPI radio. Y su peregrinaje profesional incluye Univisión, TV Azteca, BBC... hasta llegar a su actual posición como Senior Reporter para WAMU 88.5FM donde se ha especializado en la cobertura de la comunidad latina y las personas de la comunidad LGTBQ en el área metropolitana.

“Es maravilloso trabajar con WAMU porque es uno de los medios más serios en los que he tenido el placer de trabajar y lo que he hecho con ellos me ha llenado de placer profesional y me ha permitido ser un intermediario entre la comunidad norteamericana y la latina”, explicó Trull.

Precisamente ese rol de constructor de puentes culturales y de vías de comunicación de doble dirección lo ejemplifica la alianza que Trull ha establecido con El Tiempo Latino para diseminar alguno de sus últimos trabajos, como la crisis de los niños migrantes en la frontera. Mientras WAMU emitió la serie de reportajes en inglés, El Tiempo Latino publicó en español el trabajo de Trull.

“Cuando surgió la crisis a primeros de mayo, yo sabía que eso iba a tener una repercusión en nuestra área metropolitana por la enorme comunidad centroamericana y salvadoreña que tenemos aquí”, dijo Trull. Comienza a entrevistar a padres y a crear cierta sensibilidad e información de lo que estaba ocurriendo: “Muchos de esos niños iban a compartir aulas de clase con muchos de mis oyentes estadounidenses y era importante que entendieran esa realidad”, comentó.

Le afectaba especialmente a Trull que sus oyentes no entendieran por qué esos padres arriesgaban la vida de sus hijos en un viaje tan cruel. Cuando tuvo la oportunidad de viajar a El Salvador no lo dudó. WAMU aceptó enviarlo y Trull produjo una serie de tres programas tan informativos como inquietantes.

Reportó y habló con los protagonistas de la realidad de la violencia pandillera, de las cicatrices de una guerra civil que todavía influye en el presente de un país golpeado, y dejó entrever las luces de esperanza que se iluminan con programas locales e internacionales para el desarrollo económico y educativo de la población —algunos de ellos con apoyo de Estados Unidos. Este trabajo, dijo, le produjo enormes satisfacciones: “La respuesta de la audiencia fue muy positiva, incluso me contactaron estadounidenses que habían vivido allá la época de la guerra”.

Recordamos con Trull su propio viaje migratorio: hijo de cubanos, su padre se va a trabajar a La Habana,para la empresa norteamericana de juguetes Matell, en el momento en que Fidel Castro llega al poder.

Cuando quisieron salir, la familia se enfrentó con la burocracia cubana y terminaron de refugiados en España.

“Yo no podía ir a la escuela, pero gracias a mis padres nunca pasé hambre”, contó. “Mi padre no podía trabajar legalmente pero se puso a vender perfumes por las casas y salimos adelante. Cuando finalmente yo llegué a Estados Unidos no hablaba una palabra de inglés, pero hablaba español como un gallego”.

La conversación con Trull oscila, entra y sale, en lo personal y lo profesional, con una fluidez llena de humanidad y sin reproches. Con la simple convicción de quien siente lo que hace.