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Para Scarlin Hernández ni las estrellas son inalcanzables

Es parte del equipo a cargo del lanzamiento de la nave espacial que viajará en busca de planetas y de las primeros luceros del universo.
Becas. La ingeniera en sistemas, Scarlin Hernández, logró avanzar en sus estudios gracias a becas y al empuje de su madre, que siempre le insistió que solo la educación la hará una estrella.

Becas. La ingeniera en sistemas, Scarlin Hernández, logró avanzar en sus estudios gracias a becas y al empuje de su madre, que siempre le insistió que solo la educación la hará una estrella.

¿Quién no ha soñado en alcanzar las estrellas? Scarlin Hernández también imaginó toparlas con los dedos y ahora, a sus 26 años, está a punto de acariciarlas, no con la fantasía de una niña, sino con las herramientas que proporcionan la ciencia y la tecnología en el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial, en Baltimore.

Ella es una ingeniera aeroespacial de la NASA que viene de muy abajo. Para alcanzar su estrella del éxito necesitó toneladas de tenacidad y del empuje de su madre Belkis, quien huyó de la pobreza y el abuso en Santiago, República Dominicana. Llegó con la niña de cuatro años a Brooklyn, en Nueva York. Dos años después se radicaron en Baltimore, donde la miseria y la inseguridad las perseguían como la sombra, tanto que aún la estremece el recuerdo de un niño que la amenazó a ella y a sus compañeritos con cuchillo, en su primer año de escuela.

Para estar donde está jugueteó con otros sueños. Se veía siendo bailarina, actriz o modelo. Hasta que le dio por empezar a desarmar y rearmar consolas de videojuego de Nintendo. Así se dio cuenta que la ingeniería estaba llamando a la puerta de su intuición en su temprana adolescencia. Ella aceptó encantada el reto de los números y las matemáticas.

Dice el refrán “puede que Dios inventara el tiempo pero aquí abajo decidimos qué hacer con las horas” y Scarlin Hernández escogió qué las suyas las emplearía en estudiar. No le importó que le hicieran bullying y que la vieran como “la nerd de la clase” porque prefería investigar, leer, explorar antes que desperdiciar el tiempo.

Su disciplina logró los primero frutos, luego vendrían otros: consiguió una beca y se fue a una escuela católica y la violencia le dio un respiro, aunque no olvida que crecer en Baltimore significó vivir marginada por ser muy pobre y diferente.

“Con mi hija me considero una madre bendecida, porque es estudiosa, madura, responsable e inteligente. La palabra que le calza mejor es ‘extraordinaria’. Siempre tan curiosa, siempre investigando y siempre buscando de dónde agarrarse para no soltarse”, dice a El Tiempo Latino su madre, para quien su pequeña tiene otra cualidad: es pragmática y para todo tiene un plan A, B y hasta C. “Le digo que nada es perfecto, pero quiere llevar la perfección hasta el límite y nada lo ve imposible”, acota la progenitora de Scarlin. Esas cualidades facilitaron su ingreso al Instituto Politécnico de Baltimore, un centro de excelencia académica especializado en ingeniería y matemáticas. Una vez adentro se enamoró de la arquitectura, la mecánica y el diseño.

Cacería del diploma

La niña que se ponía los tacos de su mamá y que una bachata y a quien aún hoy en día un plato de arroz con habichuelas le dibujan una sonrisa, ya sabía que no se pueden tocar las estrellas con la mano, pero descubrió que con un diploma de ingeniería en computación, que le permitió hacer una pasantía en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, se puede rozar a esos luceros de la noche.

Así como José Arcadio Buendía se quedó embelesado cuando por primera vez conoció el hielo en el Macondo de “Cien años de soledad”, Hernández se quedó extasiada con el telescopio espacial James Webb -el sucesor del Hubble- y con la idea de que los seres humanos pudieran construirlo y enviarlo a descubrir mundos tan lejanos y desconocidos.

Su enlace con las estrellas quedó sellado cuando se ganó una beca completa que le otorgó la Fundación Nacional de Ciencias para estudiar en la Capitol Technology University, que tiene a su cargo el Programa del Instituto de Operaciones Espacial (ISO). Esa fue la clave de su carrera como ingeniera aeroespacial.

Como parte del equipo de la operación de vuelo se encarga de probar el sistema terrestre del software y el código de procedimientos que se usarán durante el lanzamiento de la nave espacial, el próximo año. El telescopio tendrá la misión de descubrir nuevos planetas y las primeras estrellas del universo.

Cerrando la brecha

Además de su compromiso con el viaje espacial, Scarlin tiene otra misión y esta es cerrar la brecha existente entre hombres y mujeres en ciencia y tecnología. Su trabajo de mentora empieza a ganar respeto de otras profesionales. Es el caso de Jessica Harris, física del Observatorio Nacional Radio Astronómico, que ve en Hernández una inspiración “porque ha superado muchas barreras. Con su ejemplo hace camino al andar y con su programa Mujeres Empoderando a Mujeres se asegura de que existan más oportunidades para ellas”, dijo Harris al portal VanguardSTEM Conversations.

Mientras contribuye a la búsqueda de respuestas a la preguntas ¿De dónde venimos y a dónde vamos?, en lo profesional sí sabe que quiere lograr su maestría en manejo de proyectos y continuar reclutando más mujeres latinas en ciencias y tecnología. Esta latina concluye con un mensaje claro: “gatea, camina, corre y salta hasta alcanzar tus sueños…Vencer las dificultades es tu única elección”.



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