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Estudiantes latinos de Montgomery también juegan a inventar

Más de 500 estudiantes del condado participaron por primera vez en proyectos medioambientales
FUTURO. Melissa Alvarado, Vilma Martínez y Ericka con su Puerta “Caminando a un futuro mejor”. Incluyeron en su proyecto madera, cartón, circuitos eléctricos y computación.

FUTURO. Melissa Alvarado, Vilma Martínez y Ericka con su Puerta “Caminando a un futuro mejor”. Incluyeron en su proyecto madera, cartón, circuitos eléctricos y computación.

Fue tiempo para jugar a ser inventores. Eso es lo que hicieron los estudiantes de la secundaria del condado de Montgomery, en Maryland. Adolescentes imaginando ser los futuros Edisons, Einsteins o Marie Curies juntaron sus ideas en más de 90 equipos con un solo objetivo: un planeta más saludable y sostenible.

PROYECTO. Ismael Arévalo con su proyecto de limpiar las aguas de los océanos con la ayuda de un helicóptero y submarino.

Olga Imbaquingo

PROYECTO. Ismael Arévalo con su proyecto de limpiar las aguas de los océanos con la ayuda de un helicóptero y submarino.

Aunque, erradamente, en algunos recintos académicos de alto nivel aún se cree que eso de la ciencia y los inventos es solo de hombres, el domingo 20 mayo, los pequeños inventores demostraron que a las chicas solo hay que darles la oportunidad para crear. Con el apoyo del Museo KID y el sistema de educación pública del condado trabajaron durante varias semanas previas al día de la exhibición de sus proyectos, en el colegio de secundaria Magruder en Rockville.

Para ser inventor hay que ser buen observador y muy preguntón y a esa tarea se dieron los jóvenes, muchos de ellos de origen latino. En la recta final de este desafío de imaginar el futuro exhibieron sus proyectos para limpiar los mares de basura, crear agricultura orgánica en las terrazas, construir ciudades libres de contaminación y de accidentes, entre otros.

Echaron mano de cartulina, acuarelas, tijeras, botellas de plástico, trocitos del madera, musgo; y, por supuesto, como ellos son la generación digitalizada, fusionaron esos materiales con conductores de energía eléctrica, chips, procesadores, programas de software y computadoras.

Así fue como Ismael Arévalo, de la escuela Argyle, se le ocurrió que para limpiar los mares de basura hay que construir un helicóptero especializado en detectar dónde hay desperdicios; una vez que el avión ubica los desechos, manda las señales a un submarino y éste acude al lugar a recogerlos.

Para hacer realidad este invento sería necesario material y tecnología sofisticados. Por ahora este alumno de 12 años utilizó lo que más tiene a su alcance: el avión lo hizo de cartón y el submarino de botellas de plástico y para darle un toque relista a su submarino lo pintó como los que se ve en las películas de guerra. “Mi submarino no utiliza gasolina sino electricidad y tiene la misión salvar a las tortugas que están sufriendo por tanta basura”, dijo el joven innovador. Se supone que también con su sueño quiere proteger a las ballenas y toda la vida marina amenazada pero aún es un niño, los quelonios son su mayor preocupación.

Observando el futuro

CIUDADES. Christine Cao, Sarai Lazo Salvador y Aelin Masaquiza con su proyecto de ciudades amigables con el ambiente, que solo se utiliza molinos de viento y de agua para generar energía.

Olga Imbaquingo

CIUDADES. Christine Cao, Sarai Lazo Salvador y Aelin Masaquiza con su proyecto de ciudades amigables con el ambiente, que solo se utiliza molinos de viento y de agua para generar energía.

El gran genio del renacimiento Leonardo Da Vinci fue quien imaginó volar, pero fue el ucraniano Igor Sirkosky, quien viendo aletear libélulas dijo “¡Eureka!” e inventó con fines prácticos el primer helicóptero. Sí, viendo volar libélulas, al igual que Newton observando caer manzanas del árbol creó la teoría de la gravedad.

Recordarles que en la observación de las cosas simples se esconde la llave de los grandes inventos fue tarea de Alan Gregerman, especializado en motivar talentos. “El 99% de los descrubrimientos vienen de la experiencia y de lo que observamos. Mi sugerencia es que se levanten de los asientos, salgan del aula, observen y pregunten. Los más curiosos serán los que harán la diferencia y de los que más necesita la humanidad”, fue su mensaje.

Tal vez nadie antes les habló así a Elizabeth Welbeck, Aelin Masaquiza, Christine Cao y Sarai Lazo Salvador. Ellas apelaron a su ingenio para crear su ciudad del futuro, donde solo se utilizará el poder de los molinos de viento y de agua. Por ahora el molino de viento fue de cartón y el de agua nada mejor que la rueda donde gira el hámster de Lazo.

El futuro dirá si en las cabecitas de Erika Mencia, Melissa Alvarado, y Vilma Martínez, del colegio Roberto Clemente, está escondido un pequeño Thomas Edison, aquel genio que inventó además de la bombilla eléctrica, el telégrafo, las baterías de níquel y el auto eléctrico. Para el encuentro de pequeños inventores del domingo, estas estudiantes con la guía del profesor Sascha Simkahich, crearon la puerta “Caminando a un mundo mejor”, que imaginan funcionaría en las calles donde hay mucho tráfico y sería de gran ayuda para los que no ven o no escuchan.

En principio les dijeron que lo suyo no tenía relación con el ambiente. Ellas lo defendieron argumentando que calles más seguras significa menos accidentes y más gente caminando, lo que se traduce en menos autos y aire más limpio y sin ruido. El proyecto obtuvo la luz verde y Alvarado descubrió que tenía talento. Con la ayuda de una computadora creó circuitos eléctricos que permiten a la puerta del futuro abrirse y cerrarse. Esta jovencita, que no tenía idea de códigos, chips y procesadores, ahora sabe que quizá su porvenir profesional ha encontrado el camino correcto.

No hay nada más falso que eso de que “ya todo está inventado”. Por primera vez 500 estudiantes del condado de Montgomery demostraron lo contrario y el próximo año volverán con nuevos proyectos. Estos alumnos no se quedan sentados, ellos están sedientos por perfeccionar sus robots polinizadores de plantas, sus cajas solares para abrigar en el invierno o los recicladores de agua. ¡Un brillante futuro!