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Especial | Matrimonio igualitario: Una deuda con la sociedad salvadoreña

La unión entre personas del mismo sexo genera debate en El Salvador, pero la decisión justa está en manos de las instituciones
MARCHA. Salvadoreños participan en el desfile del Orgullo en San Salvador, el 30 de junio de 2018. | Efe/Miguel Lemus

MARCHA. Salvadoreños participan en el desfile del Orgullo en San Salvador, el 30 de junio de 2018. | Efe/Miguel Lemus

Un debate sobre el matrimonio igualitario se reinició en El Salvador, a fin de reconocer los derechos de la comunidad de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgéneros y Queer (LGBTQ). El 9 de agosto la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador admitió dos demandas de inconstitucionalidad contra disposiciones que prohíben la unión entre personas del mismo sexo.

La Constitución de El Salvador se refiere al matrimonio como la unión de dos personas, pero no precisa que sea exclusivo entre un hombre y una mujer; en cambio, el Código de Familia sí lo establece. Los demandantes exigen declarar la inconstitucionalidad del artículo 3 del mencionado reglamento. También señalan vicios de “omisión” de la Asamblea Legislativa por no regular en su momento el matrimonio igualitario.

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La Sala de lo Constitucional informó: “En el trámite del proceso se analizarán los argumentos de los distintos intervinientes (Asamblea Legislativa y Fiscalía General de la República, entre otros) para determinar luego en sentencia si existe o no la presunta contradicción entre el Código de Familia y la Constitución y la inconstitucionalidad por omisión alegada”.

Aldo Cáder Camilot, magistrado de la Sala, dijo que la demanda estuvo bien fundamentada. Sin embargo, aclaró que pese a ser admitida no implica una resolución favorable, de acuerdo con una reseña de elsalvador.com.

JUDICIALES. Vista de la fachada de la de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador,
ubicada en San Salvador. | Efe/Roberto Escobar

JUDICIALES. Vista de la fachada de la de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, ubicada en San Salvador. | Efe/Roberto Escobar

El magistrado Aldo Cáder Camilot prevé que la Sala de lo Constitucional publique la sentencia sobre el matrimonio igualitario a comienzos de 2020. Aunque el proceso podría demorar un año o más por el trabajo acumulado, se comprometieron a dar celeridad al tener en cuenta “que es un tema importante para la sociedad”.

“El Estado salvadoreño tiene una deuda con la comunidad LGBTQ. Esta deuda es de la impunidad de un sistema que fue creado en un ambiente en el que se habló de democracia, se firmaron tratados que incluyen la protección de derechos humanos (...) y se nos niegan nuestros derechos humanos básicos”, denunció Ruby Corado, fundadora de Casa Ruby, una ONG en Washington DC.

En una entrevista con El Tiempo Latino, Corado dijo que la Constitución no excluye a nadie, pero en la práctica se violan los derechos. La activista por los derechos consideró al debate sobre el matrimonio igualitario como una puerta para alcanzar cambios, pero advirtió que la prioridad es garantizar el derecho a la vida, a la identidad, libertad de expresión, al trabajo y a la educación.

INCLUSIÓN. “En El Salvador tenemos un gobierno nuevo, que vende la imagen de cambio y tiene que incluir a la comunidad LGBTQ”, exhorta Ruby Corado. | Foto: Ricardo Sánchez-Silva

INCLUSIÓN. “En El Salvador tenemos un gobierno nuevo, que vende la imagen de cambio y tiene que incluir a la comunidad LGBTQ”, exhorta Ruby Corado. | Foto: Ricardo Sánchez-Silva

La lucha por la igualdad inició en los años 70, narra Corado. En la década de los 80 continuó pese al conflicto en El Salvador y en los 90 se crearon las primeras organizaciones que comenzaron a documentar violaciones a los derechos humanos contra esta comunidad. En el país centroamericano, uno de los más violentos de la región, nadie escapa de ese factor.

Crímenes de odio

El informe “El perjuicio no conoce fronteras”, realizado por varias ONG, da cuenta de 53 personas de este colectivo asesinadas en El Salvador entre el 1° de enero de 2014 al 24 de junio de 2019. Efe reseñó el 6 de agosto que desde 1993 se han registrado 600 asesinatos por crímenes de odio, que permanecen en la impunidad. En los sucesos están involucrados pandilleros, policías y militares.

Estas personas huyen de El Salvador a otros países para proteger su vida. La Asociación Comunicando y Capacitando Trans ha contabilizado 151 desplazados de forma forzosa desde 2018. Además, 67,5% de los casos son de mujeres trans.

La salvadoreña Maite Pacheco llegó a Washington DC hace cuatro meses, con el apoyo de Casa Ruby. Dijo a El Tiempo Latino que migró por para mantenerse a salvo: “Mi vida corría peligro por las bandas delincuenciales. En mi país, ante el Estado no somos visibles. No tenemos una ley para identificarnos y que seamos reconocidas”.

INSEGURIDAD. Maite Pacheco presenció dos asesinatos en El Salvador; además, dos de sus amigas trans también fueron ultimadas, por lo que prefirió emigrar. | Foto: Ricardo Sánchez-Silva

INSEGURIDAD. Maite Pacheco presenció dos asesinatos en El Salvador; además, dos de sus amigas trans también fueron ultimadas, por lo que prefirió emigrar. | Foto: Ricardo Sánchez-Silva

Pacheco contó que trabajaba en El Salvador en el área de prevención de VIH de la ONG Aspidh Arcoiris Trans. Debido a su cargo, viajaba a otros departamentos para realizar pruebas voluntarias de VIH y fue amenazada por pandilleros, ya que los residentes de ciertas zonas no pueden entrar a otras localidades controladas por bandas delincuenciales. En ese incidente presenció el asesinato de dos personas y asegura haberse salvado al ocultarse de los delincuentes. Además, dos de sus amigas trans fueron asesinadas en otro suceso distinto.

Explicó que en El Salvador hay un “machismo” marcado en las familias, de carácter patriarcal. “El que nosotras hagamos nuestra transición al 'sexo débil' los llena de coraje”, afirma Pacheco. Sostuvo que las mujeres trans son “la cara más visible” del colectivo, por lo que están más expuestas a los crímenes de odio.

La ciudadana ve lejos la aprobación del matrimonio igualitario. Remarca que para aprobarse se requiere una ley de identidad primero, mediante la cual las personas puedan portar documentos que los identifique como se ven.

“Es una pena. Da dolor, tristeza, lloras cuando ves las noticias en los periódicos de transexuales que han fallecido y se desconoce quién pudo originar el crimen; y todo queda en papeles”, expresa Jacqueline Franco, una salvadoreña transexual que arribó a Estados Unidos en 2007.

Franco recuerda que ese año la situación social para las personas LGBTQ en El Salvador era difícil. En su país afrontó persecución por parte de la policía. Era mal vista, atacada y carecía de oportunidades en comparación con las personas heterosexuales. “La situación está en proceso de cambio, en 2007 no era así”; pero “aún hay discriminación, odio racial e impunidad”, agregó.

Lucha por la igualdad

Poco después de que la CSJ admitiera la demanda por inconstitucionalidad se produjeron las primeras reacciones. Rodolfo Parker, diputado por el Partido Demócrata Cristiano, se expresó abierto a legalizar la unión entre personas del mismo sexo pero “bajo un concepto distinto al matrimonio”.

Twitter

Reacción de Rodolfo Parker al comentario de un seguidor

“El matrimonio es el fundamento legal de la familia, que a su vez es la base de la sociedad, de la preservación y multiplicación de la especie. Antropología y sentido natural”, publicó Parker en Twitter.

Por su parte, Tamara Adrián, primera diputada transgénero electa en Venezuela y cuarta en el ámbito mundial, destacó que en el transcurso de la historia las minorías han buscado la igualdad. Argumentó la lucha contra la esclavitud, por los derechos de las mujeres y de las personas con discapacidad.

“La igualdad es una fuerza indetenible y a la larga siempre ha ganado, pero nunca se ha revertido”, sostuvo Adrián en un contacto con este medio. Añadió que ante los eventuales cambios sociales hay movimientos retrógrados que buscan impedir que ocurran, principalmente los fundamentalistas.

“El caso de El Salvador es una muestra de esta intención de lograr la igualdad; y las discusiones actuales son muestras a su vez de estos movimientos retrógrados que quieren impedir que se logre la igualdad”, afirma la también presidenta del Comité del Día Internacional Contra La Homofobia, Transfobia y Bifobia; y miembro de la Junta directiva del World Professional Association for Transgender Health.

Amor sin fronteras

En Casa Ruby hay historias de amor que merecen ser contadas. Por ejemplo, la de Dina Hernández y Nulia Alfaro, dos mujeres que están próximas a casarse. Ambas son salvadoreñas pero nunca se vieron en su país de origen.

RELACIÓN. Dina Hernández y Nulia Alfaro se casarán pronto, por lo quieren ser un ejemplo de una familia LGBTQ que educa con valores. | Foto: Ricardo Sánchez-Silva

RELACIÓN. Dina Hernández y Nulia Alfaro se casarán pronto, por lo quieren ser un ejemplo de una familia LGBTQ que educa con valores. | Foto: Ricardo Sánchez-Silva

Alfaro migró hace seis años y medio a Estados Unidos tras ser víctima de persecución. “El bullying no para” en El Salvador, dice. Decidió mudarse para evitar un trágico destino y darle un mejor futuro a su hijo, pues quedarse en su país era “exponer al niño a burlas por tener una mamá lesbiana”.

“Yo estaba en muchas organizaciones. Me gustaba participar, ir a foros y mi vida corría peligro”, dijo Alfaro. Llegó a ser amenazada directamente. En territorio estadounidense conoció a Dina Hernández, quien tiene 14 años de residente y también emigró en busca de seguridad y libertad.

Se conocieron por medio de unas amigas. Comenzaron a salir y ahora llevan dos años y medio de relación. Tomaron la decisión de casarse y comentan que lo que más disfrutan de Estados Unidos es que pueden ser ellas mismas sin que haya prejuicios. “Yo creo que no hay nada más bonito que estar con la persona que quieres sin que te critiquen”, comentó Hernández.

Piden a los ciudadanos dejar a un lado los prejuicios y reconocer que los miembros de su comunidad son normales, pueden tener hijos y criar profesionales con una mentalidad distinta, porque crecen con el valor del respeto hacia los demás.

“Mi país está dando un paso más. Solo incluyo el hecho de que hay personas que siempre se van a oponer o no van a aceptarlo. Yo me alegro porque tengo muchas amistades que creo que darían el paso de unir sus vidas. Espero que en El Salvador la gente abra sus mentes a esto nuevo”, afirmó Alfaro.

Puertas abiertas

Mientras tanto, en Casa Ruby las puertas permanecen abiertas para ayudar a las personas LGBTQ y sus familias. Las labores de la ONG en embajadas y por ayudar dar visibilidad al colectivo se mantienen. “No somos una comunidad que vive en la sombra, somos comunidades que a pesar de la homofobia y transfobia hemos estado presentes”, destacó Corado, quien llegó al país huyendo de la guerra de El Salvador en los 80.

Mediante contactos con otras organizaciones pudieron ayudar a 25 jóvenes migrantes que viajaron en caravanas y entraron a través de Houston a Estados Unidos, de ese número 14 son de nacionalidad salvadoreña.

“En El Salvador tenemos un gobierno nuevo, que vende la imagen de cambio y tiene que incluir a (nuestra) comunidad (...) No podemos hablar de una verdadera democracia si hay crímenes contra la comunidad LGBTQ”, añadió Corado.

Confía en que eventualmente el Estado salvadoreño pagará la deuda pendiente con los suyos y les garantizará todos sus derechos.

Con información y entrevistas de Ricardo Sánchez-Silva.