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Control de armas vs. atención de salud mental: debate luego de las masacres oculta una realidad turbia


Rob Waters | California Healthline | 11/16/2018, 5:59 p.m.
Control de armas vs. atención de salud mental: debate luego de las masacres oculta una realidad turbia
Jasmine Alexander, de 25 años, habla con un agente del FBI el viernes para recuperar su auto, que dejó cerca de Borderline Bar and Grill en Thousand Oaks, California. Alexander estaba en el bar el miércoles durante el tiroteo en masa. Se lastimó la mano izquierda mientras salía por una ventana. | Photo by Philip Cheung for The Washington Post

Luego de la reciente masacre en Thousand Oaks, California, en la que murieron 11 personas en un bar de música country, el presidente Donald Trump repitió la misma frase: "Es un problema de salud mental". “Era un tipo muy enfermo”, dijo de Ian David Long, el atacante.

De la misma manera, después del tiroteo en una escuela de Parkland, Florida, en febrero, en el que murieron 17 personas entre estudiantes y personal, Trump tuiteó que había "muchos indicios de que el que disparó estaba mentalmente perturbado".

Sin embargo, expertos en salud pública y salud mental argumentan que culpar a las personas con enfermedades mentales de la violencia es injusto e impreciso, y señalan que a lo que se debería mirar es a la laxitud de las leyes sobre armas de fuego.

"La mayor parte de los actos violentos no los cometen personas mentalmente enfermas", enfatizó la doctora Renée Binder, profesora de psiquiatría de la Universidad de California en San Francisco y ex presidenta de la American Psychiatric Association. "Aunque nos hiciéramos cargo de todos los que sufren algún tipo de trastorno mental y los encerráramos y los medicáramos, apenas comenzaríamos a indagar en el problema de la violencia".

En los debates que les siguen a estas masacres, las opiniones son blancas o negras, pero la investigación muestra que la verdad tiene zonas grises.

Tanto los "defensores de eliminar el estigma", que insisten en que la enfermedad mental no tiene relación con la violencia, y los "propagadores del temor", que afirman que "los enfermos mentales son una amenaza peligrosa y deben ser encerrados", están equivocados, dijo Jeffrey Swanson, profesor de psiquiatría de la Universidad de Duke, quien ha estudiado los patrones de violencia en las principales ciudades de los Estados Unidos.

Si bien es cierto que la enfermedad mental desempeña sólo un pequeño papel en la mayoría de las formas de violencia, incluidos los homicidios individuales, su papel es mayor en los tiroteos masivos.

Alrededor del 60% de los perpetradores de este tipo de tiroteos tienen un historial de trastornos mentales graves, y, de ellos, dos tercios nunca pisaron un servicio de salud mental, dijo Grant Duwe, director de investigación y evaluación del Departamento Correccional de Minnesota, quien ha pasado años estudiando los tiroteos masivos. Aunque eso sugiere una mayor necesidad de tratamiento, la tercera parte de los que sí recibieron ayuda "llevaron a cabo un ataque de todos modos", dijo. "Así que, incluso recibir atención de salud mental no es la panacea que la gente dice que es".

Por ejemplo, James Holmes, quien en 2012 mató a 12 personas en un cine de Aurora, Colorado, había recibido tratamiento psiquiátrico, y habló sobre pensamientos homicidas en las sesiones. Pero no fue reportado a las autoridades porque no expresó ningún plan concreto.

Seung-Hui Cho, cuyos problemas mentales se remontaban a su infancia, habló en varias ocasiones con los consejeros del campus dos años antes de matar a 32 personas y herir a otras 17 en la Universidad Virginia Tech, en 2007. Diagnosticado con un trastorno del estado de ánimo después de amenazar con autolesionarse en 2005, fue hospitalizado durante una noche y un juez ordenó que recibiera tratamiento ambulatorio. Pero, misteriosamente, no fue evaluado ni tratado.