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Una noche donde la gastronomía hizo diplomacia

Cientos de comensales se dieron cita en DC para disfrutar de los sabores del mundo
BOLIVIA. Todos los asistentes al Embassy Chef Challenge quisieron probar los vinos y el singani boliviano que llegaron a esta competencia en busca de nuevos mercados.

BOLIVIA. Todos los asistentes al Embassy Chef Challenge quisieron probar los vinos y el singani boliviano que llegaron a esta competencia en busca de nuevos mercados. Photo by Olga Imbaquingo.

Fue una noche para degustar y beberse al mundo. Una ocasión perfecta para viajar con el paladar por 22 embajadas que ofrecieron a los habitantes de Washington DC los sabores y bebidas más emblemáticos de sus países, durante el Embassy Chef Challenge, una competencia de alta gastronomía que ya tiene 11 años.

Fue un homenaje al arte culinario y un anzuelo para estómagos hambrientos. Fue la gran noche para Haití, Barbados y los países africanos, cuyas delicias se llevaron la mayoría de premios. Haití tuvo mucho que ofrecer a esos paladares ávidos de exóticas aventuras de sabores, formas, texturas y aromas y todo esto sin salir de la ciudad.

La noche del dos de abril, en el edificio Ronald Reagan, el chef Dimitri Lilavois a su cocido lo llamó “La revolución”. En esa pirámide de ingredientes, el zapallo, que crece en ese pedazo de isla caribeña compartida con República Dominicana, fue la nota de fondo. Al estofado cremoso y calientito le agregó trocitos de langosta, jamón y carne de res sofrita transformándolo en un manjar digno de las mejores mesas.

“Es mi creación y no la inventé para mí contento, quiero que sea un regalo para mi país”, le dijo a El Tiempo Latino el exultante ganador, quien aseguró que pronto se instalará en California para seguir haciendo de sus platos los mejores embajadores de Haití. La nota intermedia del menú fue su coctel, lo llamó peyzan o paisano, una amalgama cautivadora de jengibre, almíbar de canela, agua y aguardiente de coco, jugo de limón, maracuyá y ron Barbancourt, el licor insignia de Haití desde hace 157 años. Así fue como se alzó con el primer premio otorgado por los jueces y por una línea interminable de comensales.

Los habitantes de la capital, que saben bien que sin unas buenas viandas, en DC no se hace diplomacia, pagaron más de $100 e hicieron fila por unas jugosas costillitas de cordero gratinadas en pimienta negra, cocidas por el chef Francis Otoo de Ghana; pacientemente esperaron el turno por unos bocadillos de ceviche peruano de los Peruvian Brothers que no necesitaron carta de presentación; y, lo mismo hicieron por unas golosinas de corvina salvadoreñas que de entrada se dejaban comer con los ojos. Como detrás de cada buen plato fuerte también hay un buen postre no podían faltar los adictivos chocolates de Bélgica.

El Salvador, Perú y Bolivia presentes

El chef Santos Fuentes de El Salvador sirvió 600 bocadillos de corvina con yuca, hermoseados con un sofrito de achiote y escabeche de col y zanahoria revuelto en crema de loroco. “Ahora que viene la Semana Santa quise hacer algo que representa a mi país, porque esta es una época donde no falta el pescado”, dijo el experto en gastronomía que fue el elegido por la Embajada de El Salvador para representar a la nación centroamericana.

Unos 700 bocadillos de ceviche peruano con una rebanada de aguacate, acompañados de un sorbo de pisco hicieron las delicias de todo aquel que hizo la larga cola en la mesa de Perú. Giuseppe Lanzone, de la empresa de comidas y bebidas Peruvian Brothers, dijo que de la incontable variedad gastronómica de su país escogió esos dos porque “son las banderas de Perú”.

Tampoco faltaron cocteles, Bolivia llevó dos bebidas: sus vinos de uvas que crecen a casi 2.000 metros de altura y detrás de cuyos toneles se destila una historia que comenzó desde los tiempos de los Jesuitas.

Singani fue la otra oferta, un aguardiente de uva moscatel, que ya lleva 500 años endulzando los labios y embriagando los sentidos de los bolivianos y que ahora quiere abrirse un huequito en el mercado internacional. Diego Prudencio, director de mercadeo de Unholy Grape, contó que el singani en Bolivia es como el zumo de la vida. Con el hizo un elixir mezclado con jugo de naranja y una infusión de la cascarilla de café. El departamento de comercio de la Embajada de Bolivia ha promovido el Singani desde hace algunos años en el área de Washington, DC.

Diversidad y hospitalidad

En una conversación con El Tiempo Latino, Gregg O’Dell, director de Events DC (ente productor de este evento), destacó la diversidad de participantes y las nuevas formas de votación que desde hace dos años se introdujeron a este certamen gastronómico. “Además de la votación de los jueces, el público puede votar a través de Internet. La parte favorita de este encuentro es disfrutar estas exquisiteces que solo de verlas da hambre. Con tanta deliciosa comida, bebidas, música y baile todos ganaron”, dijo el ejecutivo.

Después de una cena inolvidable un cafecito es el broche de oro. Allí estuvo Etiopía, el país que descubrió, allá por el siglo XI, que esas semillas rojas de café puestas al fuego emanaban un aroma hechizante y echadas a hervir desvanecían el más terco de los cansancios. Unas tacitas de porcelana hechas a la medida para tres sorbos, a nadie dejaron indiferente. En la noche donde habló la comida, no hubo premios para todos, pero comensales no le faltó a nadie.