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Relaciones de China con El Salvador podrían no ser una estrategia comercial

Los analistas reiteraron que aumentos en importaciones y exportaciones no dependen del establecimiento de relaciones diplomáticas entre los países. Es más oferta y demanda.
CHINA - El vicepresidente chino, Wang Qishan (dcha), se reúne con el secretario general del partido oficialista salvadoreño Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y primer designado a la Presidencia, Medardo González, en Pekín (China). China y El Salvador firmaron en Pekín el establecimiento de lazos diplomáticos entre los dos países, lo que aumenta el aislamiento internacional de Taiwán.

CHINA - El vicepresidente chino, Wang Qishan (dcha), se reúne con el secretario general del partido oficialista salvadoreño Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y primer designado a la Presidencia, Medardo González, en Pekín (China). China y El Salvador firmaron en Pekín el establecimiento de lazos diplomáticos entre los dos países, lo que aumenta el aislamiento internacional de Taiwán.

Iniciar relaciones diplomáticas con la República Popular China no es una medida estratégica comercial para El Salvador, puesto que el flujo de importaciones y exportaciones se desarrolla por oferta y demanda y no por la amistad de naciones, coincidieron algunos economistas salvadoreños.

Desde que el presidente Salvador Sánchez Cerén anunció en cadena nacional que el país rompía las relaciones diplomáticas que mantuvo por más de 80 años con la República de China (Taiwán) para establecerlas con China Popular, el Gobierno ha sostenido que es “un paso en la dirección correcta, que corresponde a los principios del derecho internacional, de las relaciones internacionales y a las tendencias ineludibles de nuestra época”.

La noche de ese 20 de agosto, el presidente dijo que en las áreas de comercio, inversión, desarrollo de infraestructura, cooperación científica, económica y técnica, en salud, educación, turismo, apoyo a la micro y mediana empresa, “se abrirán amplias oportunidades productivas y de comercio que generarán beneficios tangibles a toda la población”.

Pero, aún sin tener relaciones diplomáticas ni ningún acuerdo comercial, el flujo mercantil entre El Salvador y la República Popular China ha crecido en los últimos años.

Los datos del Banco Central de Reserva (BCR) indican que si a inicio del nuevo milenio, El Salvador le compraba solo $33.4 millones a China y le vendía apenas poco más de $106,000; para 2009, las importaciones ya sumaban más de $655 millones mientras que las exportaciones hacia el país asiático superaban tímidamente los $2.5 millones.

El último informe de comercio exterior publicado por el BCR da cuenta de que en siete meses de 2018, El Salvador superó las exportaciones que envió a China en todo el 2017.

En total, al cierre de julio, incluyendo maquila, la República Popular de China recibió $83.2 millones en bienes salvadoreños. El año pasado, a esta fecha, el país apenas había enviado casi $28 millones a la nación asiática y cerró el año con $47 millones.

“De esta forma, China ocupó la sexta posición como socio estratégico comercial de El Salvador en términos de exportaciones, superando a países como México, Panamá, Dominicana, España e Italia, entre otros, al participar con un 2.3% del total de exportaciones del país”, aseveró el BCR en un boletín.

Por otro lado, las importaciones desde la República oriental sumaron $873.5 millones a julio 2018. Al cierre de 2017 sumaron más de $1,400 millones y con una participación del 13 %, es el segundo principal socio comercial del país, después de Estados Unidos.

Crecimiento potencial

El exministro de Hacienda y coordinador general del sector privado en la negociación de los Tratados de Libre Comercio de El Salvador, Rigoberto Monge, explicó que si bien no habían relaciones diplomáticas, las relaciones comerciales entre El Salvador y China Popular se venían realizando desde 2014 aplicando las normativas comerciales multilaterales de la Organización Mundial de Comercio.

De hecho, cuando El Salvador levantó la restricción a China Popular, el país comenzó a enviar azúcar cruda en mayor volumen.

“Al parecer, El Salvador ha tenido un repunte desde entonces, solamente frenado, en parte, por la limitada y poco diversificada oferta exportable de nuestro país; mientras que el despunte de las ventas de China Popular a El Salvador ha sido desde entonces desproporcionalmente mayor”, dijo Monge.

Para el economista, en estos años, El Salvador ha necesitado de una mayor y agresiva política de promoción y fomento de exportaciones a esta y otras regiones del mundo.

“Definitivamente no es una medida estratégica en el ámbito comercial, El Salvador no gana nada. Ya en los años anteriores se ha tenido relaciones comerciales y dejando de lado los $1,400 millones que se importan de China, las exportaciones son pírricas”, sentenció por su parte Carlos Pérez, economista de la Fundación Nacional para el Desarrollo (Funde).

Al ser un país industrializado, China Popular exporta principalmente sus manufacturas industriales y tecnología como textiles y equipos electrónicos, mientras que sus compras se enfocan en materias primas como soja, hierro y petróleo.

Como no es lo mismo exportar un producto con valor agregado que la materia prima; en términos generales, por ejemplo, exportar un vehículo o una computadora, siempre genera mucho más empleo y divisas que vender solo el metal para fabricarlos. Ahí una desventaja para economías emergentes como El Salvador.

Por ahora, el azúcar y café salvadoreño son las mayores posibilidades de venta a China; aunque el director de exportaciones del Organismo Promotor de Exportaciones e Inversiones (Proesa), Carlos Federico Paredes, aseguró en una entrevista televisiva que también se envían desperdicios de papel o cartón, bronce y de aceros; hilo de poliéster texturizados, madera de ciprés; y suéteres, calzoncillos y camisetas de fibras sintéticas.

En todo caso, el comercio internacional no se desarrolla por amistad diplomática sino gracias a lo que la teoría económica llama “ventaja comparativa”; es decir, cuando cada país se especializa en los bienes que puede producir a menor costo y los intercambia con los de otros países para ampliar y diversificar el consumo.

¿Efecto China?

El informe “La irrupción de China y su impacto sobre la estructura productiva y comercial” de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que las más estrechas relaciones comerciales de la región con China ofrecen un desafío especial: que el patrón de comercio con China acelera el proceso de desindustrialización. Por el lado de las exportaciones, provoca una excesiva concentración en productos básicos; mientras que de lado de las importaciones, la penetración china afecta a los productores locales en sus propios mercados.

En su documento, la Cepal indicó que la agresiva estrategia de expansión comercial del gigante asiático y la competencia que genera en la región, afecta notablemente a algunas industrias en el mercado de Estados Unidos y en Latinoamérica misma.

Por ejemplo, para los países centroamericanos, la mayor afectación se da en la industria de textiles y confecciones, principalmente en textiles de punto, especialmente en ropa interior, así como también en insumos para la industria textil (hilos, telas, acrílicos, y accesorios en general). “El Salvador, Guatemala y Honduras reportan las mayores afectaciones en dicho sector”, detalló la CEPAL.

Y es que si China exporta productos industriales no va a comprar más productos industriales. Si venden textiles (incluso baratos), no comprarán textiles salvadoreños, aunque éstos sean de mejor calidad.

Entre las otras industrias del resto de los países de la región, con los productos chinos se ven afectadas la agroindustria, la de madera, papel y cartón, así como también la química y farmacia y los metales.

“Si la pregunta es que si esto es estratégico para el comercio, no, no creo. Las cosas van a seguir igual porque las relaciones comerciales no solo dependen de las diplomáticas”, dijo el economista y exministro de Hacienda, Manuel Hinds.

Para el también exconsultor del Banco Mundial, ser amigo del país que fabrica el artículo no es precisamente el criterio por el que un consumidor compra un producto ni la estrategia con la que lo presenta el vendedor.

Por ElSalvador.com



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