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Washington, D.C.: Sombras sin voto


En la historia de los Estados Unidos territorios se han convertido en estado 50 veces. DC podría ser el próximo.

John Rodríguez | Senior Political Analyst | El Tiempo Latino | 4/7/2017, 1:15 a.m.
Washington, D.C.: Sombras sin voto
CAPITOLIO. Bajo el techo del Capitolio, Washington, DC no cuenta con un voto real que represente a sus residentes. | Jonathan Newton | The Washington Post

En el año 1790 se aprobó la creación de un Distrito-Capital para la protección del gobierno federal. Esta acción fue provocada por actos de violencia en Filadelfia donde estaba localizada la capital nacional en aquellos tiempos. El Capitolio fue creado sobre terreno donado por los estados de Maryland y Virginia, donde se habían llevado a cabo batallas importantes de la revolución americana. También era un punto medio para los estados del norte y del sur.

A medida que se fueron desarrollando y expandiendo los Estados Unidos, también fue creciendo la población del Distrito Federal, lo que es ahora Washington, Distrito de Columbia. Ante los cambios del Distrito, las necesidades de servicios y un gobierno local eran inevitables. En 1973 el Congreso aprobó la creación de esa estructura gubernamental local que exigían los residentes de Washington, DC.

¿Por qué la falta de autonomía de un gobierno electo por residentes que pagan sus impuestos? La respuesta es simple: Porque el Congreso siempre tiene la última palabra.

Aunque se estableció una municipalidad con un Alcalde y trece miembros de un Concejo Municipal, quedaron muchas decisiones de carácter local y nacional fuera del control de los residentes. Me atrevería a decir que hasta el día de hoy, los residentes de DC sienten el hostigo del poder federal. ¿Por qué? Resulta que el Congreso, electo por residentes de otros estados del país, ejerce la decisión final sobre las leyes y la manera en que se gobierna el Distrito.

La revolución americana surgió en gran como consecuencia del lema “Taxation without Representation” (tributación sin representación). Este lema era usado porque los americanos pertenecientes a las 13 colonias inglesas sentían que no estaban obteniendo representación en el parlamento británico a pesar de pagar impuestos al reino. Pues resulta irónico que, en Washington, DC nuestra capital nacional, en pleno 2017 los residentes paguen impuestos federales, pero no tengan representación en el Congreso. Hoy en día no hay quien pueda votar por los intereses de los residentes o defender sus decisiones locales en las Cámaras del Capitolio.

ESTADO. Franklin García, Representante a la Sombra de DC, quiere que el Distrito se convierta en el estado número 51 de la Unión.

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ESTADO. Franklin García, Representante a la Sombra de DC, quiere que el Distrito se convierta en el estado número 51 de la Unión.

Un paso hacia el progreso de ser estado, es elegir Representantes a la Sombra (En inglés, “Shadow Representative”) para el Congreso en preparación para entrar a la Unión. En 1982, la constitución “estatal” de Washington, DC, establecida por legítima votación local, autorizó a los Representantes Sombra. No se consiguió la aprobación del Congreso. Sin embargo, DC cuenta con dos Senadores a la Sombra y un Representante al Congreso a la Sombra. Ellos no tienen oficinas en el Capitolio, pero son voces a favor del estatismo y defienden los derechos de DC desde 1991.

DC cuenta con dos Senadores a la Sombra y un Representante al Congreso a la Sombra. Ellos no tienen oficinas en el Capitolio, pero son voces a favor del estatismo.

¿Por qué hago esta pequeña reseña histórica? El contexto histórico es importante para hacernos otras preguntas: ¿Por qué la falta de autonomía de un gobierno electo por residentes que pagan sus impuestos? ¿Por qué los referendos o leyes del Concejo Municipal de DC nunca son decisiones finales? La respuesta es simple: Porque el Congreso siempre tiene la última palabra. La situación actual de DC es uno de los ejemplos más anti-americanos que existen cuando se supone que todos en este país tenemos el derecho a un voto y a una representación real en las decisiones que nos afectan. En Washington, DC no es así.