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"Noche de Paz": historia de un villancico legendario


El villancico navideño más famoso de todos los tiempos nació hace casi dos siglos en un pueblo austriaco gracias a un volcán indonesio y un órgano dañado. Hoy se interpreta en todo el mundo

Michelle Nissnick | 12/27/2016, 11:49 a.m.
"Noche de Paz": historia de un villancico legendario

Han pasado cinco meses desde del estallido de la Primera Guerra Mundial. Ingleses y alemanes se enfrentan en las trincheras separadas por la Tierra de Nadie. En Nochebuena la desesperación cunde en los dos ejércitos, pues se les prometió que la contienda estaría ganada para esa fecha. Pero aún siguen estancados y lejos de sus familias.

De repente, los ingleses oyen cantar a los alemanes una melodía que ellos también reconocen. Se asoman y ven las trincheras germanas repletas de árboles navideños. Entusiasmados, los ingleses deciden unirse a ellos cantando ese mismo villancico en su propia lengua. Ambos bandos se animan, salen de sus respectivos puestos y se encuentran en la Tierra de Nadie. Se abrazan, se felicitan, cantan juntos, intercambian comida, regalos y cigarrillos y hasta juegan fútbol. Por unas pocas horas (y en otros sitios incluso por más tiempo), la guerra parece detenerse. Pero es solo una ilusión, pues pronto volverán a odiarse y matarse por cuatro años más.

El villancico que hizo posible esta célebre “tregua de Navidad” es quizás el más famoso de cuantos se interpretan durante el mes de diciembre: “Noche de Paz”. Conozcamos un poco más de su interesante historia

Un año difícil

1816 fue un año de esperanza y angustia para Europa. Por una parte las guerras napoleónicas finalmente habían terminado tras más de dos décadas, lo que auguraba una nueva era de paz continental. Pero al mismo tiempo ocurría una importante crisis económica derivada de tantos años de conflicto. Y por si fuera poco, el clima no era nada usual.

En abril del año anterior, el volcán indonesio Tambora había hecho erupción. El cataclismo climático que derivó de aquella explosión (la mayor de la que se tiene noticia) fue tan grande que 1816 pasó a conocerse como el “Año sin Verano”, causando pérdidas de cosechas y miles de muertes.

En el pueblito de Mariapfarr, ubicado en los alpes austríacos, un joven sacerdote recientemente ordenado de nombre Joseph Mohr tomaba nota de todo este panorama. Quizás sintió que era su deber contribuir al establecimiento de la paz y la concordia europeas. Y como hombre de fe que era, nada mejor que apelar al símbolo por excelencia de la esperanza: el nacimiento de Cristo celebrado cada mes de diciembre.

En todo caso, por aquellas fechas Mohr compuso un poema de seis estrofas centrado en los sentimientos de buena voluntad asociados a la Navidad. Cada estrofa empezaba con el verso alemán “Stille Nacht, Heilige Nacht”, “Noche Tranquila, Noche Santa”. O como mejor lo conocemos en español, “Noche de Paz, Noche de Amor”.

Un año después, el padre Mohr fue transferido a otro pueblo alpino llamado Oberndorf.

La noche mágica

Los efectos de la erupción del volcán Tambora no se limitaron a 1816. El frío siguió siendo intenso a finales de 1818 e incluso es posible que estropeara el órgano de la iglesia de San Nicolás de Oberndorf, el pueblo al que Mohr había sido destinado. Aquello preocupó enormemente al sacerdote, pues ese instrumento era fundamental para la Misa de Gallo que debía oficiar en Nochebuena. Una celebración de la Navidad sin música era impensable. ¿Qué hacer?