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En las montañas de Puerto Rico, la pesadilla de María no terminó para este padre y su hijo


La crisis financiera de la isla ha generado un éxodo masivo de médicos a Estados Unidos continental

Sarah Varney | Kaiser Health News | 3/28/2018, 5:01 p.m.
En las montañas de Puerto Rico, la pesadilla de María no terminó para este padre y su hijo
Osvaldo Martínez (izq.) cuida a su hijo, Osvaldo Daniel Martínez, quien sufre una discapacidad progresiva y tiene Medicaid. Con pocos neurólogos en la isla, el joven todavía no ha podido ver a un especialista para tener un diagnóstico oficial. | Sarah Varney/KHN

Para llegar a la casa de los Martínez, en las montañas del centro de Puerto Rico, la trabajadora social Eileen Calderón conduce por caminos de tierra, baches traicioneros y camiones de la compañía eléctrica que bloquean la carretera. Finalmente, se detiene en una casa de cemento, con el techo todavía quebrado por el huracán María. La ropa cuelga debajo de una lona y, afuera, hay un gato amarrado a una correa.

Calderón, quien vive en San Juan, y trabaja para VarMed, una compañía que maneja casos médicos complejos en Puerto Rico, ha llevado a dos colegas, la enfermera Anamelia Velázquez, y la doctora de atención primaria Carla Rossotti, para ver cómo están Osvaldo Martínez y su hijo, Osvaldo Daniel Martínez.

Dentro de una habitación oscura, Martínez padre, un ex lanzador estrella de 67 años de la liga local de béisbol, alimenta a su hijo con cucharadas de arroz y salchicha. El joven Martínez yace en una cama de hospital, sufre de espasmos en los brazos y dedos, y sus ojos se mueven sin control. Ex guardia de seguridad, tiene 37 años y nació en Chicago.

Después que él y su padre regresaran a vivir a Puerto Rico hace tres años, el joven Martínez comenzó a mostrar signos tempranos de esclerosis múltiple. Durante el año pasado, esta habitación se convirtió en su mundo, luego el mundo se limitó a su cama.

Su padre señala el techo, que todavía tiene filtraciones por la lluvia de la mañana y está cubierto de moho.

"Todo esto se filtró y se puede ver que salió por el huracán", dijo.

La luz volvió hace aproximadamente un mes, y la familia tiene agua corriente, por lo que puede mantener a su hijo limpio. El padre lleva un recipiente de plástico al baño y lo llena de agua. Luego, como lo hace varias veces al día, regresa al dormitorio para bañar a su hijo adulto y cambiar suavemente su pañal.

Pero Rossotti, cuya compañía, VarMed, recibió el pago del gobierno puertorriqueño para ayudar a cuidar al joven Martínez, dijo que aún no ha podido obtener una cita con un neurólogo para confirmar el diagnóstico de esclerosis múltiple y comenzar el tratamiento. Hay una escasez crónica de neurólogos en la isla, y aquellos que permanecieron después de la tormenta tienen poco espacio en sus agendas para pacientes de Medicaid.

Calderón, la trabajadora social, dijo que ha estado intentando durante un año obtener una cita para Martínez, pero una recepcionista tras otra le dice que los neurólogos para quienes trabajan no están recibiendo nuevos pacientes. "Tenemos un paciente que hace un año estaba estable y ahora está postrado en la cama", dijo Rossotti. “Todavía no ha podido tener la evaluación de un neurólogo".

La gente aquí en Puerto Rico habla sobre la vida "antes y después de María". Acceder a la atención médica en la isla siempre ha sido un desafío, dada la escasez crónica de médicos y su sistema inusual de Medicaid, conocido como subsidio global. El gobierno proporciona una cierta cantidad de dinero para cada ciudadano en el programa, sin importar cuán grandes sean las necesidades de atención.