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La muerte une El Salvador y Virginia

El asesinato de Danny Centeno salta las alarmas policiales sobre las maras
Compañeros de Danny Centeno Miranda en la escuela secundaria Park View en el condado de Loudoun, en Virginia, organizaron una vigilia el domingo 6 de septiembre en memoria de su compañero. También levantaron un altar sobre las escaleras sobre las que encontraron el cuerpod e Centeno herido de dos balazos, el viernes 4.

Compañeros de Danny Centeno Miranda en la escuela secundaria Park View en el condado de Loudoun, en Virginia, organizaron una vigilia el domingo 6 de septiembre en memoria de su compañero. También levantaron un altar sobre las escaleras sobre las que encontraron el cuerpod e Centeno herido de dos balazos, el viernes 4.

El domingo 6 de septiembre, un vecino deposita un sobre en un altar improvisado sobre las escaleras que conducen a la casa donde vivía Danny Centeno Miranda, en el condado de Loudoun, Virginia. Centeno cayó sobre estas escaleras luego de recibir dos disparos por la espalda, el viernes 4.

CORT. Armando Trull

El domingo 6 de septiembre, un vecino deposita un sobre en un altar improvisado sobre las escaleras que conducen a la casa donde vivía Danny Centeno Miranda, en el condado de Loudoun, Virginia. Centeno cayó sobre estas escaleras luego de recibir dos disparos por la espalda, el viernes 4.

El periodista Armando Trull ante una bartolina (calabozo) en Lourdes, un cantón de Colón, en el departamento de La Libertad en El Salvador.

CORT. Armando Trull

El periodista Armando Trull ante una bartolina (calabozo) en Lourdes, un cantón de Colón, en el departamento de La Libertad en El Salvador.

Velas en memoria del joven salvadoreño, Danny Centeno, en el condado de Loudoun, Virginia.

CORT. Armando Trull

Velas en memoria del joven salvadoreño, Danny Centeno, en el condado de Loudoun, Virginia.

CORT. Armando Trull

En este árbol se encontró una bala. Al fondo se ve la entrada a la vivienda donde el joven de 17 años Danny Centeno caería abatido bajo los disparos.

CORT. Armando Trull

En este árbol se encontró una bala. Al fondo se ve la entrada a la vivienda donde el joven de 17 años Danny Centeno caería abatido bajo los disparos.

El Salvador ya sufre un número récord de asesinatos: más de 4.000 en lo que va de año. Y la mayoría de estas muertes ocurren como resultado de la violencia entre pandillas, o maras, y en tiroteos con la policía.

Esa violencia, tan lejana aparentemente, puede tener efectos en el área metropolitana. El viernes 4, un joven de 17 años fue asesinado delante de su casa en el condado de Loudoun en Virginia. En el vecindario hablan de maras. Y la policía explora esa conexión.

Pero volvamos a El Salvador: Colón es un pueblo del departamento de la Libertas, a unas 10 millas de San Salvador. Y Lourdes es uno de sus cantones más pobres. En la estación de policía, los calabozos (o bartolinas como se les conoce aquí) apestan a orina y sudor. Las tres celdas que vi estaban abarrotadas de presos. Algunos se tumbaban sobre el suelo o se agarraban a las rejas. Otros se balanceaban sobre hamacas rotas.

Escucho una voz que me llama desde el interior de una celda. Me habla en inglés.

“Llevo aquí un mes y medio, hay gente que lleva aquí cuatro meses, seis meses”, me dice un reo, barbudo, quien me cuenta que fue deportado de Estados Unidos hace unos años y añade: “Y cuando llueve, el agua se mete en la celda”. Dijo que había 31 hombres en su celda.

Para el jefe de Policía de Colón, Marcos Lima, “el sistema penitenciario del país estea en crisis”. Lugares donde los presos debían pasar unos días se han convertido en cárceles improvisadas. Hay más de 5.000 personas en bartolinas salvadoreñas. ¿Y por qué nos puede interesar lo que pasa en las celdas de ese país? Esta es la respuesta:

“Hay evidencias de que los mareros de El Salvador estean dirigiendo actividades aquí en Maryland, cometiendo asesinatos”, dijo el fiscal del estado de Maryland Rod Rosenstein.

Su oficina ha llevado ante la justicia a pandilleros de la mara MS 13 y de Barrio 18, principalmente en los condados de Montgomery y Prince George’s. Muchos de los mareros detenidos tienen vínculos directos con miembros que están en la cárcel en El Salvador.

“Hace unos cuatro o cinco años tuvimos un caso en el que presentamos una grabación en video que había sido hecha en una cárcel salvadoreña en el que se les gritaba a sus colegas aquí en Maryland”.

“¿Existe chantaje y extorsión en el área metropolitana de Washington? Sin duda”, afirmó el detective Ray Betts que trabaja con la Fairfax County Police Gang Unit. Betts ha estado en El Salvador investigando casos y entrenando a miembros de las fuerzas policiales salvadoreñas.

“Cada vez hay más actividades clandestinas. Quiero decir que vemos más casos de tráfico de mujeres y explotación sexual, así como narcoráfico”, indicó Betts.

Parte de los beneficios de estas actividades regresan a El Salvador en forma de una especie de cuota de franquicia criminal.

José es un ex pandillero que fue deortado a El Salvador desde el área de Washington donde vivía. Él dijo que es fácil lavar dinero en pequeñas cantidades.

“Te vas a moneygram y le envías a alguien 500 dólares, 300 dólares, de vez en cuando...” Así el dinero llega a manos de los jefes de la mara, incluso llega a los que están en la cárcel, aseguró José.

Hay 12.000 mareros en las cárceles salvadoreñas, incluyendo a altos jefes. Y en este año, el gobierno ha apretado el cerco contra la actividad pandillera.

Precisamente esa dureza ha resultado en la explosión de violencia que asola hoy al país. El detective Betts dijo que las autoridades del área están alerta.

“Si alguien se escapa de El Salvador y viene aquí para huir de las maras, estamos pendientes, existe una constante comunicación entre los dos país, así que eso es otra preocupación”.

Una de esas personas que huyó de la violencia de El Salvador fue el joven de 17 años, Danny Centeno, quien llegó hace unos años, cruzando solo la frontera, y se asentó con familiares en Sterling, Virginia. Su tío, Porfirio Baires, dijo a El Tiempo Latino que Danny había sido amenazado por las maras salvadoreñas porque, debido a su trabajo como moto-taxi, el menor debía cruzar con frecuencia territorios controlados por maras en el pueblo de Ilobasco.

“Nunca pensamos que iba a venir acá para encontrar la muerte”, dijo Baires.

El viernes 4, Danny fue tiroteado por otro joven de 17 años que iba acompañado de otros dos salvadoreños indocumentados. Los sospechosos del asesinato han sido vinculados con las maras, probablemente con la MS-13. Ahora las autoridades siguen investigando las conexiones con el mundo criminal pandillero en la muerte del joven en Sterling. Su tío dice que Danny acababa de conseguir una visa legal de residencia en parte por la posibilidad de un ataque de las maras. Ahora sus familiares tratan de recaudar fondos para enviar su cuerpo de regerso a El Salvador.