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Caicedo: "El humor es altamente radioactivo"


Je Suis Charlie

Alberto Avendaño-ETL | 1/15/2015, 2:55 p.m.
Caicedo: "El humor es altamente radioactivo"
El caricaturista Armando Caicedo se autoretrata delante de un terrorista | Caicedo

Armando Caicedo, caricaturista, escritor, artista gráfico.

Archivo-ETL

Armando Caicedo, caricaturista, escritor, artista gráfico.

Es periodista y, además, sabe escribir. Perdón por el chiste, pero si los humoristas tuvieran que pedir perdón cada vez que abren la boca o dibujan una caricatura caerían en un estado de eterno y catatónico arrepentimiento. El estado catónico implica rigidez e inmovilidad, algo imposible para este hombre que vive siempre al borde de un ataque de nerviosa lucidez e incómodas opiniones.

Armando Caicedo ha sido profesor universitario en Colombia —decano en la Facultad de Publicidad en la universidad Central—, ha escrito tres novelas y libros sobre el humor... pero, sobre todo, y ése es mi privilegio, lleva colaborando conmigo unos 15 años.

Caicedo se asoma todas las semanas por esa ventana que El Tiempo Latino le cedió —al comenzar el nuevo milenio— bajo tres compromisos: opinar con total libertad sobre los hechos que afectan a nuestra comunidad hispana; defender las buenas causas que son patrimonio del espíritu americano; y hacer pensar a nuestros lectores.

Que en muchas ocasiones las opiniones gráficas de Caicedo y las mías no coincidan, nos hacen más fuertes, a mí como persona, como su amigo y como director de El Tiempo Latino, que es hoy la publicación hispana de The Washington Post. Nuestros eventuales desacuerdos reflejan nuestra —la mía y la de mi medio de comunicación— consideración por la diversidad, nuestra vocación por la sana convivencia entre las culturas y nuestro respeto a las opiniones ajenas.

En estos días de horror, cuando la libertad de expresión y el humor pretenden ser silenciados por acciones terroristas, no me quedó otro camino que ir hasta ese recuadro editorial donde se refugia Caicedo, golpear a su puerta y someterlo a un serio interrogatorio.

La idea es compartir con nuestros lectores su opinión, sobre lo que sienten los humoristas cuando se abre un debate moral sobre sus presuntos excesos y sobre la mortal reacción de quienes se sienten ofendidos.

—¿Cómo se siente un caricaturista cuando se debaten los fundamentos éticos de su profesión?

—¡Confundido! Quienes vivimos del humor, somos tímidos, esquivos y modestos. Pero, de súbito, resultamos trepados en el escenario público, nos alumbran con reflectores, y, sin ensayo, debemos representar dos papeles: héroes y villanos.

—¿Por qué ‘héroes y villanos’ al mismo tiempo? ¿Todo humorista tiene doble personalidad?

—¿Me quieres sicoanalizar? Primero, debo confesar que me tocó ser humorista contra mi voluntad y a contrapelo de la cantaleta de mi madre que insistía: “si no eres serio, no vas a llegar a ninguna parte”. Para acabar de regarla, me tocó ser caricaturista, porque nadie es perfecto y, además, tenía que pagar las cuentas. De la misma manera accidental, ahora nos tocó actuar —en simultánea— como “héroes” y “villanos”. Héroes que defendemos la libertad de expresión y villanos que abusamos de ella.

—¿Es el humor editorial una actividad de riesgo?

—Siempre que uno emplea la sátira y el humor para dejar en evidencia una injusticia, no falta el desgraciado que te coloca en su lista de “los diez más odiados”.

—¿Se debe o no hacer humor sobre la religión?