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"Go back to Univision"

Trump vs. Ramos: tensión en la sala de prensa
El periodista Jorge Ramos. Caricatura de Gogue.

El periodista Jorge Ramos. Caricatura de Gogue.

El aspirante a candidato presidencial por el Partido Republicano, Donald Trump, ha conseguido algo que para sí quisieran muchos políticos: liderar en las encuestas de su partido y que se hable constantemente de él.

El capítulo —que no será el último— de la telenovela Trump, el martes 25 de agosto, incluyó un subtexto xenófobo o antimexicano (“Go back to Univision”), una declaración de amor a los miles de trabajadores hispanos que trabajan para él (“I love them… They love me”), un insulto a Jeb Bush —su mayor adversario en este momento para la nominación— (“Incompetent”), la explicación a cómo iba a construir un muro de 1.200 millas en la frontera sur (“Very easy, I am a builder”), y por qué sólo él puede solucionar el problema migratorio en Estados Unidos y, sin duda, cualquier problema que se le presente en la Oficina Oval (“I am a great manager… I hire incredible people”). Fue toda una declaración de principios articulada en una atropellada conversación con el periodista de Univisión Jorge Ramos.

Pocos minutos antes, Ramos había sido expulsado de la sala por un miembro del servicio de seguridad de Trump. Ramos no se callaba y Trump no le daba la palabra. Fuera de la sala, siempre seguido por una cámara, Ramos fue increpado por un hombre que le dijo: “Go back to your country!” Ramos respondió que él era ciudadano estadounidense a lo que el individuo dejó caer un “Whatever!”

Luego de unos tensos minutos, un miembro de la campaña de Trump le indicó a Ramos que podía regresar a la sala de prensa y lo que siguió fue un intercambio atropellado entre el político, con micrófono, y el reportero, con voz pero sin sonido. Un combate desigual pero que sirvió para poner sobre la mesa temas dignos de debatir en el gran diálogo que esta nación necesita con urgencia. Hablo de la enmienda 14 de la Constitución —la ciudadanía ganada por nacimiento sin importar el origen ni el estatus de los padres. Pienso en la inmigración siempre etiquetada por políticos como Trump desde lo criminal —lo cual no se corresponde ni con la realidad estadística, ni con la positiva realidad económica.

Repensar constituciones y enmiendas o reformar un sistema migratorio que no funciona no se hace a gritos, ni con eslógans, ni describiendo escenarios apocalípticos de malignos ilegales cruzando a pie o saltando muros (sólo por la frontera sur) en busca de depositar un bebé y futuro ciudadano sobre las espaldas de todos los estadounidenses. Y cuando no vienen a parir, vienen a violar o a cometer crímenes, dice el aspirante republicano.

Uno de los problemas de Trump (que no lo es para sus miles de seguidores) es la manera en que articula y percibe problemas reales que afectan directamente a muchas familias estadounidenses. Trump podría hablar de cómo controlar el fraude contra la enmienda 14 o cómo establecer un plan de trabajadores huéspedes racional y humano. De hecho, una gran dama republicana, Helen Krieble, tiene desde hace años un plan para conectar trabajadores extranjeros con empresas que los necesitan en Estados Unidos, denominado The Red Card Solution, al que ni el partido Republicano ni Trump han prestado la más mínima atención. Parece que para el "great manager" la única acción "humana" a ejecutar hacia el tema migratorio es la deportación masiva. Sin duda, una administración Trump batiría el récord de deportaciones de la administración Obama.

Si quieren cifras, vayan a Google. Yo lo voy a decir de otra manera. Es una manera simple. Jorge Ramos la repite constantemente: la inmigración no trae crimen a Estados Unidos, al contrario, es fuente de riqueza y uno de los combustibles que alimentan el motor de esta gran nación. Si Trump es el gran gestor, manager, que dice ser debiera empezar a gestionar la realidad de su país en positivo. La inmigración hay que saber gestionarla para no mantener rehenes a trabajadores que quisieran entrar y salir del país con fluidez, evitando así la ciudadanía sin remedio a la que tanto temen los republicanos.

Jorge Ramos tiene derecho a ser un reportero pesado, incluso a rozar la impertinencia. Donald Trump, como político y aspirante a servidor público no puede —aunque lo hace— tratar a un periodista como una figurita que quita o pone a su antojo en su sala de prensa privada.

Es obvio que el “business model” de Trump le funciona al candidato y tal vez al empresario —incluyendo las demandas millonarias a Univisión y al chef José Andrés. Pero a su modelo político le falta la visión y la misión del líder que debe entender que Estados Unidos es cada vez más urbano, más mezclado, o sea, sofisticado, racial y culturalmente. Que el país vive una transformación tecnológica, laboral e incluso religiosa. Que hay una nueva moralidad en muchas calles del país y una globalización de las amenazas tanto militares como financieras. Que un político del siglo XXI tiene que entender que estos cambios significan la llegada de una nueva nación. Y que resistirse a aceptar lo nuevo, negarse a manejar la realidad de la nación cambiante y emergente, nos conducirá al fracaso.

Por eso Ramos tiene derecho a preguntar y Trump tiene el deber de articular una nueva visión estadounidense. Pero no lo hace.

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Avendaño es Director de El Tiempo Latino, la publicación hispana de The Washington Post. @AlbertoAvendan1 alberto@eltiempolatino.com