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Un amor sólido a prueba de todo


Santiago David Távara | 2/15/2014, 4:15 p.m.
Un amor sólido a prueba de todo
Peggy Espejo y Miguel Álvarez han vencido muchos obstáculos y ahora celebran a lo grande el Día de San Valentín. | Alberto Álvarez

Él le dice “bebé”, “mi niña” o “mami”, y ella sólo lo llama “mi amor” y muy pocas veces “Plumita”, como conocen muchos al fotógrafo Miguel Ángel Álvarez desde su juventud por su velocidad y agilidad cuando jugaba fútbol en su natal El Salvador.

Peggy, una estadounidense de origen peruano, conoció a Miguel Ángel hace dos décadas cuando tenía 15 años y vivía en Virginia.

A los 17 años, la entonces tímida adolescente, decidió unir su vida con el único hombre de su vida, el que le enseñó a bailar salsa y con el que aprendió no a sobrevivir, sino a vivir con plenitud y vencer las adversidades de la vida.

La relación no ha estado libre de drama por la reacción iracunda de la familia de Peggy al saber que se había ido con un hombre mucho mayor que ella. Miguel Ángel era buscado por la policía, según una denuncia presentada por los familiares de Peggy, denuncia que luego fue retirada.

La saga apenas comenzaba cuando se trasladaron a Nueva York en 1995. Miguel Ángel tenía que armarse de valor. “O voy al bote (a la cárcel) o salgo adelante”, indicó Álvarez a El Tiempo Latino el viernes 7 en el Club de Prensa, una semana antes del Día de San Valentín.

En medio de las vicisitudes en Nueva York, Miguel Ángel cuenta que en una oportunidad Peggy “se sentó en la acera y dijo: ‘arruiné mi vida, ni siquiera tengo ropa para cambiarme”. La pareja lavaba su ropa por la noche para ponérsela al día siguiente.

Pero al regresar de Nueva York a Washington, luego de 8 meses, “llevábamos ropa como locos y compramos un carro”, luego de trabajar en fotografía, contó Miguel Ángel. En DC trabajó en las ligas locales de fútbol.

“Íbamos a la cancha, ella se ponía a leer y yo tomaba las fotos. Empezábamos a sobrevivir. Gracias a la fotografía, que es mi segundo amor, sobrevivimos”, indicó. Por su parte, Peggy terminó su secundaria y siguió estudios superiores. Ahora es contadora y notaria.

“El mayor significado del amor fue cuando mi hijo nació, quien es autista. Y muchos padres que tienen hijo con discapacidad abandonan a sus mujeres, no aguantan”, dijo Miguel Ángel, quien contó que ha tenido otras relaciones en el pasado que calificó como “problemáticas”.

“Es difícil conseguir una esposa que tenga las cualidades de ella, no es que quiera ensalzar a mi mujer, ella tiene el carácter más fuerte que el mío. Yo soy más arrebatado, pero entre ese carácter de ella y el arrebato mío hemos sabido hacer una mezcla”, recalcó.

¿Y por qué la tímida Peggy se sintió atraída del sociable “Plumita”?

“Su carrera me pareció muy interesante, y me di cuenta desde un principio que Miguel es una buena persona. Él siempre nos pone primero, a mí, a mi hijo y a mis perritos”, dijo Peggy en referencia a sus dos chihuahuas.

“Nunca nos pone en segunda categoría. Nosotros somos primero. Él a veces prefiere que nosotros comamos primero que él, no se preocupa tanto por sí mismo. Si el niño necesita algo y hace falta dinero, el niño es primero, yo segundo y él tercero. Miguel no es una persona envidiosa, al contrario, siempre me apoya, siempre me da ánimos. Igualmente, yo le ayudo y él me ayuda”, afirmó.

“En mi trabajo Miguel no me puede ayudar técnicamente con lo que hago pero a veces me ayuda a solucionar problemas. Nunca me regaña, nunca me culpa, nunca me juzga. Pienso que en una relación de pareja, tiene siempre que ser un equipo, en lugar de una competencia. Hay que ser tolerante, y sobrellevar y no mirar las pequeñeces”, recalcó Peggy.