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Más de 40 personas fueron “homeless” por una noche en Mount Vernon

Se pusieron en los zapatos de los que no tienen techo en un barrio donde la opulencia convive con la extrema pobreza
Agradecimiento. Claudia López ultima los arreglos de su casa donde pasó la noche, junto a su esposo, para agradecer por el privilegio de tener una casa con calefacción en el invierno.

Agradecimiento. Claudia López ultima los arreglos de su casa donde pasó la noche, junto a su esposo, para agradecer por el privilegio de tener una casa con calefacción en el invierno.

Dime dónde vives y te diré quién eres. Si el código postal 22309 hablara diría que pertenece a uno de los barrios más alejados del centro de la ciudad de Alexandria. También diría que es una de las zonas más inequitativas en términos económicos, donde viven familias en unas casas inmensas y modernas y otros pernoctan en casuchas rodantes o en las calles.

Washington DC, incluida su área metropolitana que abarca a la ciudad de Alexandria, es la segunda región más económicamente injustas en Estados Unidos, solo después de Atlanta y muy por encima de ciudades como Nueva York y San Francisco. Para intentar entender esa realidad, 48 personas, entre niños, jóvenes y adultos, la noche del sábado 17 durmieron a la intemperie, con temperaturas que casi rozaron los cero grados centígrados, cubiertos con techos rudimentarios de plásticos o cartones.

Comenzaron a llegar a partir de las 2 p.m. con las manos llenas de cartones, plásticos, cinta adhesiva y cobijas. A las cuatro de la tarde sus “viviendas” estaban listas. Desde hace seis años, en las instalaciones de Good Shepherd Catholic Church, en el barrio Woodland Park, cada inicio del invierno se reúnen con el propósito de ponerse en los zapatos de las personas sin techo, por una noche.

Campamento. Así se presentaba el campamento de una noche para las familias y los jóvenes que decidieron mirar la realidad de los sin techo desde una perspectiva de la experiencia.

Campamento. Así se presentaba el campamento de una noche para las familias y los jóvenes que decidieron mirar la realidad de los sin techo desde una perspectiva de la experiencia.

La niña Leslie Jiménez fue una de las que quiso vivir la experiencia de dormir en la calle por una noche. “Quiero saber cómo se siente pasar la noche en el frío, sobre un piso duro. Los homeless son pobres, no tienen agua para bañarse, ni pasta, ni cepillo dental. Hacerlo me da la oportunidad de saber la suerte y el privilegio que tengo de tener a mis padres que me dan techo y comida”.

Cuando Roxana Morrobel supo que para entender la cruda realidad que viven unas 20 mil 787 personas sin techo en el área metropolitana era preciso pasar lejos de casa, calefacción y una cama con sábanas limpias, dijo que sí.

El llamado vino de su iglesia Saint Andrew The Apostol y ella quiso que sus hijos aprecien lo bendecidos que son y que aprendan que no todos tienen garantizado una sopa caliente y un lugar para dormir.

“No sabemos las vicisitudes que tienen que pasar en las calles y esta noche debe ser una lección para que mis hijos sepan que no todo en la vida es fácil y aprecien lo que tenemos”. Su hija Angélica Morrobel irrumpió con su inocencia de preadolescente para pedir que las iglesias dejen dormir a los sin techo en los templos. “Ellos no tienen medicinas, no tienen seguro médico, no tienen muchas cosas. Tal vez les duele el cuerpo de tanto dormir en un suelo frío”.

Homeless. Uno de los jóvenes que se sumó, el año pasado al llamado de su iglesia a vivir por una noche como homeless.

Cortesía Catholic Diocese of Arlington

Homeless. Uno de los jóvenes que se sumó, el año pasado al llamado de su iglesia a vivir por una noche como homeless.

En 2017, según el informe anual sobre los sin techo del Departamento de Vivienda: Virginia registró 6 mil 067, en DC 7 mil 473 personas no tuvieron un tejado sobre sus cabezas, mientras que en Maryland fueron 7 mil 247 los menos afortunados. En todo el país más de medio millón tienen como albergue al firmamento.

Además Good Shepherd Catholic Church está recolectando medias y botas de invierno para hombres y durante todo el año recibe víveres dos veces al mes para repartirlos en los albergues y en los comedores que alimentan a las personas sin techo. De hecho aquel sábado, los feligreses iban llegando con su bolso azul lleno de alimentos que los depositaban en la antesala del templo. Muchos de los homeless, en realidad, no son desempleados pero sus salarios no alcanzan para pagar la renta de una vivienda.

Junto a la carpa de plástico de la familia Morrobel, los esposos Claudia y Francisco López se apresuraban a terminar su casucha de cartón antes que empezara la misa a las 5 de la tarde. “Lo hacemos para entender el sacrificio y las incomodidades de los que viven en las calles y para no olvidar que debemos estar agradecidos de lo que tenemos”.

Miguel de Ángel, director del ministerio juvenil de la iglesia, es el creador de “una noche como homeless”. Él explicó el por qué de esta iniciativa: “nos dimos cuenta que las actividades que realizábamos no atraían a los adolescentes y ésta es una de la que mejor los concientiza. Al principio solo eran jóvenes y ahora se unen las familias con niños pequeños. En un lado está la zona rica y privilegiada donde nació George Washington y al otro lado los pobres viviendo en casas rodantes, el 85 % de ellos son latinos. Esto es para que los jóvenes entiendan que la pobreza no solo está en el África sino que es real y está en el umbral de sus casas”.

Pobreza y privilegio

Marginados. En Washingon DC, las personas con los ingresos más bajos son abrumadoramente los afroamericanos y latinos. Este es un indicador que pese al crecimiento que experimenta la capital está dejando a estos grupos demográficos al margen de programas de vivienda asequible.

Ingresos. Las familias más privilegiadas de Washington DC ganan 30 veces más que las familias más pobres de la ciudad, mientras que en el área metropolitana las diferencia es de entre 13 y 14 veces más el ingreso de las familias más adineradas en comparación con las más pobres, según DC Fiscal Policy Institute.



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