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En Cuba, el pasado es presente


El viaje sentimental de Juan José Valdés

David Montgomery-The Washington Post | 5/31/2015, 5:49 p.m.
En Cuba, el pasado es presente
Juan José Valdés llegó a Estados Unidos, desde su Cuba natal, en 1961 cuando tenía 7 años. Hoy trabaja para National Geographic en Washington, DC. | André Chung-via-TWP

El niño Juan José Valdés monta en triciclo en su vecindario de La Habana.

Cort. JJValdés

El niño Juan José Valdés monta en triciclo en su vecindario de La Habana.

Cort. JJValdés

Copia del pasaporte cubano de Juan José Valdés cuando fue enviado por sus padres a vivir con amigos en Miami.

Cort. JJValdés

Copia del pasaporte cubano de Juan José Valdés cuando fue enviado por sus padres a vivir con amigos en Miami.

Valdés celebra su séptimo cumpleaños La Habana, en el mes de septiembre de 1960. Detrás de él están sus padres, Juliana y José. A su derecha está su primo Miguel; detrás de Miguel está la prima Mayda.

Cort. JJValdés

Valdés celebra su séptimo cumpleaños La Habana, en el mes de septiembre de 1960. Detrás de él están sus padres, Juliana y José. A su derecha está su primo Miguel; detrás de Miguel está la prima Mayda.

Juan José Valdés

André Chung-via-TWP

Juan José Valdés

Valdés dirigió la creación de este mapa de Cuba para National Geographic. Fue el primero que el organismo hacía desde 1906.

(© 2013 National Geographic Society, Washington. D.C)

Valdés dirigió la creación de este mapa de Cuba para National Geographic. Fue el primero que el organismo hacía desde 1906.

Juan Valdés junto a su padre, José Valdés, en el sótano de su casa de Gaithersburg, en Maryland, donde guarda su colección de trenes.

André Chung-via-TWP

Juan Valdés junto a su padre, José Valdés, en el sótano de su casa de Gaithersburg, en Maryland, donde guarda su colección de trenes.

Valdés, centro, se reunió con sus primos, Mayda Arecelia Valdés Pérez y con Miguel Gerardo Valdés Pérez, 52 años después en La Habana.

David Montgomery-The Washington Post

Valdés, centro, se reunió con sus primos, Mayda Arecelia Valdés Pérez y con Miguel Gerardo Valdés Pérez, 52 años después en La Habana.

LA HABANA – Un niño, de nombre Juan José Valdés, va sentado en el Dodge Coronet rojo de su familia, un auto con neumáticos de banda blanca y aletas traseras. Es una mañana de agosto de 1961 en La Habana. Juan José cumplirá 8 años el próximo mes. Sus padres lo están llevando al aeropuerto, donde se despedirán de él. Juan José es su único hijo.

Normalmente, al niño le gustaba ir al aeropuerto. La mayoría de los sábados, ése era el destino de él y su tío Eladio para divertirse. Comenzaban estudiando el mapa de La Habana en la antigua muralla colonial, cerca de la estación del tren. Luego, tomaban un tren hacia el aeropuerto para ver los aviones. Eladio interrogaba a Juan sobre las aerolíneas internacionales. Eran sus primeras lecciones de geografía.

Los mapas y los trenes eran los recursos que usaba el niño para mantenerse orientado en aquellos tiempos de cambio vertiginoso. A los 5 años, había seguido el avance de las fuerzas de Fidel Castro en un mapa de carreteras de la Esso.

Cuando cumplió 6, en 1959, la revolución ya había triunfado. Un día, un tren cargado de campesinos rugió por las vías cercanas a la pequeña casa de la calle Continental, donde Juan vivía en el segundo piso, con su madre y su padre. Un aviso en la parte delantera de la máquina de vapor negra decía: "Gracias Fidel".

Juan había recibido un tren eléctrico de regalo en su sexto cumpleaños. El motor pesaba un par de libras. Botaba un vapor que parecía humo, y prendía y apagaba los focos delanteros. Tenía un furgón de cola rojo con el sello "Hecho en los Estados Unidos de América".

Las ventanas de la escuela primaria católica de Juan se estremecieron el día de marzo de 1960 en que un carguero francés lleno de municiones belgas explotó en el puerto. Su profesor improvisó una lección sobre la ruta que el barco había tomado hacia Cuba.

Ese septiembre, los familiares y amigos sonrieron una vez más ante la cámara, para la típica foto del séptimo cumpleaños de Juan. Posaron detrás de la mesa del comedor, Juan frente a sus padres. A su derecha, de pie, sus primos Mayda y Miguel.

Siete meses después, en abril de 1961, se produjo un ataque en un lugar cuyo nombre en inglés no aparecía en ninguno de los mapas de Juan: Bahía de Cochinos.

Ahora, el 10 de agosto, es el adiós.

Juan trata de ser valiente en la sala de embarque conocida como La Pecera. Sus padres están al otro lado del cristal, con sus ojos húmedos, tratando de comunicarse.

Muchos detalles de ese día, y de la vida que terminó tan abruptamente, fueron encerrados en un armario mental que el geógrafo de 60 años de edad, residente en Gaithersburg, Maryland (en el área metropolitana de Washington, DC) se esforzaría algún día en abrir cuidadosamente. Pero algunas impresiones lo atormentaban en sus sueños.