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Campamentos de verano, una tradición de 150 años


La oferta es diversa y es tiempo de inscripciones. Hay campamentos para futuros científicos, chefs y artistas

Olga Imbaquingo | 2/26/2019, 10:50 p.m.

Si no quiere ver a sus hijos durante las vacaciones sentados frente al televisor, pegados al celular o a los videojuegos hay una alternativa saludable, divertida y para todos los presupuestos, esta se llama campamentos verano. No solo se trata de aprender a encender una fogata, nadar en la piscina o hacer deportes de pelota.

El verano aparece aún lejos en el horizonte, pero esta es la época de buscar qué es lo que más le gustaría hacer a sus niños e inscribirlos. Además de un halagador “!Oh, cuánto han crecido!”, sus hijos volverán a casa más saludable, con nuevas amistades y destrezas que les podrán útiles en la vida.

Imagínese a su niño aprendiendo sobre los grandes inventos que transformaron a la sociedad y encontraron soluciones a los problemas de las ciudades, todo esto mientras se educan y divierten, como lo hacen en Headsfirst Summer Camps. Figúrese un campo de verano STEM con pinballs de mesa, impresión en tercera dimensión y probando mano con un robot así es el campo de verano de Georgetown Day School. Imagínese también a su pequeño preparando ensaladas vegetarianas y manipulando alimentos libres de gluten, lactosa y amasando galletitas con azúcar morena, como lo hacen en Red Bandana en Bethesda. ¿Quién le dice que a partir de entonces ya podría estarse incubando un futuro científico, planificador urbano o un gran chef?

Nueva o repetida la experiencia de “enlodar” sus manitas con la cerámica, además de surtir nuevas tasas para el café, el jarrón para las flores y la ensaladera, jugar a ceramistas es un buen ejercicio para las muñecas y los brazos, agudiza la concentración, la creatividad y les quita el miedo a experimentar alegres y divertidos.

Divertirse y socializar fueron las promesas de los campamentos de verano que nacieron hace casi 150 años y desde entonces se han mantenido como una tradición americana. Levantar una carpa, encender una fogata, durmir sobre el césped y despertarse con el trinar de los pájaros se creía que fortalece y enriquece el carácter. En aquel entonces uno de sus fundadores llegó a creer que escapar por unos días de la abrumadora vida moderna era salvar a la humanidad de “morir en el encierro”.

La sociedad de hoy está estresada, socialmente aislada y la urbanización mantiene lejos a las personas de la naturaleza. Por lo tanto, un campo de verano donde se monta en bicicleta, se sube a un bote para cruzar el lago, se come al aire libre y por la noche se juega a quien hace los mejores chistes o incluso se hace un concurso de videojuegos es posible y sin irse muy lejos de Washington.

Los campamentos de verano nacieron con el compromiso de salvar un estilo de vida apegado a la naturaleza. Con el tiempo la utopía de recrear una idílica experiencia pastoril se fue diversificando, de 1.000 campamentos de verano a principios de siglo pasado ahora hay por doquier. Lo que no ha cambiado es el concepto: enseñar a los niños y adolescentes a desarrollar sus destrezas individuales y grupales para que se sean en unos ciudadanos valiosos.