Quantcast
El Tiempo Latino
7:53 p.m. | 79° 6/23/2018

"Tenía que cambiar... y lo hice"


Mis malos hábitos de comida estaban llevándome directo a la diabetes

Milagros Meléndez-Vela | 11/14/2014, 11:38 a.m.
"Tenía que cambiar... y lo hice"
SALUDABLES. Me hice amiga de los vegetales, frutas, granos y agua. | EFE

EN PRIMERA PERSONA                    
   Por Milagros Meléndez-Vela

EN PRIMERA PERSONA Por Milagros Meléndez-Vela

Noticia de impacto. Cuando en abril de 2011 mi doctora me dijo “estás al borde de la diabetes”, quedé media en “shock” y de inmediato se me vino a la mente las imágenes de papá y mamá, y la de dos de mis hermanos; quienes padecían de esa enfermedad. En ese entonces, papá recién había sido diagnosticado con Alzhaimer a causa de múltiples microinfartos provocados por los altos niveles de glucosa en la sangre. Diez años antes uno de mis hermanos había perdido casi todos sus dientes por una periodintitis aguda a causa de la diabetes y el otro hermano tenía que purificar su sangre para tratar la psoriasis también provocada por la enfermedad. Ante la posibilidad de ser diabética me entró un gran temor.

Qué significaba. El examen de sangre que me realizaron arrojó un nivel de alerta de glucosa en mi sangre. “Estás en un nivel de prediabetes” expresó mi médica. Los niveles normales de glucosa son de 70 a 100mg/dl en ayunas. Cuando los resultados son entre 100 y 126mg/dl se considera prediabetes. Ese día mis análisis en ayunas mostraron que yo tenía 110 mg/dl de glucosa.

Tienes que cambiar. ¿Qué puedo hacer? le pregunté a la médica — una vietnamita vegetariana que siempre está promoviendo unas dietas imposibles de cumplir—. Ella me miró a los ojos fijamente y con una voz muy suave me respondió como si fuera la solución más sencilla: “tienes que cambiar tus hábitos de comida, bajar de peso y hacer ejercicios”. La doctora Nguyen me conocía por más de una década y sabía que mi estilo de vida no era el más óptimo para una persona que tenía tendencia a la diabetes por generación. Pero yo no me daba cuenta.

¿Qué estaba haciendo mal?. Yo no consideraba tener malos hábitos ni me consideraba obesa. Aunque confieso que me pasé varios años tratando de bajar de peso, pues antes de casarme era talla 4 y con los años me subí a 10 (Y hasta esa talla me quedaba apretada). Al educarme me di cuenta de cómo estaba preparando mi cuerpo hacia el camino de la diabetes con mis malas costumbres. Errores que cometí se resumen en: Sin o mal desayuno: a veces no lo tomaba sin saber que el saltearme la primera comida del día incrementaba mis ansias por los carbohidratos y alimentos que engordan y se convierten en altos niveles de glucosa. Otras veces me compraba un desayuno al paso: un “egg and chesse muffin”, sin darme cuenta de las muchas calorías y grasa que tiene, sobre todo si lo acompañaba con los "hash browns" (papa majada frita). Desordenada: no tenía un horario de comida, desayunaba a diferentes horas y a veces ni almorzaba sólo me llenaba con galletitas o pan. Cena voraz: lo peor que hacía era pasarme varias horas sin comer y llegar a casa por la noche para “devorarme todo”. A veces cenaba a las 9 ó 10pm el plato fuerte que debía ser mi almuerzo. Gran error, porque por la noche el cuerpo no quema las calorías que ingiere y hay que comer más liviano, alejarse de los chocolates y pasteles que no tienen nutrientes. Mis acostumbrados apple pies en McDonald’s con mi amiga Gabi a las 9:45 de la noche al culminar los ensayos del coro de la iglesia me estaban “matando”, así como la acostumbrada "Noche de Familia" los jueves con pizza, buffalo wings y CocaCola. Peleada con el agua, frutas y ensaladas: podía pasar un día sin tomar un sólo vaso con agua. Las frutas en casa sólo se las comía mi esposo y a veces mi hija; y en mi menú no existían las ensaladas.