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Saturday Night Trump


La catarsis cómica produce una momentánea liberación de aquello que nos oprime, por medio de la risa. No es casual que mientras más autoritarios sean los regímenes políticos, con mayor fuerza se manif

Laureano Márquez P. | 2/18/2017, 5:15 a.m.
Saturday Night  Trump

La historia de la parodia política se remonta a la antigüedad clásica: los griegos fueron los primeros en realizarlas con notable dominio. Aristófanes, el célebre comediógrafo ateniense, representaba con frecuencia sátiras que tenían como blanco a los gobernantes de la ciudad, como en el caso de Los babilonios con Cleón, líder supremo de Atenas, como protagonista. En Grecia —como parece estar sucediendo hoy con Saturday Night Live— la comedia tenía un notable influjo en la formación de la opinión política de la gente. Aristóteles, uno de los tantos filósofos que han metido su cuchara en la sopa de la comedia, había puntualizado que esta daba cuenta de la existencia de hombres inferiores. La inferioridad a la que se hace referencia es moral: la fealdad de espíritu es la verdadera ocupación de la comedia. El humor —señaló otro filósofo— se ocupa de aquellas deficiencias que el hombre puede subsanar por un acto de voluntad para hacer de sí mismo un ser mejor, más bondadoso y justo.

Saturday Night Live es un programa de humor de larga trayectoria e indiscutible beneplácito en el público y, como todos los espacios de comedia, suele pasar por altibajos, pero en este momento, con Donald Trump como principal inspiración de sus parodias y chistes, está batiendo todos los récords de audiencia, motivando que algunos incluso afirmen que es “el partido de la oposición de Trump”. Menester es decir que Trump es, de suyo, un personaje apetecible para la comedia, porque mientras más excéntrico e impredecible resulte un político, con mayor intensidad se volverán sobre él el humor y la parodia. El humor, como el niño del cuento de Andersen, tiene la misión de mostrar la desnudez del emperador, pero si, además, este viene con calzoncillos rojos y floreados, el placer del comediante y el efecto de la crítica cómica son mucho mayores.

Lo que está sucediendo en términos políticos en este momento con SNL nos remite a otro concepto desarrollado por el abuelito Aristóteles: la catarsis, que para los antiguos griegos era la purificación de las pasiones humanas que se realizaban tanto en el teatro trágico como en el cómico —en el mundo del espectáculo, diríamos hoy—. La catarsis cómica produce una momentánea liberación de aquello que nos oprime, por medio de la risa. No es casual que mientras más autoritarios sean los regímenes políticos, con mayor fuerza se manifieste el humorismo, que termina siendo siempre el último refugio de la libertad.

Una gran discusión que suele hacerse con frecuencia y que tiene que ver con la finalidad de esta catarsis cómica es la de si el humorismo apacigua o exalta las pasiones políticas. Algunos señalan que produce un efecto adormecedor sobre la protesta social, la cual, al tomar la vía de la risa, se sustrae de los espacios en los que pueden lograrse los verdaderos cambios políticos, ofreciendo una válvula de escape a la inconformidad. Cuentan que la KGB tenía un departamento de chistes que aliviaban las tensiones de los ciudadanos soviéticos y divertían a Reagan. Otros sin embargo, señalan que el humor puede tener un efecto devastador, incluso subversivo, sobre el poder político, porque al poner en evidencia sus contradicciones, su desnudez —diríamos, para seguir con Andersen— hace que la gente pierda el miedo a enfrentarlo y termine rebelándose. Lo que hace que el humor cumpla una u otra función está directamente vinculado a cuán profundas son sus manifestaciones, a cuánta reflexión hay sobre las responsabilidad que tiene el humor en la formación del pensamiento político ciudadano más allá de la crítica simplona o banal. Tal es la tesis de Umberto Eco en su novela El nombre de la rosa: cuando el humor se eleva por encima de las pasiones infradiafragmáticas y se transforma en agudeza del ingenio, entonces desmonta el miedo que el poder produce y libera al ser humano. En este sentido, el ejercicio del humorismo no aletarga la inconformidad sino la estimula.