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Refugiados con destino incierto


Conversación con Delmi Ávarez, en Idomeni, Grecia, fotografiando la tragedia de un “gran fracaso político”

Por María Xosé Porteiro/Especial para ETL | 4/7/2016, 3:18 p.m.
Refugiados con destino incierto
CRISIS. Campamento de refugiados de Idomeni, Grecia, en marzo de 2016, donde viven más de 12.000 personas. El fotógrafo español Delmi Álvarez documentó la crisis humanitaria que vive Europa. | Delmi Alvarez

NIÑOS. Esperando a recibir comida en el campo de refugiados de idomeni, Grecia.

Delmi Alvarez

NIÑOS. Esperando a recibir comida en el campo de refugiados de idomeni, Grecia.

El acuerdo firmado tras la Cumbre de Jefes de Estado europeos con el gobierno turco el 18 de marzo pasado concedió 6.000 millones de euros a Turquía, clasificado anteriormente por la propia UE como “país no seguro”, para que gestione todo el flujo migratorio hacia Europa, incluidos los demandantes de asilo por motivos políticos. Este hecho ha recibido quejas de la ONU y de ONGs como Médicos Sin Fronteras que cuestionan la legalidad del acuerdo y que se pone en peligro la vida de miles de seres humanos que se encuentran en situación desesperada.

El Papa Francisco ha calificado a esta crisis humanitaria como la peor después de la Segunda Guerra Mundial, pero los países más ricos del mundo han sellado sus fronteras con vallas electrificadas o llenas de afiladas cuchillas, vigiladas por un cuerpo especial de policía (Frontex) que disuade violentamente a quienes pretenden entrar en Europa.

ESPERA. Mujeres y niños hacen cola para poder recibir una comida en Idomeni, Grecia.

Delmi Alvarez

ESPERA. Mujeres y niños hacen cola para poder recibir una comida en Idomeni, Grecia.

Los campos de refugiados de los países que están en la frontera del llamado espacio Schengen —delimitado por los miembros de la Unión— se han convertido en auténticos campos de concentración dominados por las mafias de trata y tráfico de personas, donde se dificulta la labor o se expulsa a las organizaciones humanitarias que dan asistencia médica y provisión de alimentos a las personas allí retenidas, se constatan frecuentes agresiones y violencia policial y donde no puede esperarse el amparo institucional ni gubernamental.

Se les llama refugiados, pero en realidad, son personas que no encuentran refugio en ninguna parte. El término más aproximado a su realidad es el de transmigrantes: personas que transitan por países o lugares sin llegar a establecerse o quedarse en alguna parte.

El fotógrafo Delmi Álvarez

Delmi Alvarez

El fotógrafo Delmi Álvarez

“Entre 2000 y 2013, más de 23.000 seres humanos perdieron la vida en el intento de llegar a las puertas de la Unión Europea”, nos recuerda Delmi Álvarez, fotógrafo, documentalista y estudioso de la antropología histórica, en su trabajo “Transmigrants-in progress” (www.delmialvarez.com/transmigrants/) donde se documenta y refleja esta epopeya que caracteriza a las nuevas migraciones del S. XXI.

“Nacemos emigrantes o descendemos de ellos, esto forma parte de nuestra historia desde el principio de la humanidad”, dice Álvarez y con esa seguridad explica su interés e implicación en divulgar y documentar para futuras generaciones el horror de este gran fracaso político que empieza a provocar airadas protestas de la ciudadanía europea, dividida entre el sentimiento solidario ante esta tragedia, y el miedo y el aumento de la xenofobia que crece día a día por los atentados del terrorismo islamista.

El 21 de marzo, tres días después del acuerdo con Turquía, Bruselas fue objeto de un brutal atentado en pleno centro de la ciudad que dejó una treintena de muertos y unos 200 heridos. El sentimiento de repulsa es unánime, pero convive con la empatía y la preocupación por el desamparo que miles de personas sufren en su intento de huir de ese mismo terror en sus países de origen.

“Europa será un geriátrico en 2050”, explica con rotundidad Delmi Álvarez, que no se explica por qué se rechaza acoger a una cantidad pequeña de personas -comparada con el total de la población europea- y que, a diferencia de otras épocas, tienen alta cualificación y recursos económicos, por lo que no supondrían una carga directa sobre la economía de la región sino, al contrario, “podrían rejuvenecer la pirámide invertida en que se ha convertido la demografía europea”. Este fotógrafo y documentalista ha recorrido prácticamente la totalidad del planeta en sus búsquedas de testimonios de los fenómenos migratorios.