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Escapó de la violencia y encontró la felicidad


María Ester Tobar es una madre guatemalteca que se brindó una segunda oportunidad y hoy vive feliz en Maryland

Gabriela López | Especial para El Tiempo Latino | 5/12/2017, 12:55 a.m.
Escapó de la violencia y encontró la felicidad

Joven, de tez blanca y ojos claros, esta mujer originaria de Izabal, Guatemala, emigró a Estados Unidos en mayo de 2003, impulsada por razones más allá de la situación económica que atravesaba su país. María Ester Tobar, con 27 años en ese momento, huyó de Guatemala por miedo a perder la vida. Era agredida física, psicológica y verbalmente por su ex esposo.

“La violencia se fue haciendo cada vez más grande… llega un punto en que no se puede soportar más, o es la vida o la muerte”, dijo Tobar a El Tiempo Latino, brocha en mano, mientras pintaba paredes en una habitación, uno de los oficios con el que se gana la vida en EE.UU.

Al igual que lo hizo Tobar, unas 45 mil mujeres huyen anualmente de países de Centroamérica, especialmente de Guatemala, El Salvador y Honduras por ser víctimas de la violencia.

La relación de María Tobar con aquel hombre en Guatemala duró nueve años, al inicio “todo estaba bien”, pero con el pasar del tiempo “todo cambió”, admitió.

“Me separé de él por mucha violencia, y por eso tomé la decisión de venirme para acá. Fui a la corte en Guatemala para denunciarlo por tanta agresión y le pusieron orden de arraigo”, recuerda.

Sin embargo, su expareja hizo caso omiso a esta orden y le seguía los pasos “Él no la cumplía, me seguía amenazando y amenazando, yo me movía de un lugar a otro a donde mi familia, y él siempre me localizaba, me amenazaba de muerte, llegó al punto de golpearme alguna vez, amenazarme con armas o con lo que tuviera en sus manos¨, afirmó.

De esta relación María tuvo un hijo, al cual dejó de 9 años cuando decidió emigrar. ¨Yo lo dejé con mis familiares, porque el papá tenía serios problemas psicológicos”.

Ella junto a cuatro mujeres más del mismo lugar iniciaron el viaje hacia los Estados Unidos, “Mi viaje duró un mes hasta el día que llegué aquí a Maryland. Yo no abordé el tren apodado “La Bestia”, nos transportaban en carro o en autobuses hasta que llegamos a la frontera de Agua Prieta (frontera entre México y Estados Unidos). Fue difícil por los nervios, mucha policía, puestos de registro, hay que venir dando dinero para que lo dejen pasar a uno en México, pero a la vez fue fácil porque los coyotes nos ayudaron a lanzarnos por la barda”, recuerda. En su caso, resultó un viaje con menos sufrimientos que los de otros, que al final del día tuvo un costo de seis mil dólares.

Al llegar a Maryland una hermana la esperaba. Le tomó alrededor de un mes conseguir trabajo, pero las cosas no irían bien…

“Empecé trabajando como mesera, pero no me gustaba ese sistema de trabajar en restaurantes hispanos. No era que me trataran mal, sino que era demasiado el acoso de parte de los hombres. No es fácil lidiar con esas situaciones cuando una no está acostumbrada. Trabajé en dos restaurantes diferentes y la historia fue la misma”. A partir de allí María decide trabajar por su cuenta y empezó a involucrarse en el trabajo de pintura, el cual realiza hasta la fecha.