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De DC a Guatemala por amor al baloncesto


Un programa cultural de Hoops Sagrado

Ashlee Brown Blewett-The Washington Post | 9/19/2014, 6 a.m.
De DC a Guatemala por amor al baloncesto
The 2014 team Hoops Sagrado Basketbol poses in Washington before going to Guatemala. The teenagers will spend three weeks in Guatemala sharing their love of basketball with fifth- and sixth-grade kids. (Jason Dixson) | (Jason Dixson)

Los nervios de Carlos y Johanna desaparecieron en cuanto conocieron a sus familias anfitrionas.

Johanna cuenta que su mamá anfitriona, Marina era “muy graciosa”. A Johanna le encantó mucho la comida de mamá Marina, quien acostumbraba llenar su plato de comida aun después de que Johanna estuviera llena.

La familia anfitriona de Carlos vivía en la misma calle de mamá Marina. “Yo y mamá Carmen tuvimos una conexión instantánea”, recuerda Carlos.

Ayudó mucho que Carlos y Johanna hablan español: sus padres son de El Salvador, otro país centroamericano que tiene frontera con Guatemala. Pero todo el equipo Hoops Sagrado se adaptó rápidamente a la rutina diaria.

Los campamentos

Cada mañana, los estudiantes desayunaban con sus familias anfitrionas antes de caminar a un café local donde se reunían con sus maestros de español y quiché. Por la tarde, tomaban un autobús a las aldeas de Pachaj, Xejuyup, Chirijiquiac y Chuisuic.

Cada campamentos tenía 10 niños y 10 niñas.

“Los niños estaban tan felices de vernos”, dijo Carlos. “Ellos querían autógrafos, abrazos y besos en las mejillas”.

Johanna recibió una bienvenida igualmente cálida. “Me tuvieron confianza tan rápido, y nos trataron como gente realmente importante”, dijo.

Cada día, Carlos, Johanna y sus compañeros entrenaban a los participantes en diferentes técnicas del baloncesto como hacer pases con la pelota, tiros al aro y contraataque. Comunicarse era un reto diario debido a que la mayoría de los visitantes sólo hablaban inglés y los campistas sólo hablaban español o quiché.

Muchas veces los niños de Washington hacían gestos y demostraciones para que los participantes luego los imitaran. Otras veces se comunicaban a través de imágenes. Los más valientes se atrevían a hablar frases en español que habían aprendido en la clase de la mañana. Johanna y Carlos ayudaron a traducir para sus compañeros de equipo.

Después de dos semanas y media de entrenamientos (y de establecer nuevas amistades) el campamento culminó con un torneo entre las cuatro aldeas. Los niños jugaron muy bien. Querían impresionar a sus maestros pero al final solo un equipo de niños y otro de niñas serían ganadores. Los niños y niñas de la Aldea de Pachaj, que eran parte del grupo de Johanna fueron al final los campeones.

“Pachaj no había ganado un campeonato en los últimos cinco años”, recordó Johanna. Los niños gritaban y saltaban de alegría en la cancha.

Después del torneo los jóvenes instructores y los campistas intercambiaron abrazos y entre lagrimas se dijeron adiós. Fue entonces que Carlos y Johanna decidieron que querían regresar el próximo verano.

“Mis campistas dijeron que sintieron como si yo fuera familia”, dijo Johanna. “Eso me hizo sentir muy bien.” Los niños mayores le dijeron que incluso si estuvieran trabajando el próximo verano, iban a venir y visitarla en la cancha de baloncesto.

Carlos dice que al volver tendría un objetivo: “Quiero ver lo mucho que los niños mejoraron”, dijo. “Porque me dijeron que el próximo año van a ganar el torneo “.

Por su parte Johanna, acepta el reto: “¡Dale!”

— Trucido del inglés por Luz Lazo