0

La Navidad que celebró el significado del abecedario

Cenaes agasajó a los hijos y a los nietos de los padres que están aprendiendo el valor de las letras y palabras en español. Hubo una cena, música y regalos.
James Kearnel hizo de Papá Noel durante la celebración de la Navidad de Cenaes y siempre estuvo presto a dejar que los niños se acerquen a él para tomarse fotos.

James Kearnel hizo de Papá Noel durante la celebración de la Navidad de Cenaes y siempre estuvo presto a dejar que los niños se acerquen a él para tomarse fotos. Photo by Olga Imbaquingo.

Una Navidad más, abundante en comida, amigos, música, niños y regalos, así fue la celebración del Centro de Alfabetización en Español (Cenaes). El contraste de alegría y bullicio, embriagado con el aroma a chocolate caliente, hizo olvidar que afuera el sábado 15 de diciembre era un día gris y lluvioso.

Se estaba festejando la Navidad con las familias de los 600 estudiantes que están aprendiendo o ya han aprendido a leer y escribir en español. Hasta DC Bilingual Public Charter School, en Fort Totten, llegaron los maestros voluntarios; el representante de Washington DC al Congreso, Franklin García; y, los amigos que durante 15 años el Cenaes ha ido coleccionando y que hicieron no quedara silla vacía ni niño sin regalo.

“Feliz Navidad, Feliz Navidad y próspero año y Felicidad”, aquel crossover universal navideño de José Feliciano que cada diciembre asalta a los oídos por doquier, fue un infaltable en las voces de Marycel Arenas y Jerry Daniel. Después hubo una danza infantil boliviana, con una excelente coreografía y vestimenta, mientras los niños dejaban volar sus miradas a las dos mesas llenas de obsequios empaquetados y etiquetados por edad que los estaban esperando.

A la señora María se le regó el chocolate y se disculpó con un “lo siento, prometo no portarme mal otra vez”. Ella que llegó ayudada por su bastón y se sentó a disfrutar de la cena donada por restaurantes como El Tamarindo y Los Hermanos. “Sí, yo aprendí a escribir mi nombre y a hacer la firma y muchas palabritas más”, dijo al tiempo que bajaba la mirada como ocultando la vergüenza por haber pasado por la vida sin saber leer y escribir. No fue de mucho consuelo decirle que no fue su culpa sino de la pobreza, igual sus ojos se llenaron de lágrimas.

“Nosotros somos el primer paso, tenemos alumnos con los que empezamos desde muy abajo enseñándoles las vocales, las letras y luego a unirlas y formar palabras; otros tienen problemas de ortografía y no saben separar las palabras”, dijo Mario Gamboa, director ejecutivo de Cenaes. Durante las clases también hay tiempo para aprender los números y hasta para sumar y restar.

Pero ese sábado no fue para el a,b,c sino para que las familias hondureñas, salvadoreñas, mexicanas y peruanas se sentaran alrededor de la mesa a disfrutar de una bachata, una cumbia o un valsecito peruano y a presenciar cuánto ha crecido la organización que a muchos les abrió los ojos al mundo de las letras y las palabras en español. A ese esfuerzo es lo que García, representante reelecto al congreso de DC, quiso hacer honor con una resolución.

“Éste es el esfuerzo de Mario Gamboa y los voluntarios, pero es un logro de la comunidad”, dijo García. La resolución extendida por su oficina recuerda que “hay 32 millones de personas en Estados Unidos que no saben leer y escribir, de ellas 50.000 viven en el área metropolitana”. Se estima que unos dos millones de adultos hispanos en este país no saben escribir ni leer en español.

Para Gamboa, la necesidad de alfabetizar en el idioma de Don Quijote nació de la realidad que vio se enfrentan miles de personas a diario en su país de origen, Perú. En muchos de las naciones latinoamericanas pobres y con un alto porcentaje de población indígena, el analfabetismo es un estigma lacerante. Por eso durante la celebración navideña estuvo exultante de que al menos 600 estudiantes han dejado atrás una vida donde el alfabeto no significaban nada.

La repartición de regalos quedó para el último. Malena Tirado se puso manos a la obra. Es peruana al igual que Gamboa. Él ya no necesita llamarla para pedirle ayuda, porque ella y su familia saben que cada vez que se acerca la Navidad hay que hacer una rica comida e invitar a los amigos con estas palabras: “vengan a comer bien rico y a cambio me traen regalos para los niños”, así lo hacen. Antes eran 40, después 60 y ahora son más de 150 presentes.

Desde hace dos años Tirado también lleva al Papá Noel, se llama James Kearnel y es su compañero de trabajo en la oficina de abogados Joel Atlas Skirble. El sábado pacientemente sentó a los niños en su regazo para que sus padres les tomaran las fotos y así seguir alimentando la fantasía de la Navidad. Cuando llegó la hora de irse no había parado de llover, pero eso era lo de menos al ver el contento de esos abuelos con el estómago lleno y esos niños con un regalo en sus manos.



--