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En la frontera, médicos voluntarios se esfuerzan por brindar atención temporal a inmigrantes


Anna Maria Barry-Jester | California Healthline | 4/13/2019, 2:19 p.m.
En la frontera, médicos voluntarios se esfuerzan por brindar atención temporal a inmigrantes
El doctor José Manuel de la Rosa examina a una niña en una clínica improvisada en un refugio en El Paso. La madre dijo que había desarrollado una tos profunda mientras estaba bajo custodia de inmigración. | Anna Maria Barry-Jester/CHL

EL PASO, Texas- No fue la erupción que cubría los pies y las piernas de Meliza lo que preocupó al doctor José Manuel de la Rosa, sino los profundos moretones debajo. Eran una señal de que podía estar experimentando algo mucho más serio que una reacción alérgica.

Magdalena, la mamá de Meliza, le dijo al médico que comenzó con un pequeño bulto. Luego dos. En poco tiempo, las piernas de la niña de 5 años estaban hinchadas y rojas de las rodillas para abajo.

De la Rosa notó una gasa en el pliegue del codo de Meliza, de las que se usan después de una extracción de sangre. Acunando a su hija sobre su pequeño cuerpo de 5 pies, Magdalena le explicó que, durante su estadía en el centro de detención de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Meliza fue trasladada a un hospital. Le hicieron pruebas, pero ella no pudo obtener los resultados. Le pidió ayuda entre lágrimas. "Mi hija es mi vida", le dijo en español.

Esa tarde de marzo, el médico vería a casi una docena de pacientes en su clínica improvisada dentro de un almacén, cerca del aeropuerto de El Paso. Esa semana, clínicas comunitarias montadas de la misma manera atenderían a cientos de personas, algunas con resfriados y virus de rutina, otras con infecciones de las vías respiratorias superiores o heridas sin sanar. Al igual que Meliza, todos eran migrantes, en su mayoría de Centroamérica, un mar de familias que llegaban cada día, muchos de ellos asustados y agotados después de pasar días detenidos por el gobierno.

De la Rosa, pediatra de El Paso, es uno de las docenas de médicos voluntarios en la frontera de los Estados Unidos y México, a medida que el flujo de migrantes que cruzan sin papeles y piden asilo asciende a su máximo en seis años. A diferencia de las olas de inmigración anteriores, éstos no son hombres solteros de México que buscan asimilarse y encontrar trabajo. La mayoría son familias que huyen de la violencia de pandillas, la inestabilidad política o la extrema pobreza.

El presidente Donald Trump ha declarado una emergencia nacional en la frontera sur para liberar miles de millones de dólares en fondos para construir un muro como un medio para contener la marea de personas que piden asilo. El viernes 5 de abril, Trump visitó Calexico, California, para recorrer una sección de cercas recientemente renovadas y dijo que mantener a los migrantes fuera del país era la solución para los puntos de entrada superpoblados.

Pero el gobierno federal no está cubriendo el costo de la crisis humanitaria que se está desplegando en comunidades fronterizas como El Paso.

En ausencia de una respuesta federal coordinada, las organizaciones sin fines de lucro a lo largo de un tramo de 1,900 millas han intervenido para proporcionar alimentos, refugio y atención médica. Las ciudades fronterizas como San Diego, en California, y El Paso y McAllen, en Texas, están acostumbradas a depender de organizaciones benéficas locales para ofrecer alguna atención a migrantes. Pero no en los números masivos y la duración sostenida que están viendo ahora. A medida que pasan los meses, el trabajo se está cobrando un peaje financiero y emocional. Los operadores sin fines de lucro están aprovechando las donaciones, las reservas financieras y la generosidad de médicos voluntarios para satisfacer la demanda. Pero a algunos les preocupa que esta "nueva normalidad" simplemente no sea sostenible.