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Fármaco en fase experimental frena la progresión de la enfermedad de Parkinson

Los investigadores de Johns Hopkins afirman que han desarrollado un fármaco en fase experimental que actúa de forma similar a los compuestos que se administran para tratar la diabetes y que permite ralentizar tanto la progresión del párkinson como sus síntomas, en ratones. Tras realizar experimentos con cultivos celulares del cerebro humano y un modelo preclínico de la enfermedad de Parkinson en ratones, los investigadores aseguran que el fármaco detiene la degeneración neuronal, manifestación característica de este trastorno. Se espera que este año el fármaco se pruebe en ensayos clínicos.

“El fármaco protege, de una forma realmente asombrosa, las células diana del sistema nervioso”, explica el doctor, Ted Dawson, director del Instituto de Ingeniería Celular y profesor de neurología de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

Dawson asegura que, si se finalizan con éxito los ensayos clínicos para el fármaco, conocido como NLY01, este sería uno de los primeros tratamientos farmacológicos cuya acción no solo estaría encaminada a mejorar la rigidez muscular, los temblores, la demencia, entre otros síntomas del Párkinson, sino concretamente a frenar la progresión de la enfermedad.

Los resultados del estudio fueron publicados en la revista científica digital, Nature Medicine.

Los investigadores han señalado que el NLY01 actúa uniéndose a los receptores del péptido-1 similar al glucagón en la superficie de algunas células. El tratamiento de la diabetes mellitus se basa, en gran medida, en la administración de fármacos de acción similar para aumentar los niveles de glucemia. Si bien los resultados de investigaciones previas en modelos animales habían permitido conjeturar el potencial neuroprotector de este tipo de fármacos, no se había demostrado concretamente cómo funcionaba este mecanismo en el cerebro.

Con el objeto de descubrirlo, Dawson y su equipo ensayaron el fármaco NLY01 empleando tres tipos de células cerebrales de gran relevancia: los astrocitos, la microglía y las neuronas. Mediante este estudio, los investigadores descubrieron que la microglía, un tipo de célula que envía señales a través del sistema nervioso central como respuesta a una infección o lesión, presentaba la mayor cantidad de puntos de adhesión para el NLY01; dos veces más que otros tipos de células y diez veces más en los individuos con Párkinson que en aquellos que no padecían la enfermedad.

Dawson y su equipo sabían que la microglía libera señales químicas que activan a los astrocitos, las células de morfología estrellada que permiten la comunicación sináptica, convirtiéndolos en astrocitos “reactivos”, dispuestos a devorar los puntos de contacto de las células del cerebro; lo que, a su vez, produce la muerte neuronal. Pese a ello, sospechaban que el NLY01 podía detener esta conversión.

“Los astrocitos activados que estudiamos se rebelan contra el cerebro”, afirma Dawson, “y este comportamiento contraproducente contribuye a la muerte del tejido cerebral que se manifiesta en los enfermos de Párkinson. Nos planteamos la idea de que, si era posible controlar el comportamiento astrocitario, quizás era posible frenar la progresión de la enfermedad de Parkinson”.

En un experimento preliminar con células del cerebro humano reproducidas in vitro, el equipo de Dawson administró el NLY01 a la microglía humana y descubrió que la señal de activación no se producía. Cuando los astrocitos sanos se unían a la microglía tratada, no se convertían en células destructoras y lograban conservar su función neuroprotectora. Lo anterior llevó a los investigadores a pensar que el mecanismo de protección de las neuronas que circulan por el cuerpo era el mismo.

Con esta hipótesis en mente, decidieron ensayar la eficacia del fármaco en ratones que, por modificación genética, portaban una versión roedora del Párkinson.

En un primer experimento, el equipo de Dawson inyectó la proteína alfa-sinucleína, cuyo plegamiento se cree que es la causa principal del Párkinson, en 10 ratones, a quienes se les administró el NLY01 posteriormente. Asimismo, los investigadores inyectaron la alfa-sinucleína en otro grupo de ratones similares, a quienes no se les administró el fármaco. Este segundo grupo de ratones presentó un deterioro motor significativo en pruebas conductuales, como la prueba de la barra vertical, la cual permite medir la disfunción motora, como la producida por el Párkinson, en ratones durante un periodo de seis meses. No obstante, el equipo de Dawson descubrió que los ratones tratados con el NLY01 conservaron tanto sus funciones físicas normales como las neuronas dopaminérgicas, una clara indicación del efecto protector del fármaco ante el desarrollo de la enfermedad de Parkinson.

En un segundo experimento, el equipo de investigadores estudió a un grupo de ratones que, por modificación genética, producían, de forma natural, una proteína alfa-sinucleína más análoga a la humana; un modelo animal que se emplea habitualmente para reproducir la enfermedad de Párkinson humana de carácter hereditario. En condiciones normales, los ratones transgénicos debían morir en 387 días; sin embargo, el equipo de Dawson observó que el tratamiento con el NLY01 prolongó la supervivencia de los 20 ratones tratados con el fármaco, añadiéndoles más de 120 días de vida.

Tras realizar un análisis más exhaustivo, los investigadores advirtieron que el cerebro de los ratones tratados con el fármaco NLY01 presentaban pocos indicios de las características neurodegenerativas del Párkinson.

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta al sistema nervioso de manera crónica y progresiva. Según la Fundación contra el Párkinson, esta enfermedad afecta aproximadamente a un millón de personas en EE.UU. En las fases iniciales de la enfermedad, los síntomas más frecuentes son temblores, trastornos del sueño, estreñimiento y dificultad para moverse o caminar; no obstante, con el paso del tiempo, las personas desarrollan síntomas más graves, entre ellos, pérdida de la función motora, trastornos del habla y demencia. En la mayoría de los casos, los síntomas de la enfermedad se manifiestan después de los 60 años.

Dawson afirma que tanto él como su equipo de investigadores tienen razones de peso para creer que, en corto tiempo, el fármaco NLY01 podría tener un efecto positivo en la vida de los enfermos de Párkinson.