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Iván "Pudge" Rodríguez al Salón de la Fama

Latinoamérica está de fiesta con el ingreso del receptor puertorriqueño a Cooperstown
LA CLASE DE 2017. De izq. a der.: Tim Raines, el puertorriqueño Iván “Pudge” Rodríguez y Jeff Bagwell, quienes serán exaltados al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, NY, el domingo 30 de julio.

LA CLASE DE 2017. De izq. a der.: Tim Raines, el puertorriqueño Iván “Pudge” Rodríguez y Jeff Bagwell, quienes serán exaltados al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, NY, el domingo 30 de julio.

El béisbol latino está de fiesta.

El ingreso al Salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas del puertorriqueño Iván Rodríguez —uno de los más grandes jugadores latinos de todos los tiempos— confirma la gran calidad del béisbol caribeño y hace presagiar que en los próximos años muchos más llegarán al llamado “Templo de los Inmortales” en Cooperstown, NY.

Sí. “Pudge” Rodríguez se sentará este domingo 30 de julio al lado de las más grandes leyendas de la historia del Béisbol de Grandes Ligas, cuando sea exaltado al Salón de la Fama en compañía de Tim Raines, Jeff Bagwell, John Schuerholz y Bud Selig.

Rodríguez, el extraordinario receptor boricua que jugó para seis organizaciones en su carrera en las Mayores, Raines y Bagwell fueron elegidos por la votación de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Estados Unidos (BBWAA, por sus siglas en inglés), mientras que Scherholz y Selig por el Comité de Veteranos.

“Pudge”, quien ingresará con la gorra de los Vigilantes de Texas, se convertirá en el cuarto puertorriqueño y el noveno pelotero latinoamericano en entrar al Salón de la Fama, después de ser seleccionado por los votantes en su primer año de elegibilidad, gracias a su extraordinario talento para jugar la posición más exigente del béisbol.

Su carrera en la receptoría de varios equipos de las Grandes Ligas, incluidos los Nacionales de Washington, lo convirtió por más de 20 años en un referente de los jugadores de su posición, al punto de trascender como uno de los mejores de toda la historia de las Ligas Mayores.

Bagwell recibió el 86,2% de los votos, Raines el 86% y Rodríguez el 76%, un punto porcentual por encima del mínimo requerido para lograr la exaltación. “Creo que es un gran día para mi familia. Quiero agradecer a las seis organizaciones para las que jugué, Vigilantes de Texas, Marlins de Florida, Tigres de Detroit, Astros de Houston, Yankees de Nueva York y Nacionales de Washington. Todas esas organizaciones me trataron con mucho respeto y me dieron la oportunidad de jugar y rendir al máximo nivel en las Mayores y ahora poder entrar al Salón de la Fama”, dijo Rodríguez el viernes 21 de julio en conferencia telefónica.

En Cooperstown, Rodríguez acompañará a sus compatriotas Roberto Clemente, Orlando “Peruchín” Cepeda y Roberto Alomar, los otros tres boricuas que ya han sido elevados a la inmortalidad en el Béisbol Mayor.

“Entrar al Salón de la Fama en mi primer año de elegibilidad es grandioso para mí”, dijo Rodríguez.

El ex receptor también acompañará a los dominicanos Juan Marichal y Pedro Martínez, el venezolano Luis Aparicio, el panameño Rod Carew y el cubano Tany Pérez, los otros latinos ya honrados en el Salón. El también cubano Martín Dihigo, está igualmente en el “Pabellón”, pero con la salvedad de que su carrera fue en las Ligas Negras.

Rodríguez es el primer boricua en ser seleccionado por los periodistas en su primer año de elegibilidad. El puertorriqueño ganó 13 Guantes de Oro, máximo para cualquier receptor en la historia del béisbol, siete Bates de Plata, el segundo mayor total de estos premios entre los receptores, participó en 14 Juegos de Estrellas y fue el Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1999.

Jugó dos series mundiales y ganó la del año 2003 con los Marlins de Florida ante los Yankees. Ese año fue el Jugador Más Valioso en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional frente a los Cachorros de Chicago. A la ofensiva, bateó para un vitalicio .296, conectó 2.844 hits, despachó 311 cuadrangulares y remolcó 1.332 carreras.

En su carrera de 21 años, eliminó al 46% de los peloteros que intentaron robarle las almohadillas. “Creo que la defensiva fue la principal habilidad durante mi carrera, poner fuera de circulación a los corredores que intentaban robar las bases y cortar las rachas anotadoras de los rivales. Esa es una de las cosas por las cuales me siento más orgulloso”, explicó Rodríguez al ser consultado sobre su defensiva detrás del plato.

“Sé que también tuve una buena carrera a la ofensiva, pero lo mejor de mi juego fue como receptor y por eso recibí muchos méritos como un receptor defensivo”, agregó. La elección de Rodríguez, segundo latino en tres años, hace presagiar que en los próximos años los peloteros de esa región del continente llegarán más seguido al “Templo de los Inmortales”.

En las papeletas de este año también figuraban los boricuas Jorge Posada y Edgar Martínez, los venezolanos Magglio Ordóñez, Melvin Mora y Carlos Guillén, los dominicanos Manny Ramírez y Vladimir Guerrero, los colombianos Edgar Rentería y Orlando Cabrera y el mexicano Freddy Sánchez.

Y en los próximos años estarán también en las papeletas el ex relevista panameño Mariano Rivera y el ex campocorto venezolano Omar Vizquel, quienes no deberán tener problemas en entrar en su primer año en las papeletas.

Consultado sobre Vladimir Guerrero, Rodríguez expresó:

“Primero que nada él es un gran amigo mío y estoy seguro de que el año que viene él va a estar obviamente en el Salón de la Fama. Hoy tuvimos una pequeña conversación y me felicitó. Fue un gran jugador, una gran persona dentro y fuera del terreno de juego y su personalidad es muy humilde. Para mí, fue un gran bateador, de esos que uno no quiere ver en la caja de bateo, muy peligroso cada vez que se paraba ahí y para mí uno de los tres mejores bateadores de la historia con la habilidad de conectar pelotas fuera de la zona de strike, con poder y fuera del parque. Guerrero es un buen amigo y estará pronto en el Salón de la Fama”, concluyó Rodríguez cuya inducción al Salón de la Fama se realizará el domingo 30 a la 1:30pm en el Clark Sport Center en Cooperstown, New York.



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