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De vendedor de lotería a gerente cervecero


Por Gabriela López/Especial para El Tiempo Latino | 12/12/2017, 11:40 a.m.
De vendedor de lotería a gerente cervecero
EMPRENDEDOR. Miguel Bustillo es el Gerente de Cuentas de la Distribuidora de Cervezas Premium. | Miguel Guilarte | El Tiempo Latino

DEDICACIÓN. Bustillo asegura que sus padres le enseñaron el valor del trabajo.

Gabriela López para ETL

DEDICACIÓN. Bustillo asegura que sus padres le enseñaron el valor del trabajo.

Calles de tierra, casas modestas, niños correteando bajo un hermoso clima cálido en el extenso campo bananero Santa Rosa fue el escenario donde Miguel Bustillo disfrutó de su niñez.

Desde Campo Santa Rosa, Bustillo viajaba durante su adolescencia hasta la ciudad La Lima, Honduras, mejor conocida como la ciudad del oro verde, a recibir sus clases de secundaria.

Desde pequeño Bustillo se caracterizó por ser emprendedor. Con apenas siete años y con el afán de ayudar a sus padres, comenzó a vender la lotería y recuerda que después de la escuela llegaba a su casa a cambiarse de ropa y luego iba en busca de clientes. “Mi mamá me instruyó eso. No me daba pena y salía a ofrecer “el bólido” que se jugaba de lunes a viernes. No tenía sandalias así que andaba descalzo, vendía de cuatro a nueve de la noche y luego llegaba hacer mis tareas”, con una sonrisa recordó Miguel sus años de infancia.

Años después, Bustillo se empleó en el Banco de los Trabajadores y más tarde mientras estudiaba lo hizo en la Embotelladora de Pepsi Cola en San Pedro Sula. Se graduó como Contador Público y Perito Mercantil en el Instituto Patria de La Lima.

Miguel es el sexto de nueve hermanos, fue hasta los 23 años que se dedicó a este negocio y con ello logró ayudar a su numerosa familia que pasaba por momentos difíciles. Con gran esfuerzo logró seguir sus estudios y consiguió educarse dos años y medio en la carrera de Mercadeo y Comercio Internacional, en la Universidad Tecnológica de Honduras.

“La lotería me hizo que valorara el costo de lo que mis papás hacían por mí”, afirmó.

Con ganas de comerse el mundo, Bustillo juntó a su amigo de estudios Saúl Martínez, emprendieron el viaje a los Estados Unidos en 1992, con la idea de llegar a Nueva York en donde vivía un tío de Martínez, quien les conseguiría trabajo para lavar carros. Sin embargo, no lograron pasar y debieron retornar a continuar sus estudios universitarios. “Cuando anduve en la odisea entre Guatemala y México, nunca pude pasar la frontera, lo más lejos que pude llegar fue a Tijuana, allí nos agarraron y decidimos volver a nuestro país”, manifestó.

No obstante, darse por vencido no era lo suyo, al contrario, ese intento fallido motivó a Bustillo a emprender un segundo viaje en 1993, pero lo que enfrentaría esta vez sería más intenso. Fue atrapado y arrestado en ocho ocasiones por la Guardia Fronteriza Mexicana. En su intento desesperado por conseguir llegar a los Estados Unidos, caía preso y volvía a la frontera a desafiar al peligro.

Pero la odisea no terminaba allí, en una de esas ocasiones en un parque de Tijuana, migración los atrapó a él y a un guatemalteco llamado Noé, confundiéndolos con los “coyotes” encargados del bus en el que viajaban con más inmigrantes. Bustillos recuerda que los llevaron esposados en carros de policía privada hacia la cárcel de Tijuana, frontera con San Diego.

“Nos encerraron y escuché cuando estaban golpeando a Noé. A mí un grandote me pegaba en el pecho y yo me reía, pero del miedo, creo que fue la única vez que lloré, porque cuando me dijeron que podía ir cinco años preso, dije Dios mío ya no voy a ver a mi familia por mucho tiempo y en otro país”. Finalmente, no les comprobaron nada y los dejaron libres.