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Educar para la universidad y la vida

El plan de Don Bosco Cristo Rey H.S.
Alberto Ríos, director de admisiones de la escuela Don Bosco Cristo Rey High School en Takoma Park, Maryland

Alberto Ríos, director de admisiones de la escuela Don Bosco Cristo Rey High School en Takoma Park, Maryland

En 2007, un grupo de alumnos de noveno grado entró por primera vez a esta nueva escuela que abría sus puertas en Takoma Park, Maryland. Empezaron primero con un solo curso, y años tras año se fueron agregando estudiantes hasta llegar abrir el doceavo grado. Hoy, los que formaron parte de esa primera camada de la Don Bosco Cristo Rey High School (DBCR), están a punto de recibirse en la universidad.

La escuela, que es parte de la Arquidiócesis de Washington, de los salesianos de Don Bosco y de Cristo Rey Network of Schools, tiene capacidad para 500 alumnos, y su objetivo fundamental es ofrecer educación preparatoria para la universidad a aquellos alumnos cuyos hogares no tienen los recursos económicos suficientes como para costear los estudios de sus hijos.

"Pensamos cubrir el cien por ciento de nuestra capacidad cuando cumplamos el décimo aniversario", comentó Alberto Ríos, director de admisiones de la escuela. "Este año se abrió el pabellón de ciencias y se hicieron más aulas. Tenemos tres laboratorios de ciencias súper modernos, y allí los alumnos pueden hacer experimentos de alto nivel".

El 15 de noviembre de 12 a 2 PM, la escuela tiene previsto su Open House, y si bien no hay una fecha límite para la inscripción, para el próximo ciclo hay un cupo de 450 alumnos en toda la escuela. Habitualmente ingresan cerca de 150 estudiantes por año.

El aspirante debe tener 14 años o más, estar decidido y comprometido con el objetivo de seguir una carrera universitaria, estar dispuesto a trabajar un día por semana, y pertenecer a familias de bajos recursos.

"La intención es enviarlos a la universidad con becas y con préstamos del gobierno que no tengan que devolver, y que vayan con la mayor cantidad del costo cubierto por la universidad", dijo Ríos.

Como parte del programa educativo de DBCR, los estudiantes deben trabajar una vez por semana, cinco veces al mes en empresas que están asociadas con la escuela, entre ellas los hospitales y las universidades del área, como también en oficinas de abogados, o en el departamento de educación de Montgomery County. Los trabajos, que apuntan a entrenarlos para entrar en el mercado laboral abarcan contabilidad, relaciones humanas, finanzas o mercadeo.

El estudiante se entrena durante tres semanas para luego hacer esta suerte de pasantía en las compañías que se encargan de pagar el 50 por ciento del costo de la educación del alumno. La escuela y otras entidades se encargan de que el 80 por ciento del costo educativo de casa estudiante esté cubierto, y los padres sólo pagan el 20 por ciento, que es de aproximadamente $ 2500 al año. Los que no pueden pagar, tienen la posibilidad de pedir más ayuda.

Las clases tiene poca cantidad de alumnos para que puedan interactuar con los profesores y reciban atención personalizada.

"Son muchos beneficios que les da ese trabajo, además de formarlos para la vida laboral, los ayuda a aprender cómo organizar su tiempo", apuntó Ríos, hijo de paraguaya y argentino de la zona de la provincia de Corrientes, donde, igual que en Paraguay, se habla el guaraní. "Para los hijos de familias de bajos recursos, es muy importante que rompan la barrera y sean de la primera generación que ingresa a la universidad. Y uno de los requisitos para que nuestros alumnos se reciban es que hayan mandado la suscripción a tres universidades como mínimo".

El colegio tiene un sector especial para tecnología, y el objetivo es que para el año que viene, los alumnos empiecen con un entrenamiento en IT. De esta forma, al terminar el doceavo grado obtendrán una certificación que les permitirá emplearse en compañías especializadas en este rubro.

La DBCR tiene un grupo de consejeros que hacen un seguimiento del estudiante tanto en su vida académica, como en su vida social, familiar y espiritual. Y en muchos casos, según afirma Ríos, algunos de sus ex alumnos que ya están cursando la universidad, prefieren volver a consultar a los consejeros de la escuela porque con ellos se sienten como en casa.



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