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Tras la odisea del cruce, el reto de la integración


Menores que emigraron solos de manera ilegal viven impacto del cambio. Solidaridad es clave en el proceso de adaptación de los niños que migran solos

Milagros Meléndez-Vela | 9/26/2014, 1:31 p.m.
Tras la odisea del cruce, el reto de la integración
VIRGINIA. Como a muchos menores que dejan su país, a Brandon Terríquez le costó adaptarse a su nueva vida en EE.UU. La escuela ha sido crucial para su integración. | Milagros Meléndez-Vela

RECIÉN LLEGADO. Brandon con su mamá Trinididad Ramírez, papá Julio Terriquez y hermanitos Chally y Aury, en junio cuando empezó a conocerlos.

RECIÉN LLEGADO. Brandon con su mamá Trinididad Ramírez, papá Julio Terriquez y hermanitos Chally y Aury, en junio cuando empezó a conocerlos.

Springfield, VA.- Brandon Terríquez, de 15 años, soñaba con viajar a Estados Unidos para estar con sus padres a los que no veía por años. La violencia y las drogas se estaban apoderando de su barrio en el departamento Izabal, en Guatemala, contó Brandon, quien vivía con sus abuelos de 73 y 81 años.

Por fin tras una traumática travesía y haber sido detenido por Inmigración al cruzar la frontera, el adolescente fue puesto en libertad y se reunió en mayo con sus padres, en Virginia. Sin embargo, un mes después quería regresarse al país del cual “huyó”.

"Yo me quiero regresar aquí todo es tan distinto”, expresó el adolescente en junio cuando El Tiempo Latino lo entrevistó por primera vez con sus padres en su hogar de Springfield, Virginia.

A Brandon se le llenaban los ojos de lágrimas cuando hablaba de sus abuelos que lo criaron. “Los extraño muchísimo y me preocupa cómo están”, expresó.

Su madre, Trinidad Ramírez, quien había anhelado el encuentro con ansias y disfrutó los abrazos de su hijo durante los primeros días de la reunificación mostró tristeza al señalar que el ajuste en la familia había sido díficil.

“Para nuestro hijo, nosotros somos como unos extraños. Yo lo dejé cuando era un niño y ahora es un jovencito”, dijo en ese entonces la madre del adolescente, Trinidad Ramírez.

Como muchos de los más de 63 mil niños que han cruzado la frontera de manera ilegal solos desde octubre pasado, Brandon se enfrentó a otro duro reto: el de la adaptación a su nueva vida.

“Es un proceso díficil para estos chicos, que muchas veces tienen que lidiar con traumas, sentimientos de abandono y control de la cólera, que se suman a la falta del inglés y otros aspectos”, expresó la delegada estatal de Maryland, Ana Sol Gutiérrez.

Precisamente Sol Gutiérrez y una decena de representantes de organizaciones locales y nacionales que asisten a los niños migrantes se reunieron el miércoles 24 en la Casa Blanca con funcionarios del gobierno para hablar sobre las necesidades de estos menores una vez que se reunifican con un familiar o tutores.

Hoy, tras recibir ayuda e integrarse en la escuela, Brandon ya no se quiere ir. Sabe que su bienestar está aquí.

El martes 23 de septiembre, cuando El Tiempo Latino regresó a visitar a la familia a su hogar, Brandon —con un cabello más claro y gafas oscuras— sonreía al llegar de la escuela.

“Ya no me quiero regresar, aunque extraño a mis abuelos”, sonrió al abrazar a su madre.

La escuela y la iglesia en donde participan han sido cruciales en el proceso de adaptación para Brandon. En julio asistió a la escuela de verano y conoció a varios amigos y compañeros.

Hoy cursa el noveno grado en la Robert Lee High School, en el condado de Fairfax.

“Estoy en mis clases de ESL (Inglés como Segundo Idioma) y tengo muchos amigos, algunos de ellos que han emigrado recién como yo”, contó.

“Mis maestros son comprensivos y me explican lo que no entiendo. También mis compañeros de clase me ayudan con la traducción”, manifestó.