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Un tenor mexicano que triunfa en DC y el mundo


Jesús Daniel Hernández: entre el matadero, la Armada y la música

Ricardo Sánchez-Silva | 6/30/2017, 12:17 a.m.
Un tenor mexicano que triunfa en DC y el mundo
SIN MIEDO. Hernández no teme decir que también puede ser feliz si se dedicara a otra actividad distinta al canto | Cortesía Daniel Hernández

Un local en el que los comensales no solo reciben una carta de platos de comida, sino de puros, es el lugar fijado para la entrevista con Jesús Daniel Hernández, tenor cantante de ópera nacido en Ciudad Juárez, México, pero desde su adolescencia residido en EEUU.

Pasadas las 11 am, el artista esperaba en las sillas del patio del restaurante, porque estaba cerrado. Minutos más tarde, logramos entrar al lugar, donde confesó que no temía dejar de cantar, pues también tiene otra pasión, las ciencias. De hecho actualmente estudia ingeniería en programación en un programa de veteranos.

Desde niño quería ser científico, pero tal como él mismo lo asegura, “las estrellas se alinearon” después de los 30 años, para que se dedicara al canto. “De niño yo crecí como testigo de Jehová, por mi mamá. Siempre me llamó la atención la filosofía y las ciencias, la música me empezó a gustar después de que cumplí 9 años. Cantaba con el cepillo y me imaginaba que lo hacía en las fiestas de la escuela”.

Jesús Daniel quería tocar el piano, pero su papá se opuso ya que a su juicio, se trataba de un “instrumento de mariquitas”.

Cortesía Daniel Hernández

Jesús Daniel quería tocar el piano, pero su papá se opuso ya que a su juicio, se trataba de un “instrumento de mariquitas”.

Jesús Daniel quería tocar el piano, pero su papá se opuso ya que a su juicio, se trataba de un “instrumento de mariquitas”, por lo que con el fruto de su trabajo en una fábrica (junto a su padre), se compró una guitarra.

Apenas se mudó a Nuevo México, empezó a tocar con un mariachi en la preparatoria, pero tuvo problemas con su religión. El conflicto, según los feligreses era que “estaba haciendo algo incorrecto porque la alabanza era para Dios” no para él. “Tomé la decisión de alejarme de la religión a los 19 y nunca volví. En un tiempo estuve muy envuelto, pero ya cuando vi que no iba a crecer como persona, me salí”.

El tenor valora mucho la vida, pues, ha dado giros que lo llevaron por distintos caminos. Trabajó en un matadero de vacas, estuvo en la guerra en Irak sirviendo en la Armada estadounidense y terminó cantando en el camerino de Plácido Domingo.

El puro que Hernández fumaba estaba “cerrado”, pues se apagaba cada cierto tiempo. Si eso significó algo para él, se lo reservó, a pesar de que considera que tiene su toque de místico. Las pausas para encenderlo, dejaban un espacio entre sus fluidas palabras.

“Trabajaba en el serrucho, ya venían las vacas muertas, cortaba las partes. Entraba a las 6.30 am y a salía a las 11.30 p.m. Ganaba dinero, pero no tenía tiempo para disfrutarlo. No era feliz, no hacía música, solo trabajaba. Un día fui al mall y tomándome un café me pregunté qué estaba haciendo con mi vida. Haz de cuenta que como por arte de magia me encontré a la recluta para la Armada”.

A pesar de que le advirtieron que lo podrían enviar a la guerra - como de hecho, pasó - y que lo consultara con su esposa, ese mismo día, decidió alistarse, firmó y luego se lo dijo a su cónyuge. “Pegó el grito al cielo”.

“Estuve cinco meses impetuosos en la guerra, bajo combate. Se viven experiencias bonitas. La camaradería que agarras con los soldados se basa en la confianza, porque tienes que poner tu vida en las manos de otra persona. Hice amistades que hasta la fecha conservo. Cumplí 27 años estando en Irak”.

Previo a su regreso a la zona de guerra en Irak y un día antes de ser operado de una lesión en su hombro, recibió una entrada gratuita para ver a Plácido Domingo. Ese día fue con el uniforme y al finalizar el concierto, entró a los pasillos detrás del escenario para buscar un autógrafo del cantante. No solo lo consiguió, sino que logró que lo escuchara cantar. Su voz cautivó al famoso cantante, por lo que le abrió las puertas para estudiar en Washington DC, con su apoyo y el de Carlos Slim a través de Siban.

Su debut fue en La Traviata, una obra de categoría “A”, dirigida por el mismo Domingo. Desde entonces, ha cantado en DC, distintos lugares de EEUU y el mundo. Ahora se dispone a lanzar sus primer disco a finales de este año. También espera realizar un concierto de boleros en septiembre y otro en homenaje a Pedro Infante por los 100 años de su nacimiento.