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En Casa Chirilagua se recibe mucho más que cariño

Más de 100 familias aprenden inglés y los niños mejoran su rendimiento académico
Verano. Un grupo de niños que este verano asistieron a los programas que Kids Club ofreció en Casa Chirilagua.

Verano. Un grupo de niños que este verano asistieron a los programas que Kids Club ofreció en Casa Chirilagua.

A comienzos del siglo pasado, los judíos, irlandeses, polacos, e italianos hicieron de Ellis Island, en Nueva York, su puerta de entrada a Estados Unidos. Algo similar sucedió al final del siglo XX con los salvadoreños, hondureños y guatemaltecos de Arlandria, un barrio de la ciudad de Alexandria, en Virginia.

Vinieron huyendo de las guerras civiles y en este lugar se asentaron y para ellos pasó a llamarse Chirilagua, el mismo nombre del pueblo de donde venían los salvadoreños. Ellos fueron los primeros que en los ochenta se instalaron en este barrio, ahora abundante en restaurantes, tiendas y hasta un complejo habitacional con ese nombre.

Los hijos de esos inmigrantes ingresaron a las escuelas de Alexandria y el choque cultural fue brutal. Ese fue el germen de Casa Chirilagua, que, en principio, concentró sus esfuerzos en facilitar el proceso de transición de los niños en las escuelas. Ahora el centro ha evolucionado y el trabajo de Dawnielle Miller, Emily Mancía y Julia Simerly, sus fundadoras, se ha convertido en una especie de casa comunitaria de los centroamericanos.

Los padres de familia pueden respirar tranquilos a sabiendas que mientras ellos trabajan, sus hijos, con la ayuda de voluntarios, refuerzan su inglés, matemáticas y otras tareas académicas. Para los papás, Casa Chirilagua también ofrece programas de computación, inglés, charlas de nutrición y talleres sobre hogares saludables.

“Estoy contenta de que mi niña esté aquí aprendiendo y haciendo arte, antes que viendo televisión o jugando con el teléfono. Es una gran ayuda, así yo me ocupo en las cosas de la casa sin pensar en qué travesuras está”, contó a El Tiempo Latino Érica al momento que fue a buscar a su pequeña Génesis.

El año pasado, incluso seis personas, con tutorías de uno a uno, aprendieron a leer y escribir en español. Una estudiante se esforzó tanto que ya no necesita abrir las cajas para saber qué fruta contienen en el lugar donde trabaja, porque ahora ya sabe leer y escribir. El programa tiene luz verde para continuar ayudando a otros que necesitan.

Aquí es el lugar donde la ciudad y los inmigrantes pueden encontrar un punto de contacto. El superintendente de las escuelas Públicas de Alexandria, Gregory C. Hutchings Jr., hace buen uso de ese recurso, como una pieza muy importante en la cadena de comunicación entre el sistema escolar y los padres de familia latinos.

“Nuestra misión es desarrollar lazos de amistad con las familias latinas cristianas, pero no cerramos las puertas a nadie”, dijo Adriana Schellhaas, directora de programas de Casa Chirilagua. Empoderamiento, salud física y espiritual y colectividad fortalecidas son los planes que ese centro sin fines de lucro, por pedido de la comunidad, ha puesto en marcha para los siguientes tres años.

Todo por los niños

Sin olvidar que los niños son la razón principal, Casa Chirilagua tiene el programa Kids Club, además del trabajo académico y espiritual, una vez por mes se realiza un paseo a cualquier lugar que aporte esparcimiento y educación. El club tiene 42 niños, pero la lista de espera es de hasta 20 niños. “No podemos aceptar más, porque nos importa mantener la calidad de la atención, lo ideal es un voluntario por cada cuatro niños”, dijo Schellhaas.

Para los adolescentes, entre sexto y octavo grado, hay el Teens Club, reciben apoyo académico y el año pasado, cubrieron aspectos como educación financiera sobre ahorro, trabajo y pago de cuentas. Para los padres de familia hay Adult Club, que tiene el programa “Yo hablo inglés”, según Schellhaas, los dos semestres pasados fueron exitosos, 32 personas pasaron al tercer semestre que comenzará pronto y contará con unos 40 estudiantes. En total casa Chirilagua atiende a 110 familias.

Las puertas están abiertas todo el año. En verano los niños permanecen de nueve a 12, aprenden las fracciones decimales y las multiplicaciones, hacen manualidades y mejoran su vocabulario. Eso ocurrió el pasado martes, uno grupo de 16 niños, levantaban la mano a la pregunta de la líder de los voluntarios, Maritza Salgado, ¿Qué les parece la pupusa que se están comiendo? Cremosa, sabrosa, deliciosa, aplastada, saladita fueron algunos de los adjetivos, en inglés, que dieron los chicos.

¿De dónde son las pupusas?, “de México”, dijo uno, “¡No, de Guatemala!”, gritó otro. “Son como las de mi mamá”, se atrevió a decir un pequeñín. Las delicias típicas salvadoreñas eran del restaurante El Pulgarcito y cuando esto se anunció, una niña se apresuró a asegurar que ese era el lugar donde antes trabajaba su mamá. Cuando el reloj marcó las 12, las mamás o los hermanos mayores llegaron justo a la intersección de la Mt Vernon Ave. y Four Mills Road a buscar los pequeños, que se dijeron adiós hasta el día siguiente.

EN PRO DE LA COMUNIDAD

Cuotas. El programa Kids Club funciona de septiembre a julio, de tres a cinco y es para los niños de primero a octavo grado. Cada familia paga 15 dólares semanales por niño y por el segundo 10. Es obligatorio al menos que un padre de familia asista a una reunión mensual.

Mentores. El programa de Teens Club funciona los lunes, miércoles y viernes, para los niños entre sexto y octavo grado. Hay 60 mentores para guiarlos y ayudarlos a resolver sus inquietudes y dificultades académicas.

Financiamiento. Casa Chirilagua funciona gracias a la ayuda de donantes. El año pasado la Fundación Delta Dream dio 10.000 dólares para actividades artísticas de padres e hijos. Una red de iglesias cristianas también apoya y cada año participan en el plan Sprint2Action para recaudar fondos en 24 horas. En el 2017, consiguieron 90.000 dólares, en tiempo récord.