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Montgomery: Depresión afecta a jóvenes latinos


Estrés, problemas de inmigración y factores culturales afectan a nuestros jóvenes

Olga Imbaquingo | Especial para El Tiempo Latino | 6/5/2018, 1:08 a.m.
Montgomery: Depresión afecta a jóvenes latinos
HISTORIA. Leana Bermúdez y su hijo Jason comparten una historia de violencia doméstica, intento de suicidio y también de resistencia y esperanzas. | Olga Imbaquingo

Cuando la tristeza se coló en dormitorio de Jason sin pedir permiso, la madre de este adolescente de 16 años, Leana Bermúdez, la confundió con “cosas de holgazán”. Cuando ese estado de desasosiego evolucionó a raptos de furia buscó ayuda para su pequeño.

El diagnóstico estaba alejado del cartel de “mal estudiante” o “vago”. Jason sufría depresión, un estado mental donde la tristeza, el cansancio y la certeza de que la vida no vale nada terminó doblegándolo, desde hace más de un año.

Que se levante para ir al colegio era demasiado pedirle. Sus pobres calificaciones y su mutismo eran un grito desesperado de auxilio. “Vivía muy triste, no sabía cómo sonreír, yo no pedí nacer me repetía (…) Creo que asimilé los dramas familiares”, dice Jason mientras esconde su mirada y sus manos parecen buscar más explicaciones entre sus dedos.

“Su madre ha sido determinante. Ella está dispuesta a llegar a donde sea por él”, dice Lucy López, especializada en buscar ayuda profesional para los niños y jóvenes con depresión, en la Federación de Familias para la Salud Mental de la Niñez del Condado de Montgomery.

El caso de Jason es excepcional gracias a la tenacidad de su madre, una mujer de armas tomar, quien un día sufrió violencia doméstica y también debió salvar a su otra hija de un intento de suicidio. La realidad es que los latinos víctimas de depresión, además de esa bufanda de tristeza que los atenaza sin piedad, arrastran lastres invisibles: el estigma de que la depresión solo es una debilidad de carácter, la falta de tiempo de sus progenitores, la negación de que las enfermedades mentales necesitan tratamiento, las barreras del idioma y la escasez de centros de asistencia, especialmente para indocumentados.

La creencia es que donde no hay dolor no hay enfermedad y es cierto que no duele la cabeza, los huesos o el estómago, pero duele la vida. Esta agonía, al parecer, va en aumento desde el año pasado, según un estudio del Instituto de Escuela de Salud Pública, Milken, de la Universidad George Washington. Los expertos creen que el detonante de la angustia extrema entre los padres de familia latinos y sus hijos son las últimas políticas migratorias. “La posibilidad de sufrir depresión -según este informe- se ha disparado en un 300 por ciento”.

Jason es uno de los seis millones de menores de 18 años afectados por las políticas migratorias. Aunque el comienzo de su depresión no fue por culpa de draconianas medidas de la administración Trump, su tristeza tiene origen en la ausencia de su padre, quien fue deportado por maltratar a su madre cuando él tenía tres años. “Cuando tenía unos ocho años vi a mi mamá derrumbarse, la llevaron a un centro de crisis, yo temblaba de miedo de perderla”, recuerda el joven.

Para los indocumentados son tiempos de un extenuante juego del gato y el ratón. Padres que evitan llevar a sus hijos a las escuelas y nunca olvidan aleccionar a sus críos huir de la autoridad. Un 40 por ciento de ellos asegura que no buscan ayuda médica por miedo a ser reportados a Inmigración.