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Emotivo reencuentro familiar en Virginia


Joven escapó de la violencia en El Salvador a través de programa para refugiados, llegó a nuestra región y pudo abrazar por primera vez a su padre

Milagros Meléndez-Vela | 5/19/2017, 9:25 a.m.
Emotivo reencuentro familiar en Virginia
CALOR FAMILIAR. Jennifer con su padre y hermanito. Jennifer es una de las 2.400 que han llegado a EE.UU. a través de programa de refugiados para menores centroamericanos. | Milagros Meléndez-Vela

Jennifer levantó el teléfono y del otro lado escuchó una voz que decía. “En una semana estarás viajando a Estados Uni- dos”. Tomó aire y suspiró profundo. Pronto se reencontraría con su padre, y atrás quedarían los días de temor y angustia causados por la violencia a la que estaba expuesta en su natal El Carmen, departamento de La Unión, en El Salvador.

A diferencia de su hermano mayor, quien en 2014 huyó de las pandillas al cruzar la frontera de manera ilegal, Jennifer lo haría por avión y con papeles en regla, a través de un programa de refugiados que ampara a menores de El Salvador, Guatemala y Honduras.

La voz al otro lado del teléfono había sido la de un oficial de la Organización Internacional de Migración (IOM), que representa al Gobierno de Estados Unidos en Latinoamérica.

“Cuando me dio la noticia, no lo podía creer. Me emocioné mucho y sentí un gran alivio”, contó la joven de 20 años a El Tiempo Latino, en la sala de su casa en el Norte de Virginia.

El 16 de febrero Jennifer — cuyo apellido reservamos para proteger su identidad— llegó a Estados Unidos. En el aeropuerto Dulles, de Virginia, con una maleta en mano, corrió al ver a su padre. Las lágrimas rodaban y las palabras sobraban en el prolongado abrazo, soñado por padre e hija por muchos años. “Lloré mucho al verlo”, dijo Jennifer, quien por primera vez besaba a su papá. “Él se vino a Estados Unidos cuando yo tenía seis meses, pero lo conocí por fotos y video llamadas”, expresó.

Refugio para menores centroamericanos

Jennifer, es una de las más de 2.400 personas que han entrado al país bajo el Programa de Refugio y Permiso para Menores de Centroamérica (CAM, por sus siglas en inglés), implementado a fines de 2014 por el gobierno de Barack Obama y que ahora corre peligro con la administración Donald Trump.

El programa permite que ciertos padres centroamericanos que residen legalmente en los Estados Unidos –incluidos los que tienen TPS y DACA—puedan pedir como refugiados a sus hijos menores de 21 años, residentes en Guatemala, El Salvador y Honduras, los cuales enfrentan situaciones de riesgo por la violencia.

Jennifer vivía con sus abuelos, los padres de José. En 2014 su hermano –que en ese entonces tenía 16 años— huyó del país hacia Estados Unidos, después de escapar de un secuestro perpetrado por la pandilla MS-13. El adolescente hizo la travesía cruzando la frontera de manera ilegal.

“En ese tiempo no había el programa y la vida de mi hijo corría peligro por lo que era mejor pagar a alguien para que lo ayudara a cruzar”, confesó José. “Mi hijo se había mudado y escondido en otra zona para que las pandillas no lo encontrarán”, contó el salvadoreño.

Respuesta a la ola de niños migrantes

El programa CAM fue una respuesta a la oleada de niños no acompañados que emigraron en 2014 de manera ilegal, huyendo de la violencia y generando una crisis de emergencia para Estados Unidos. Más de 68 mil menores cruzaron ese año la frontera.